Martes 23 de Septiembre de 2014
La comida es, para los argentinos, un momento de encuentro y unión. Pese a los agitados tiempos, muchos luchan para mantener viva la tradición de la mesa familiar y del encuentro con amigos. Por eso, ayer muchos chicos se dedicaron a realizar su aporte para promover la convivencia a partir de la comensalidad y empezaron a construir dos hornos de barro.
En el marco del programa Sabores y Saberes del Ministerio de Educación de la provincia, ayer se dio inicio a los trabajos para confeccionar en Villa Hipódromo y en Santa Rosa de Lima dos hornos de barro. Los encargados de las tareas fueron alumnos de jardines de infantes, escuelas primarias y talleres de educación manual, aunque recibieron el apoyo y acompañamiento de sus docentes y familiares.
En Villa Hipódromo el trabajo se realizó en el taller manual Nº 181 (Lavaise 4.315 ) y estuvo a cargo de alumnos de la primaria Nº 821, del taller, del jardín Nº 142 y del jardín maternal municipal. En tanto, en Santa Rosa de Lima se comenzó a trabajar en la sede de la escuela Nº 809 (Mendoza 4.300) y las tareas estuvieron a cargo de alumnos de ese establecimiento y del jardín de infantes Nº 74. “Fue una experiencia muy linda y hubo una muy buena coordinación entre las distintas instituciones que participaron”, explicó a Diario UNO la directora de la escuela Nº 821, Liliana Fregoni, y contó que antes de comenzar con los trabajos compartieron un desayuno nutritivo en el comedor de la escuela.
Un trabajo integral
Para Mónica Domínguez, coordinadora de Sabores y Saberes, la experiencia es altamente positiva porque permite trabajar sobre la convivencia entre instituciones de un mismo barrio. La propuesta tiende a transformar la rutina diaria de la alimentación en experiencias educativas, además de generar construcciones colectivas que colaboren en el fortalecimiento del entramado social.
“La idea principal es trabajar con las instituciones, a partir de la excusa de la construcción de un horno de barro, sobre la labor colectiva y para aunar esfuerzos”, detalló y agregó que se trabaja sobre distintos ejes como la comensalidad y convivencia; la alimentación y la nutrición; y la identidad, la cultura alimentaria y el territorio.
Por lo tanto, las instituciones escolares abordaron diferentes temas antes de empezar a pensar en la obra propiamente dicha. Y cada uno de los temas abordados tuvo su anclaje en la tarea dentro del aula.
“Me pareció muy interesante poder sumarnos al proyecto. Más allá de los temas de los contenidos propios del área de Tecnología nos pareció importante la posibilidad de integración con otras escuelas del barrio”, reconoció Adrián López, el director del taller manual Nº 181. Y agregó: “Nos generó mucho entusiasmo ver la gran participación de los chicos y de los padres”.
Recuperar la comensalidad
Desde bien temprano los chicos pusieron manos a la obra. Algunos se dedicaron a trabajar con la tierra y cumplir todos los pasos necesarios para dejarla lista para su uso, otros se animaron a más y trabajaron con cemento; y un grupo comenzó a elaborar un recetario con todas las alternativas que podrán preparar y compartir cuando todo esté listo.
El entusiasmo de grandes y chicos fue muy grande y es que pensar en una obra que los beneficiará a todos por igual le agrega un tinte especial a la propuesta y los invitó a dar su mejor esfuerzo. Además, se generó la posibilidad de que las familias conozcan cuál es la tarea que realizan en la escuela, el taller o los jardines.
Si bien comenzó ayer, la construcción del horno está pensada en diferentes siete etapas. “Empezamos con el amasado del alma, que es el trabajo con la tierra, con el barrio, el agua y el aire. En el próximo encuentro empezaremos a levantar los pilares. Cada momento tiene un ritual especial que compartimos entre todos”, detalló Domínguez y detalló: “Lo que convoca es la comida pero nosotros pretendemos un encuentro genuino con el otro y nos parece que, alrededor de una mesa donde se comparte lo que se tiene y se agasaja al que llega, se genera un clima propicio para favorecer ese intercambio”.
Al respecto, Fregoni acotó: “La comida es la excusa. Si bien uno persigue una alimentación saludable como uno de los objetivos, también apuntamos a recuperar los valores, la comunicación, la coordinación y el trabajo en equipo que surge cuando uno hace una tarea en conjunto. Por eso, este trabajo entre instituciones, el poder vincularnos con toda la comunidad y que la familia pueda entrar a la escuela y participar es importantísimo”. Los encuentros continuarán una vez por semana hasta poder concluir las obras. Una vez que esté todo listo, la idea será organizar una gran comida que todos los chicos y grandes puedan compartir y disfrutar.