La cultura del consumismo desmedido y compulsivo ha llevado a las comunidades a desperdiciar los alimentos, una acción que resulta contraproducente para las economías individuales y también el impacto social, teniendo en cuenta que en nuestro país se desperdician anualmente 16 millones de toneladas de alimentos, más de 400 kilos de comida por persona, lo que implica un kilo arrojado a la basura por día.

En este contexto, con el firme objetivo de trabajar para revertir esta situación, el Banco de Alimentos de Santa Fe realizó este sábado en su sede el taller "Yo Rescato", una propuesta destinada a los integrantes de las organizaciones sociales con las que trabajan que tuvo como objetivo la concientización sobre cómo evitar el desperdicio de alimentos en sus hogares e instituciones.

Las principales claves para evitar el desperdicio y derroche de comida fueron detalladas a UNO por una de las licenciadas en nutrición a cargo de la propuesta, Mariel Wicky, quien aseguró: "Debe movilizarnos saber que muchas veces dejamos de lado una porción de alimentos que está apta, sin tomar conciencia de la utilidad que tendría para uno mismo más tarde o para quienes no tienen acceso a satisfacer esta demanda".

En esa línea, remarcando principalmente que el Banco de Alimentos de Alimentos de Santa Fe forma parte de la Red Bancos de Alimentos (RedBdA), institución sin fines de lucro que contribuye a reducir el hambre, la malnutrición y el desperdicio de alimentos en Argentina, apostando a los valores de la solidaridad y el compromiso social, la profesional puntualizó en "que todos podemos aprender a ser rescatistas".

"Se pude hacer mucho para no desperdiciar alimentos", comenzó a explicar Wicky y puntualizó en que fundamentalmente hay que aprender a almacenar los productos, ser creativos a la hora de cocinar y comprar solo lo que se va a consumir.

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"Para no terminar tirando los alimentos es fundamental evitar que se pongan feos y para ello es importante focalizar en reducir las compras a lo indispensable, porque pasa muchas veces que uno va al supermercado y ve una oferta por cantidad que a nivel económico puede ser una ventaja, pero termina siendo excesiva para nuestra familia y en consecuencia la terminamos desperdiciando", sostuvo la licenciada en nutrición.

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Y agregó: "Otra forma de reducir las chances de terminar con productos en la basura es prestando atención en el almacenamiento. Por ejemplo al guardar las frutas y verduras, teniendo en cuenta que hay algunas que perjudican a otras en el aceleramiento de su maduración, como las papas con las cebollas o las bananas con cualquier otra fruta. Sabiendo que no es recomendable guardarlas juntas estiramos la vida útil de las mismas".

Wicky hizo hincapié también en la necesidad de revisar en forma periódica la heladera. "Consumir los productos que se compraron con anterioridad depende muchas veces de si los vemos. Por eso se recomienda colocar las nuevas compras siempre detrás y poner delante las viejas, tomarse el tiempo de fraccionar los productos, etiquetarlos y frizarlos, ya sea crudos o cocidos".

En esta línea, la licenciada en nutrición aseguró que las sobras "siempre pueden ser reutilizadas si apelamos a la creatividad" y mencionó también que es necesario apelar a las dietas no monótonas.

"Estamos muy acostumbrados a comer siempre lo mismo y eso también contribuye al desperdicio. Hay mucha gente que, por ejemplo, tira las hojas de la remolacha ignorando que se las puede hervir y utilizar para tartas o empanadas. Lo mismo pasa con las pencas de acelga, que son muy ricas también si se las hierve e incorpora en ensaladas, se las hace milanesas o similar", dijo.

Por otro lado, Wicky se refirió a la importancia de "amigarse" con el freezer, al que tildó del principal "aliado" para asegurar la conservación de verduras previamente cocidas y de carnes crudas o cocidas.

El trabajo del banco

Con el apoyo de más de 30 voluntarios, el respaldo del gobierno provincial -que le cedió en comodato por veinte años un inmueble ubicado en Recreo Sur-, y el compromiso de varias empresas y organizaciones sociales, desde noviembre de 2016 funciona el Banco de Alimentos de Santa Fe, una entidad que trabaja con el objetivo de rescatar alimentos que posean valor nutricional y no comercial, con el fin de facilitarlos a entidades sociales, comedores y asociaciones encargadas de brindar alimentos a personas de bajos recursos económicos para reducir la inseguridad alimentaria.

En consecuencia, la función del Banco de Alimentos de Santa Fe está centrada en tender redes y formar una estructura que permita encontrar donantes (industriales o empresarios) que quieran entregar alimentos que no estén en condiciones de comercializarse (por defectos en el envoltorio o envasado, excedente de producción, poco éxito en el mercado, fecha de vencimiento próxima o similar) pero sí aptos para el consumo humano (que estén en condiciones óptimas).

Asimismo la organización busca concientizar a la comunidad en general sobre la importancia de valorar los alimentos. "Todos podemos ser rescatistas y contribuir de forma individual o colectiva a reducir el desperdicio de comida", cerró la licenciada en nutrición Mariel Wicky.