Alejandro Temporetti Olivera, abogado especializado en derecho espacial y embajador de Argentina Space 2026, regresó de presenciar el amerizaje de la misión Artemis II frente a las costas de San Diego (EE.UU). Salteño de origen y santafesino de adopción, trazó en diálogo con UNO Santa Fe un mapa de lo que se viene para el país en la nueva economía del espacio
22:02 hs - Sábado 11 de Abril de 2026
Llegó de la costa californiana con la piel de gallina todavía. Alejandro Temporetti Olivera, salteño de origen y radicado hace años en Santa Fe, abogado, consultor internacional en derecho espacial y embajador de Argentina Space 2026, estuvo presente en el amerizaje de la misión Artemis II frente a San Diego. Pero lo que trajo de vuelta no fue solo el recuerdo de una gesta histórica: trajo también la convicción de que Argentina está en un momento bisagra para su inserción en la economía espacial global.
— Usted estuvo en el amerizaje de Artemis II. ¿Qué se vive desde adentro que los medios no logran transmitir?
Lo que no se transmite es lo que se siente. En el mundo hiperconectado vemos todo por pantalla, pero cuando el cohete SLS —el más grande jamás construido— despegó, hubo un momento de silencio mientras se elevaba. Después llegó el sonido, como una onda expansiva que te cala el cuerpo entero. Se me irritan los pelos al recordarlo. Lo viví como argentino, como otro Mundial. Porque adentro de ese cohete viajaba el satélite Atenea, uno de los cuatro experimentos de los países participantes, y fue el primero en cumplir sus objetivos y establecer comunicaciones. De cuatro satélites, solo dos funcionaron. El argentino fue uno de ellos.
— ¿Qué es Argentina Space 2026 y cuál es su objetivo concreto?
Es un hub de industria aeroespacial que busca unir a toda la industria argentina para producir tecnología espacial con proyección de futuro. La idea es aprovechar el capital humano y técnico que ya tenemos en minería, exploración petrolera e industria pesada, y canalizarlo hacia el sector espacial. Pero hay dos procesos distintos ocurriendo en paralelo: por un lado, el hub de industria; por otro, la primera misión tripulada argentina. María Noel de Castro, ingeniera biomédica, está reconocida por la CONAE como postulante a astronauta para una misión a la Estación Espacial Internacional prevista para 2027. Volvemos a jugar un Mundial, esta vez espacial.
— ¿Cómo llega una argentina a postularse para una misión de la NASA?
La ecuación cambió. Históricamente, para ser astronauta de la NASA había que ser ciudadano americano. Con la irrupción del sector privado en la industria espacial, el proceso se volvió más comercial. Hoy una persona puede postularse si cumple con el entrenamiento y la idoneidad requerida. Noel tomó esa iniciativa, hizo sola —con el apoyo de su familia— toda su preparación: piloto, buzo, dos maestrías. Se postuló y la CONAE la reconoció. Eso es lo que cambió: la puerta ya no está cerrada con llave.
La entrevista completa con UNO Santa Fe:
— Usted es especialista en derecho espacial, una disciplina que poca gente conoce. ¿Qué implica concretamente?
Siempre viene el mismo chiste: "¿Atendés accidentes con alienígenas?" Lo real es que estudiamos y asesoramos sobre la normativa internacional y local que regula las actividades en el espacio. En mi caso soy consultor internacional: asesoro a empresarios y organismos en distintos países que buscan que el marco jurídico acompañe el desarrollo de la industria espacial. Hay una cuestión central que muy poca gente sabe: hoy solo tres países permiten en su legislación interna la explotación de recursos en el espacio exterior: Estados Unidos desde 2015, Luxemburgo desde 2017 y Emiratos Árabes desde 2019. Argentina todavía no. Nosotros estamos impulsando un proyecto de ley de minería espacial para que el país se sume.
— ¿Por qué es urgente que Argentina no quede afuera?
Porque ya estamos adentro en los hechos, aunque no en el papel. Tenemos al diseñador de trajes lunares —Pablo de León, argentino—, tenemos decenas de ingenieros en la NASA, tenemos a Atenea, a ARSAT, a la CONAE, a startups como Epic con desarrollos de micropropulsión de clase mundial. La no es si Argentina puede aportar: ya lo hace. La pregunta es si vamos a tener el marco legal y la decisión política para que eso se transforme en una nueva matriz productiva. El espacio no es solo ciencia: es comunicaciones, infraestructura, tecnología, medicina, soberanía. Y la ventana está abierta ahora.
— ¿Cómo impacta la relación Milei-Trump en este proceso?
Se están dando varias cosas a la vez. Hay una relación directa entre los dos presidentes y una necesidad compartida de posicionarse en la industria espacial. Pero esto va más allá de lo coyuntural: responde a un reordenamiento geopolítico global. En la Guerra Fría era Estados Unidos contra la Unión Soviética. Hoy el mapa cambió: hay un bloque liderado por Estados Unidos con América como socio estratégico, y hay China, que es hoy el actor más avanzado en industria espacial. En ese esquema, Argentina juega un rol fundamental no solo por su ubicación geográfica sino por la calidad de su recurso humano. Décadas de inversión pública en educación y ciencia nos dieron profesionales de primer nivel, muy requeridos en todo el mundo.
— ¿Cuándo y dónde se va a materializar todo esto de manera pública?
Los días 11, 12 y 13 de noviembre en el Centro de Convenciones de Salta. Ahí vamos a tener tres días de debate sobre hacia dónde va la industria aeroespacial argentina: en términos de negocio, de soberanía, de comunicaciones y de causa nacional. Ya hay empresas que confirmaron participación. Convocamos a industriales, startups, desarrolladores de tecnología, sector salud e industria pesada. Es una nueva oportunidad y queremos que nadie se la pierda. Y de paso van a conocer Salta, que es la provincia más hermosa del mundo.