Miércoles 21 de Enero de 2015
Los clubes de Santa Fe no solo funcionan como un lugar de contención para niños y adultos, sino que, en muchas ocasiones, cumplen una función más que importante en la sociedad mediante copas de leche, té bingo y refugio, entre tantas cosas más.
Es verdad también que a algunos les va mejor que a otros, pero eso tampoco es un impedimento, ya que los responsables (directivos, como socios y vecinos) hacen hasta lo imposible para seguir en pie, a través del trabajo noble. Es una responsabilidad notable y emotiva, porque eso quiere decir que la pasión nunca se termina aun ante la adversidad.
Quizás la economía actual atente un poco contra el crecimiento de las instituciones; incluso muchas tienden a desaparecer, pero existe una que le hace frente a todo y, con un denodado trabajo en conjunto, mantiene vida la llama de la camaradería como motor impulsor. Precisamente el fiel reflejo es el Centro Cultural y Deportivo Bernardo Monteagudo. Después de un año de más buenas que malas, el presidente Miguel Cangró hizo un balance y vaticinó un próspero 2015.
“El 2014 fue muy bueno para nosotros. Terminamos un cielorraso de 200 metros cuadrados del salón gracias a la colaboración de los socios y algunos vecinos. De no ser por ellos, no lo hubiésemos conseguido. Lo bueno es que se pudo sumar a varios asociados más. Siempre tenemos problemas con la Municipalidad, ya que en todo momento nos informan por ruidos molestos y demás. Pero si no se pueden realizar las actividades y prestar el salón para fiestas, el club no tiene manera de seguir adelante”, explicó.
“Nosotros tenemos bochas con una historia de 70 años, somos uno de los fundadores de la Asociación Santafesina, y cada 15 días tenemos que salir a participar, con lo cual se genera un gran costo, a pesar de que la subcomisión se sustenta con algunas actividades más”, comentó Cangró.
La creación de los clubes va de la mano de un servicio social, cuya principal meta es sacar a los chicos de las calles brindándoles contención y un espacio de recreación. Es por ello que actualmente funciona una escuelita de fútbol sala para los más pequeños, pero para algunos eso dejó de ser importante y una prioridad, producto quizás del desinterés.
“El interés de mucha gente casi que se perdió. Los vecinos conocen que les damos una opción de deporte a los chicos, porque lo ven todos los días. Tenemos un grupo de profesores de educación física que formaron un lindo grupo. A veces no se tienen en cuenta muchas cosas, por ejemplo que todos los sábados, estos toman la copa de leche. Sinceramente con el barrio no cuento, lamentablemente el presente es ese. Pero la peleamos, esa es nuestra esencia”, admitió.
Más adelante, explicó su arraigo a una institución que tiene su huella indeleble en la historia de Santa Fe: “A parte de ser socio y presidente, para mí esto es una gran pasión. Este es un lugar por el que me desvivo. Una vez casi fue saqueado por la dirigencia política. En 1996 y 1997, un grupo de personas que se hacían llamar socios intentaron apoderarse del club, pero no lo consiguieron. Entonces nos hicimos cargo, formamos una nueva comisión y le pusimos el corazón a esta institución, que es nuestro lugar en el mundo. Estaría bueno contar con el apoyo del municipio”.
De cara al futuro, expresó algunas ideas: “Tenemos muchos proyectos, pero no podemos hacer demasiados planes sin dinero. Vivimos el día a día. Igualmente yo soy feliz de estar acá, hacemos un trabajo a conciencia y responsable; no tenemos deudas y marchamos con los papeles al día. Eso nos da una satisfacción muy grande, linda, porque de no tener nada pasamos a tener casi todo. Por eso no nos detenemos y miramos siempre hacia adelante”.