Barrio Roma: las heridas que no terminan de sanar
La inundación de 2003 no afectó a todos los santafesinos de la misma manera. Hubo quienes se pusieron al frente de la lucha y el pedido de justicia y otros que prefirieron borrar cada uno de los dolorosos recuerdos.

Sábado 27 de Abril de 2013

Jualieta Álvarez Arcaya

Diario UNO Santa Fe

La inundación de 2003 no afectó a todos los santafesinos de la misma manera. Hubo quienes se pusieron al frente de la lucha y el pedido de justicia y otros que prefirieron borrar cada uno de los dolorosos recuerdos. Hubo quienes prefirieron rescatar los valores y los lazos de solidaridad que volvieron a unir a los vecinos, y otros que se no pudieron hacer más que guardar un silencio profundo.

La noche del 29 de abril, Yolanda permaneció parada en el balcón de un tercer piso de un edificio de barrio Roma, para contemplar cómo se “hundía” lentamente su vivienda con la llegada incontenible de las aguas del Río Salado. “Vi cómo iba desapareciendo con el paso de las horas. A las 2.20 exactamente fue el pico de la crecida. Recuerdo que miré el reloj a esa hora cuando el agua no subió más y dejó la marca en el respiradero que tengo en el techo de mi casa”, contó. Así comenzó su relato.

Barrio Roma está ubicado al oeste de avenida Freyre y antes de que se que se radicaran los primeros pobladores –que en su mayoría fueron inmigrantes italianos– era una zona de bañados. Hasta la actualidad, muchos admiten que en esos terrenos no debería hacerse edificado nunca.

A sus 84 años, Otilio recuerda su adolescencia con mucha nostalgia. Llegó al barrio a los 14 y con el tiempo llegó a ser tranviario y a tener un almacén. “Era un barrio hermoso –cuenta el vecino– no había delincuencia y se podía vivir tranquilo. Era una zona de gente trabajadora”.

Yolanda tiene 61 años y vive muy cerca del Parque Juan de Garay desde que estaba en la panza de su madre. Recuerda que en la década del 60 todavía había muy pocas casas, y muchas, como la de su familia, tenía patos y gallinas en el patio. “En ese entonces las calles eran de tierra y los servicios aún no habían llegado. Me acuerdo que buscábamos agua en las canillas públicas de las esquinas. Otilio tenía su almacén, nos fiaba y teníamos libreta (risas)”.

Ambos comentaron que el asfalto llegó cuando promediaba el año 67. “Éramos muy sanos. Teníamos una vida de vecinos, todos nos conocíamos. Salíamos a bailar y hasta hacíamos los bailes en nuestras casas y la calle”.

Hasta el año 2003, las inundaciones no habían sido un problema para el barrio, de hecho, hasta pocas horas antes de aquel trágico 29 de abril, los vecinos estaban convencidos de que las vías ubicadas al oeste los iban a proteger de la crecida del Salado.

“El agua nos tomó por sorpresa porque nosotros estábamos confiados que no iba a llegar al barrio porque estábamos detrás de las dos vías altas. Incluso me acuerdo que me cuando me llamaron mis cuñadas que viven en Recreo y me contaron que tenían 20 centímetros de agua, les dije que se vinieran para acá. Al día siguiente teníamos el agua en el techo”, comenzó relatando Yolanda.

—Entonces no pudieron salvar ninguna de sus pertenencia ...

—Me acuerdo que mi hijo traía arena del Parque Garay, de la zona de las hamacas, y empezó a tapar todo lo que pudo. Mientras yo ayudaba a mis vecinas a subir los colchones arriba de las alacenas, mi comadre que vivía enfrente en un edificio me dijo que la llevara a mi mamá. Me acuerdo que en ese momento miré alrededor y vi que el agua empezaba a entrar por los cimientos y los zócalos de la casa. Eran las 14.30 más o menos. Salimos todos: mis cuñadas, mi mamá, mi hija y yo y nos alojamos en su casa. Esa noche, el agua llegó a los 2.30 metros. Perdí todo.

—¿Cuánto tiempo estuvieron viviendo allí?

—El agua estuvo 15 días dentro de nuestras casas, pero empezó a bajar muy despacito al segundo día. Cuando pusieron las bombas en barrio Barranquitas recién se terminó de ir el agua porque esta zona es como una palangana. Yo entré al tercer día, cuando todavía estaba el agua. Me cruzaron con una canoa, entré por la terraza y bajé por la escalera. Miré por la ventana y vi mi heladera flotando, los muebles, un modular hermoso. Me quedó la cama de algarrobo y una mesa también de madera, el resto se perdió. Cuando el agua se fue definitivamente quedó todo el barro y los muebles arruinados. La verdad que fue muy shockeante.

