Miércoles 21 de Enero de 2015
El Club Centro Cultural y Deportivo Bernardo Monteagudo fue fundado el 19 de marzo de 1941, por iniciativa de un grupo de vecinos del barrio Sargento Cabral, que tuvo la inteligencia de saber cuándo y dónde formar una institución.
Durante casi toda su historia, tuvo en las bochas su principal actividad, no solo por lo fácil de su aprendizaje sino también por los bajos costos que demanda en comparación a otras disciplinas. Los principales protagonistas tuvieron a ilustres personas de la zona, en su mayoría hijos de inmigrantes (italianos y españoles) de una elevada escala social, quienes –tras reuniones y varias tratativas– lograron su cometido, siendo un orgullo para todos los que alguna vez tuvieron el privilegio de formar parte de esta entidad.
“En 1934, este barrio estaba muy poco poblado. Había un señor italiano, que tenía algunos pesos, de apellido Varani, que abrió un almacén en Güemes y Regis Martínez. Al parecer, en dicho lugar encontró un depósito de monedas de oro justo cuando cavaba los cimientos, constituyéndose prácticamente en un caudillo del barrio”, contó con pelos y señales Esteban De la Riva, uno de los hijos dilectos de la institución que estuvo el día que se firmó el acta de fundación y la posterior personería jurídica, en 1951.
Y continuó con el relato: “A raíz de eso (del hallazgo del tesoro), construyó un bolichón impresionante (un mercado que también funcionaba como bar), que terminó siendo durante muchos años un epicentro más que concurrido”.
“Pero –acotó– la cosa no quedó ahí, ya que Varani también hizo una cancha de bochas en el mismo terreno, que en total ocupaba más o menos un cuarto de manzana. A decir verdad, esta era muy precaria, con unos tirantes de cabecera y barandas compuestas de palos colocados uno al lado del otro, casi como una tranquera. Así y todo, Varani crecía tanto que terminó copando la atención de todos creando un club que se llamó Bochas y Arrime. Así fue un poco como comenzó todo, este club es como un hijo para mí”.
Era una época de suma expansión en Santa Fe, que poco a poco iba haciéndose más grande. Precisamente los Nadalutti, Giovanili y Zuliani, entre otros, fueron charlando –no necesariamente eran todos amigos– y crearon otro club (también de bochas) que, lógicamente, se transformó en la competencia de Bochas y Arrime, pero que no tenía nombre ni nada porque no tenía personería jurídica. El arraigo era tan grande que el destino le deparó un futuro que ninguno pensó, ya que ambas entidades se fusionaron en lo que hoy es Bernardo Monteagudo.
A decir verdad, no tenía actividad alguna, solo a escondidas. Entonces se optó porque se practicaran las bochas. A los 19 días de marzo de 1941 se creó oficialmente el Club Monteagudo, cuya primera comisión directiva estuvo integrada por: Agustín Giovagnoli (presidente), Benjamín Saravia (vicepresidente), Eugenio Sologuestua (secretario), Enrique Leiva (prosecretario), Policarpo Martínez (tesorero); Bruno Zuliani, Alfonso Noro y Roberto Nadalutti (vocales titulares); Emilio Regiori y Agustín Muchutti (vocales suplentes), y Pedro Giardini (revisor de cuentas).
Este se trató del primer paso para adquirir el terreno para emplazar la sede social, que sería en calle Martín Zapata al 1200, entre Avellaneda y Güemes. Allí se levantó el rancho y la cancha, que estuvo muy bien hecha, donde luego pasaría a practicarse el deporte formalmente. El color se eligió por el listón que posee el gobernador de la provincia.
Pasaron cuatro meses para que inscribiera su nombre en la Asociación Santafesina de Bochas, siendo prácticamente uno de los fundadores del ente madre de la disciplina en la ciudad. Al año siguiente, apareció la posibilidad de comprar los dos terrenos en Regis Martínez al 1200; a la postre, el lugar final de un club que pasó a ser el motor principal del barrio. La cuota inicial costaba 30 (menores) y 50 centavos, todo un dato en tiempos donde los indicadores económicos eran realmente distintos.
De ahí en más fue expandiéndose al punto tal de albergar a grandes y populares bailes de Carnaval y jornadas memorables de bochas. Es verdad que el paso del tiempo fue marcando nuevas cosas, en varias oportunidades fue benévolo y, en otras, magro; pero el espíritu social y pasional nunca se perdió.
Pese a que la realidad golpea fuerte, Bernardo Monteagudo sigue firme gracias a los ideales y el trabajo de un grupo de personas que terminaron haciendo historia.