Domingo 23 de Febrero de 2014
Juan Cocho Riestra fue uno de los vecinos más populares del barrio Los Hornos. Fue presidente de la vecinal y miembro de sucesivas comisiones directivas de la entidad; y uno de los primeros en poner en papel la historia de sus pagos. Falleció hace menos de un año, pero sus memorias quedaron guardadas en numerosos archivos barriales.
Cocho recordó, por ejemplo, que “en una mañana primaveral de 1934, se disponían a trasponer el monstruoso de hierro y piso de madera que posaba sobre la laguna Setúbal, tres legendarios hombres, que montados en sus pingos y a tranco lento enfilaban hacia la cercana orilla. Eran ellos Don Juan B. Riestra junto a su hijo Juan Bautista y Don Alejo Villalba”.
Cuando se incluye a sí mismo como legendario, hace referencia a que fue hijo de los primeros pobladores y fundadores del barrio. “Quedó demostrado que en la quinta de los Riestra surgieron recuerdos inolvidables como Don Juan con su quinta y Don Alejo con su cochería”, relató.
El papá de Cocho, de nombre Juan Bautista también, nació en el barrio mucho antes de que tomara su nombre actual, en 1898. Su mamá, Cristina Gamboa, oriunda de San José del Rincón, era nieta del general Tiburzio Gamboa, lancero del Brigadier Estanislao López.
Es por ello quizás que, cuando describía los orígenes del barrio, Cocho decía que esa zona “iba cobijando a aquellas familias que buscaban la expansión en la zona norte de la ciudad, formando una sociedad de trabajadores con afán de paz y progreso”.
Muchas de esas familias se afincaron formando industrias de ladrillos, dando con sus hornos –sin saberlo– el nombre al barrio. “También había tambos, quintas y caballerizas para caballos de carreras, que formaron los principios del barrio”, agregó.
Los primeros
Los propietarios más antiguos de la zona, según registros de 1915, eran (entre otros) Benito Peña, Amadeo Botterón, Benedetto Marsengo, Juan Bautista Riestra, Constancio Ambrosio, los hermanos Guerra y Juan Calcagno.
Era habitual que las cavas y las quintas que se formaron en muchas de esas tierras se identificaran con los apellidos de sus dueños. Así, los vecinos se orientaban unos a otros con “la cava de los Calcagno” o “la quinta de los Riestra”.
Con el correr de los años y el desarrollo de distintas viviendas, cada zona se convirtió en un barrio chico o villa. Se encontraba el Barrio El Derby, en la zona de los criadores de caballos, donde se ubicó mucho tiempo el Campo Universitario de la Universidad Nacional del Litoral, hoy cedido a la Provincia da lugar al espacio cultural La Esquina Encendida. También, hablaban del barrio Peña Botterón (al este de Facundo Zuviría), de Villa Calcagno (hoy zona sudeste de Los Hornos), entre otros tantos.
Sin embargo, el nombre definitivo para esa zona fue el que marcó su característica principal en la historia de los santafesinos: sus hornos de ladrillo. En los mismos se elaboraba cada pequeño bloque que se usaba para cubrir la demanda creciente para la construcción de viviendas, ante la llegada de cientos de inmigrantes y muchos trabajadores empleados por los ferrocarriles, el Puerto y las fábricas.
Años de progreso
En las primeras décadas del siglo XX, la zona no contaba con ningún servicio. No había servicio de energía eléctrica, agua potable ni asistencia médica. Según el relato de los vecinos más antiguos del barrio “no había calles internas, siendo apenas senderos donde pasaban los carros tirados por caballos, intransitables los días de lluvia”.
“Una de las propietarias de los terrenos era la viuda de Riestra, que trabajaba de sol a sol, con lluvia o heladas, para ordeñar sus 30 vacas lecheras y mantener su campito de alfalfa”, señalan las crónicas de aquellos años.
En la década del 30, la zona cobró su mayor impulso, cuando se pavimentó Facundo Zuviría y su continuación, Simón de Iriondo. En esos años comenzaron a lotearse los primeros terrenos, aquellos que no estaban utilizados para elaborar ladrillos. En esa instancia se abrieron varias de las calles transversales.
Con los nuevos vecinos se diversificaron las actividades comerciales de la zona y surgieron las primeras instituciones sin fines de lucro. El 3 de julio de 1937 se fundó la asociación vecinal República de Los Hornos, por iniciativa de un grupo de habitantes del barrio liderados por Delfín Carrión de Gómez.
La entidad fue la primera en canalizar los reclamos por la extensión de los servicios, poco acordes a la generación de materia prima que brindaba esta zona a los sectores en pleno crecimiento de la capital. Hoy, la misma vecinal, pelea todavía por estos derechos.