Domingo 26 de Enero de 2014
La lectura de la edición del diario Santa Fe del 1 de diciembre de 1928 regala una descripción cargada de elogios hacia el balneario de Guadalupe. “La risa argentina que sube desde las aguas, viborea en el espacio y se pierde como gorjeo de pajaritos en libertad. Centenares de mujeres, de hombres, de niños sumidos en las ondas. Y allá lejos, del otro lado, en la costa rinconera, una franja de esmeralda”, indica la crónica con lenguaje de la época, sin firma.
Agrega luego: “Es la nueva vida de Santa Fe en todo su esplendor. Todavía nuestras damas no usan la despreocupación de las grandes playas. Pudorosas se envuelven en las salidas de baño. Sólo para pegar el chapuzón lo dejan. Las miradas indiscretas las inquietan. El fotógrafo con el ojo de su objetivo les causa alarma. Con ellos no ha de herirse el pudor. La belleza es belleza”. Un vecino de Villa Setúbal, Remo Baratto,aportó sus recuerdos en una publicación de la vecinal por el 60º aniversario y escribió: “Imaginen la avenida Costanera aún sin pavimento. Cruzábamos el arenal y desde alguna escalinata se podía observar cómo el sol reflejaba en las aguas, dándole un hermoso colorido, un tanto dorado, un tanto plateado, según fueran las primeras horas de la mañana o una tranquila puesta de sol. A veces, no era necesario atravesar la calzada de la Costanera, bastaba levantar apenas la cabeza de mi pupitre para ver esa imagen, en la escuelita Nº 384 (entonces era Nacional, hoy es Almirante Brown)”.
Según el relato de Remo: “Las casas tenían patios grandes, llenos de plantas frutales, con muchas flores a su alrededor y cada una de ellas tenían su propia huerta y hasta un gallinero en el fondo. Las calles estaban apenas iluminadas con un foquito en cada esquina. La escasez de luz artificial nos daba la posibilidad de contemplar las estrellas que iluminaban el firmamento con sólo levantar la mirada”.
“Estaba en esos años el legendario club Pucará, que había nacido en la 26 sin nombre (Cassanello) y Echagüe, para pasar luego detrás de la escuela. En la 26 al 900 estaba la pista bailable de Mario Millán Medina, con sus chamamés que se escuchaban hasta la madrugada. Era un lugar sólo para mayores, los de mi edad sólo podíamos espiar la milonga desde la copa de los árboles”, relató Remo.
Por último, destacó el “kiosco verde” que aún se encuentra en General Paz y Cassanello. “Por esa esquina pasaban los colectivos: la R, la D y la B; que actualmente son la 14 y la 8 (las dos primeras) y la otra no funciona más, pero fue en sus últimos años, la Línea 7”, concluyó el memorioso vecino.
En la 26 sin nombre
“Los primeros beneficios de la vecinal se obtuvieron con la organización de bailes en la calle 26 sin nombre, hoy Ángel Cassanello al 900. Era la única calle asfaltada del barrio y allí se concretaban las veladas danzantes. Para las fechas patrias, se organizaban actividades recreativas en la 26 sin nombre, a la altura del 400, en inmediaciones de la parada de la R, única línea de ómnibus que llegaba al barrio”, recordó Inés Vicens, presidenta de la vecinal Villa Setúbal, institución que suma ya 51 años.
La vecina, conocedora como pocos de este sector de la capital provincial, hacía alusión en su comentario a la década del 50, cuando –en el marco de esos festejos– se realizaban “carreras de embolsados, de carretilla, del huevo en la cuchara, de enhebrado de la aguja; y las famosas piñatas”. Los primeros bailes de carnaval, o “asaltos” (como le llamaban en la época), tenían lugar en la esquina de Ricardo Aldao y Almirante Brown, donde concurrían las familias con su comida y compraban la bebida para contribuir, por ejemplo, con la compra del terreno sobre el cual se alza hoy la vecinal, en Antonia Godoy 6.355.
En la década anterior, “cuando comenzaron los trabajos para la realización de la avenida Costanera, que traería el adelanto definitivo para el barrio, empezó la construcción de viviendas del denominado barrio
Perón y luego del barrio Policial”, acotó la presidenta de la vecinal –que en sus primeros años se denominó Presidente Perón y tiempo después cambió a Villa Setúbal. relatos del barrio
Daniel Casadei trabaja en el barrio desde hace poco más de 20 años. Por su comercio pasaron cientos de vecinos y relatos que, con gusto y humor, decidió compartir –en el marco del aniversario de la vecinal– con el resto de la ciudadanía.
Así contó, por ejemplo: “Hace muchas décadas, en Ángel Cassanello 590 vivía Don Martínez junto a su esposa Blanca. Eran dueños de una vaca Jersey y, en la época en la cual sólo había tres o cuatro casitas
por manzana, la ordeñaba a diario para los chicos de la zona. Cuando ordeñaba, se veía una caña con un trapo blanco que dejaba como señal para que los vecinos se apronten a buscar la leche a muy bajo costo”.
En aquellos tiempos , “era común ver a la vecina con la lata de duraznos clavada estratégicamente al palo de escoba, sacar el agua servida de la zanja hacia la calle de tierra, con el doble propósito de apagar la polvareda y no criar mosquitos”, finalizó Daniel.