Conmovedor testimonio de la madre del bebé transplantado
Valeria Bouvier aseguró que estuvo tranquila y con fe, a la espera del donante y luego de la operación, de la que participaron más de 100 profesionales.

Jueves 12 de Septiembre de 2013

Valeria Bouvier sabe cuánta vida puede transcurrir en sólo 20 días. Conoce bien lo que es pasar noches y noches en vela, cómo son esas horas de malas noticias que presagian lo peor. Sabe de llorar a mares pidiendo a Dios una oportunidad para su hijo, pero también conoce la energía del amor y el poder de la fe.

Este miércoles recibió a UNO Medios en la sala de neonatología del Sanatorio Parque donde vigila atentamente a Samuel Ojeda, su bebé, el recién nacido que se convirtió en el niño más pequeño en superar con éxito un trasplante hepático en la Argentina.

“Es chiquito pero tiene la fuerza de un gigante”, dice sin ocultar el orgullo y la emoción. El 16 de agosto pasado cuando nació Samuel fue un día feliz para Valeria y Cristian. Tenerlo en sus manos era una recompensa enorme. La pareja había soportado hace tres años la muerte de su primer hijo a las 48 horas de nacido, a causa de un trastorno congénito que nada tiene que ver con el problema de salud de Samuel.

“Cuando falleció Ciro, mi primer hijito, el mundo se detuvo, pero luego quise quedar embarazada lo más rápido posible. Esperamos un poco por recomendación de los médicos y en diciembre del año pasado me enteré de este nuevo embarazo. ¿Miedo? No, estuve tranquila y confiada de que todo iba a estar bien”.

Un parto normal, un día de internación, y a casa. Volver con ese bebé en brazos fue de una intensidad difícil de describir, cuenta Valeria. Pero a los pocos días Samuel “se puso amarillito y lo llevamos al sanatorio”.

Los médicos lo evaluaron y detectaron velozmente a través de algunos exámenes que se trataba de un cuadro complicado. “Lloré tanto, tanto ...” Valeria rememora esas horas terribles y cuenta que lo que más anhelaba era una vida “normal”, pero “las noticias eran cada vez peores”.

Después de días de pruebas de laboratorio y otros estudios los médicos le informaron que el trasplante era la única opción para el bebé. “Somos muy creyentes, así que en esos momentos de tanta espera e incertidumbre nos tomábamos muy fuerte de las manos con mi mamá, mis hermanos, mi marido y le pedíamos a Dios que no lo dejara solo, que si le había dado la vida no se la quitara”.

La de Valeria es una familia numerosa y unida. “A pesar del dolor teníamos serenidad durante la operación”, recuerda Viviana, la abuela cariñosa que no se despega un minuto de su hija y su nieto.

Sienten que lo peor ya pasó y quieren agradecer: “A los amigos, a los médicos, a la obra social Esencial que respondió a todos los requerimientos y sobre todo a los papás del niño que fue el donante”. Esa generosidad infinita, dice Valeria, “permitió el milagro en Samuel, por eso, ahora sólo pido que Dios les de el consuelo que tanto necesitan”.