Domingo 22 de Julio de 2012
El domingo a la tarde, Delia Torres esperaba a que lleguen los bomberos en la puerta de su casa, en Ruperto Godoy al 3.500. Estaba rodeada de familiares y de los vecinos más cercanos, quienes durante el fin de semana la ayudaron a recorrer las oficinas municipales, tribunales, comisarías, el cementerio y el Pami, en reclamo de una respuesta a un gravísimo problema: un anciano de 75 años, a quien Delia cuidaba desde el mes de diciembre cuando sufrió un ACV, falleció el sábado a la madrugada en una de las habitaciones de la vivienda y hasta ayer a la tardecita, el cuerpo seguía en la casa de barrio Los Hornos.
“Los llamamos a ustedes porque estamos desesperados”, dijo Delia a Diario UNO, y contó la odisea que vivió entre el sábado y el domingo para que finalmente le den una respuesta, y dejó al descubierto las fallas de atención ciudadana.
“Parece que ahora uno sólo se puede morir de lunes a viernes y en horario de atención al público”, cuestionó la mujer al tiempo que explicó el temor por el brote de enfermedades y el malestar de los chiquitos de la familia por tener que convivir dos días con una persona fallecida.
Hacía más de cinco años que Hipólito Saucedo vivía en la casa de Delia, una mujer que se dedica a cuidar ancianos y que además alquila dos piezas en su casa. En diciembre del año pasado, sufrió un ACV y su estado de salud empeoró hasta que el miércoles pasado se descompuso.
De oficina en oficina
“Llamamos al servicio de médicos que él tenía, por el Pami y lo atendieron bien, pero no lo quisieron internar. Él siguió más o menos igual y el viernes a la noche le di de comer y estaba de buen ánimo. Pero cuando lo fui a ver el sábado a la mañana ya no respondía. Llamé otra vez a los médicos, y me dijeron que tenía que hacer la denuncia en la comisaría, para que el médico forense me diera el certificado de defunción. Hice los trámites pero cuando fui a Pami a pedir el cajón y el servicio fúnebre me dijeron que ellos no lo cubrían y me mandaron a hablar con la Municipalidad”, contó Delia.
“Ellos me pidieron un certificado de una asistente social –continuó–, conseguimos uno de una chica que nos ayudó muchísimo, pero me lo rechazaron porque ella trabaja para la provincia y tenía que ser de una asistente social municipal, pero de las dos que tenían que estar de turno, una estaba enferma y la otra no atendía el teléfono”.
Y el sábado transcurrió de oficina en oficina. “En la comisaría 9ª, que es la que corresponde al barrio, nos dijeron que ellos no nos podían ayudar, recién se movieron cuando vieron que estábamos avisando a los medios. Uno de los policías hasta se animó a decirme «no podemos hacer nada, ese muerto es suyo», con una falta de respeto absoluta. Después llegó otro policía que nos ayudó mucho y se preocupó. También colaboró Cristina, del dispensario del barrio y nos ayudaron algunos de los vecinos”, se sumó a la queja Antonella, la hija de Delia, “Imaginate los chicos cómo estaban de asustados, y el riesgo enorme que es para todos vivir en estas condiciones”, agregó la joven.
Según Delia, la cantidad de trámites que realizó la hicieron anoticiarse de que el caso de Hipólito no fue el único este fin de semana. “Hubo otro caso similar. Esto no puede ocurrir más, es muy grave que el gobierno no dé respuestas”.
Finalmente, los bomberos llegaron y les dejaron un ataúd. Hoy lo trasladarían al Cementerio Municipal para su sepultura.