Construir un futuro tras una infancia sin padres
del hogar, al mundo. En la provincia de Santa Fe hay 62 chicos institucionalizados, de entre 16 y 17 años, que hoy se capacitan para ser autónomos al cumplir la mayoría de edad.

Sábado 23 de Mayo de 2015

“Egresé a los 22 años, en el 2009. Estoy alquilando con un amigo y me mudé cerca del Hogar para ir a visitarlos. Soy operario hace ocho meses. Pude terminar mis estudios, aprendí carpintería y muchas cosas de la vida. Una frase del director del Hogar que recuerdo: «Aprovechen el hogar pero no se aprovechen del hogar». Me ayudaron a egresar mis amigos, (la gente) del hogar; mis hermanos están viviendo ahí hoy en día”, relata Cristian en la web de la ONG Doncel (www.doncel.org.ar), que trabaja con jóvenes en transición del sistema de protección hacia la autonomía.En la provincia de Santa Fe hay alrededor de 590 niños, niñas y adolescentes sin cuidados parentales, alojados en el marco de distintos dispositivos y programas oficiales. Muchos de ellos viven desde hace años en alguno de los 30 hogares convivenciales –12 públicos y 18 privados– que están en el territorio provincial.

Al bolsón de dramas que pesa sobre sus espaldas, los chicos suman uno –que deriva en muchos más– al soplar sus primeras 18 velitas, momento en el cual deben egresar de los hogares y comenzar su propio camino. En la actualidad, son 62 los adolescentes santafesinos institucionalizados, de 16 y 17 años, que se encuentran en esa condición. En el marco de un acuerdo de cooperación firmado entre la ONG Doncel, Unicef y el gobierno provincial, referentes de la asociación civil llegaron a la capital santafesina para brindar capacitación a los jóvenes y que, de esta manera, accedan a conocer y empoderarse de sus derechos para la autonomía.“La realidad es que los chicos en el sistema de protección viven con determinadas cuestiones resueltas provistas por el Estado y las asociaciones de cuidado hasta los 18 años. A partir de ese día, automáticamente cesa ese esquema de protección y tienen que, de un día para el otro, resolver un montón de cosas juntas. Ocurre que, mientras una gran parte de la sociedad tiende a quedarse más tiempo bajo el ala de la familia (mientras estudian o consiguen su primer trabajo), estos chicos deben resolver autónomamente muchas otras cuestiones”, describió el coordinador del proyecto Llaves para la Autonomía (de Doncel), Hernán Monat, en diálogo con Diario UNO.Y explicó: “Los chicos saben de las cuestiones principales de los derechos vinculados a la protección de la salud, a la libertad de expresión, a la protección personal. Tienen noción sobre esos temas, pero el gran desafío es pensar en términos de cómo se hacen cumplir esos derechos. Ahí aparecen recetas que no son tan claras, pero tanto el Estado como la sociedad civil deben garantizar el ejercicio de esos derechos”.El nivel de intención o deseo de ejercer los derechos se vincula muchas veces en los adolescentes con la proyección de vida que estos posean y los proyectos que sean capaces de elaborar para el momento en que deban abandonar las instituciones en las cuales hoy se les asegura, como mínimo, techo y comida.En ese sentido, Monat se refirió a las expectativas puestas de manifiesto por los chicos que realizaron los talleres y relató: “Cuando en una de las actividades intentan imaginar trayectorias posibles a partir del egreso, tienden a las trayectorias esperables por el mandato que existe en la sociedad. Es decir, hacer estudios terciarios o universitarios, tener un trabajo, poder comprarse una casa. Y hay mucha orientación también a lo que son las carreras tradicionales, como medicina, derecho y demás”. El problema es que el ejercicio plantea dibujar un sueño para un personaje, lo cual a veces no pareciera extrapolable a sus propias vidas. “La realidad es que cuando ellos piensan esa trayectoria para ese personaje está muy bien, pero cuando analizan las posibilidades reales que se les abren a ellos y a muchos otros jóvenes en situación de vulnerabilidad, ven las dificultades para ser universitarios o tener un lugar de residencia acorde a una rutina de estudio y trabajo, poder tener trabajos relacionados con lo que estudian, en vez de labores mal pagas o desprotegidos, entre otros aspectos”, describió el referente de la ONG. Es por ello que, en primer lugar, la capacitación que se les brindó se vinculó con tener su propia documentación, terminar el secundario, capacitarse en un oficio, el manejo del dinero y cuál es la prioridad de gasto, buscar trabajo, cocinarse, ocuparse de su ropa y pertenencias, alquilar un lugar para vivir y cuidar su salud e integridad, entre otras cuestiones cotidianas que les demandarán atención en el camino a ser quienes sueñan ser.En la transición de la institución al mundo, el Estado debe asumir un rol esencial para que esa proyección de vida que tienen los jóvenes no se frustre y puedan gozar de un ejercicio real de sus derechos. “Las políticas públicas tienen un rol central en lograr que el acceso a las posibilidades de trabajo y de estudio se puedan distribuir equitativamente, para que un chico que no tiene recursos económicos, ni entorno familiar que lo acompañe, pueda tener el empujoncito necesario para llegar a las oportunidades que existen para otros sectores”, destacó Monat. Y agregó: “Por eso se los orienta también para acceder a beneficios como los del programa nacional Progresar o de ayuda para emprendimientos, o de acceso a la vivienda única. Se les brinda información acerca de las políticas nacionales que existen y se le suma lo que esté vigente a nivel provincial”.Son 62 en la provincia, al menos los institucionalizados. Huérfanos por su propio bien (eso dicen los papeles), planifican su futuro a sabiendas de que será difícil. No son tantos –ningún número lo sería– como para que la sociedad no pueda asumirlos como hijos y les dé, como ciudadanos, una oportunidad real de ejercer sus derechos y obligaciones.  Lo esencial •Tener documentación personal: DNI, partida de nacimiento e historia clínica (de ser posible).•Buscar trabajo. Sin trabajo no hay pan ni techo.•Egresar con un contrato de alquiler o vivienda compartida. Compartiendo los gastos, todo es más sencillo.•Ahorrar. Es un paso necesario para realizar trámites y enfrentar posibles gastos inesperados.•Terminar el secundario. Es difícil de otra manera una salida laboral.•Capacitarse. Estudiar es la oportunidad para trabajar en lo que a uno le gusta. Por Soledad Mizerniuk / smizerniuk@uno.com.ar