Sábado 23 de Mayo de 2015
El domingo 17 de agosto de 2014 Unión perdió 3 a 2 frente Atlético de Tucumán en el estadio 15 de Abril. Eran tiempos donde el equipo de Madelón no encontraba el rumbo. Pocas fechas después, levantaría en forma notable su nivel hasta obtener el ascenso a Primera. Durante ese partido hubo en la tribuna y a la salida de la cancha grescas entre dos facciones de la barrabrava tatengue por la toma del poder, del paravalanchas. El conflicto se agravó el martes posterior cuando se tirotearon en adyacencias del club. Ante la delicada situación, el miércoles 20 de agosto el presidente Luis Spahn afirmó: “Nosotros teníamos un compromiso con la barra. Si los hinchas se portaban como corresponde le permitíamos dejar en el club las banderas, los bombos y además ingresar al estadio. Pero ahora el pacto se rompió. Los dirigentes queremos que estos grupos no existan y estos tipos quieren ser los dueños de la entidad, del bar, del estacionamiento y delinquir adentro. Nosotros tenemos un club en orden. Yo no le debo nada a estos tipos y nunca les pedí nunca un favor”.
El viernes 20 de marzo de este año, en declaraciones radiales, el presidente de Colón Víctor Godano hacía un balance de su gestión y de la actualidad deportiva del equipo. Luego de la escandalosa ida de Merlo como técnico en la primera fecha, el Sabalero había sumado solo tres puntos sobre 12 en el torneo y Godano intentaba explicar el presente del equipo. Además repasó la situación económica e institucional del club, hasta que le consultaron sobre la relación con la barrabrava. El titular rojinegro dijo: “Somos muy respetuosos con los barras. Nos pusimos de acuerdo en algunas cosas y es algo con lo que tenemos que convivir. El tema es cómo saber convivir. Hemos llegado a un acuerdo con ellos y tenemos que cumplir. La barra puede suspender partidos. En años anteriores hubo robos, y a veces es una forma de proteger al socio”. Por estas declaraciones, la Justicia lo citó para que precise acerca de “la relación” con los barras.El pasado jueves 14 de mayo, el barra de Boca Adrián El Panadero Napolitano atacó con gas pimienta a jugadores de River cuando ingresaban a la cancha, en un partido por la Copa Libertadores. Por el atentado al Xeneize lo descalificaron del certamen. Una de las hipótesis es que Napolitano, líder de una de las facciones de la barrabrava oficial, actuó para demostrar su poder de daño porque la dirigencia lo dejó afuera en la división de entradas para la reventa. Uno de los tantos negocios que deja mucho dinero. Otros son “el cuidado” de los autos alrededor de la cancha, la explotación de los puestos de comida dentro y fuera del estadio, la tarifa por colocar una bandera en el alambrado, hasta hacer ingresar turistas sin entradas o con carnés truchos por un molinete liberado a cambio de una suculenta cantidad de dólares o euros. Es decir, un negocio millonario. La brutal acción del Panadero también se podría enmarcar en la interna política del club y hasta se trasladaría al contexto eleccionario en la Argentina.Los tres casos mencionados tienen diferentes matices pero los une una palabra: extorsión. La situación en los clubes santafesinos y lo que le ocurrió a Boca (podría haber sido a cualquier otra entidad), muestran el escenario actual en donde están paradas las instituciones y su relación con los barras desde hace ya varias décadas pero que se agrava año tras año. Llamados “inadaptados sociales”, los barras son (en realidad) un grupo de delincuentes que forman parte de una red de negocios (ilegales) en torno al fútbol donde no están solos: hay connivencia policial, de la dirigencia deportiva y política y hasta del poder judicial. También llega hasta los gremios. La impunidad con la que se manejan sería imposible sin la participación activa de los actores antes mencionados. Spahn y Godano fueron claros (y crudos) respecto al contrato no escrito con los barras. Los dos hablaron de “acuerdo” o de “pacto” a cambio de garantizar una convivencia pacífica. Sería fácil caerles a ambos como principales legitimadores de los barras, cuando el fenómeno se ha complejizado de tal manera que parece no tener solución inmediata. Ellos son responsables por el sillón que ocupan, pero el tejido de complicidades es mucho más amplio. Dice el periodista especializado en barrabravas Gustavo Grabia: “La dirigencia deportiva tiene dos patas. Por un lado, los dirigentes fueron creadores de las barrabravas y, por otro, estos monstruos se les fueron de las manos. Hay tipos honestos que no quieren saber nada con los barras”. Habrá que seguir de cerca cuál es la situación en la ciudad respecto a los barras y su relación con las instituciones. Colón y Unión como Quijotes contra los molinos de viento no pueden solos en esta lucha por intentar que el hincha común vaya tranquilo a la cancha. Debe haber un apoyo firme del Estado y desde todos los ámbitos. Caso contrario, el gas pimienta también le llegará a todos los sabaleros y tatengues que aman sus colores y el “monstruo” ya será difícil de frenar. Por Mauro Bacca / mbacca@uno.com.ar