—¿Cómo fue el día después?

—Cuando bajamos de ese tercer piso, les pedí a mis hijos que no la llevaran a mi mamá a casa porque pensaba que se iba a morir al ver la vivienda así. Pero ella era una mujer muy activa, hasta los 87 años me limpiaba los azulejos arriba de la silla. Fue ella quien me dijo que quería ir a ver su casa. La llevamos, abrió la puerta, miró todo y dijo «Hay que empezar a limpiar». Fue un ejemplo y eso me dio fuerzas. Nos ayudó mucha gente, tengo tantos a quienes agradecerle. Tuvimos mucha contención.

—¿Cómo salieron adelante después de haber vivido todo eso?

—Creo que todavía estoy shockeada. Justamente esta semana la gente de la Municipalidad nos presentó el proyecto del museo flotante de la memoria que van a hacer cerca del Hipódromo por donde entró el agua. Ahí en el reservorio quieren hacer una pasarela como de 100 metros arriba del agua y allá adentro un galpón grande donde nosotros tenemos que llevar fotos para recordar la tragedia. Además van a pasar videos de esa época. Yo les dije que para mí era una falta de respeto, porque ellos no sabían cómo habíamos quedado nosotros psicológicamente con el agua.

—¿Crees que desde el Estado los podrían haber contenido de otra manera luego de la tragedia?

—Cada vez que llueve nos quedamos mal, porque sentimos que el agua va a entrar en nuestra casa. Si eso –la construcción de ese museo– lo hubieran consultado con psiquiatras y psicólogos no se hubiese hecho y menos sobre el agua. Me parece muy morboso estar recordando eso, porque hay gente que hace diez años que se está tratando de recuperar porque quedó muy mal. Vamos a vivir todo eso de nuevo.

Yo tengo fotos de esa época pero no las encontré, imaginate cómo las guardé para no verlas. Fue feo, se murió gente, yo vi un cuerpo flotando esa noche, perros muertos, heladeras, muebles. Imaginate que estuve toda la noche mirando parada en el balcón. Parecía que estaba viendo una película, fue increíble, muy shockeante, muy feo.

—¿Qué sienten por todo esto 10 años después?

—Quedamos muy mal psíquicamente después de 2003. Fue una cosa que ahora cuando llueve nosotros tenemos miedo. Porque si bien sabemos que no nos vamos a inundar por el río, porque tenemos bien claro que eso fue una negligencia humana, sabemos que está lloviendo cada vez más copiosamente y en mayor cantidad. Estoy segura de que esto nos va a llevar a inundaciones como pasó en La Plata. Durante las últimas lluvias en las que cayeron 140 milímetros tuvimos tres manzanas inundadas. La gente que está en la zona baja del barrio en la punta del parque se inunda. Sabemos que el municipio no tiene la culpa aunque tiene que hacer cosas, y antes de gastar plata en el museo que va a hacer un montón de dinero tirado y para mí es morboso, se tienen que terminar los zanjones: el de Lavaisse y el de barrio Chalet, que si trabajarían bien nosotros nos ahorraríamos muchos disgustos. El zanjón Suipacha que se rebalsa por la mugre que tira la gente. Hemos entrado en una debacle. El tema es que esto nos afecta a todos porque el agua no perdona a nadie, no pregunta si tenés plata o no, y si sos joven o sos viejo. Una vez que entró no se puede parar.

—¿Qué le decís a los santafesinos en este nuevo aniversario?

—Este martes tenemos que estar todos en la Plaza 25 de Mayo. Tengamos un poco de solidaridad, amor propio y orgullo. Debemos exigir que los culpables aunque sea sean juzgados. Sé que estamos pidiendo algo utópico porque nunca vimos a alguien del poder que efectivamente vaya preso. Pero tendría que haber una medida ejemplificadora.

Este 29 de abril demos un ejemplo de unidad en Santa Fe. Vayamos como hermanos a la plaza como aquel 29 de abril en el que todos éramos iguales. Esa época fue horrible, pero también fue hermosa porque éramos hermanos. Compartimos lo que tuvimos y lo que recibimos que fue mucho y estamos agradecidos a todo el pueblo argentino. Tenemos que estar todos en la plaza.