Domingo 08 de Diciembre de 2013
Cruzar la avenida Gorriti en un día de lluvias persistentes o intensas requiere de paciencia y buenas defensas –sobre todo si ocurren en invierno– y un pantalón factible de ser arremangado, como mínimo, hasta las rodillas. Aun empapados y con las pantorrillas en el agua es difícil llegar hasta la puerta de ingreso de la escuela Nº 1.341 Esperanza Solidaria, que se encuentra junto al Jardín Botánico.
El riesgo de hundirse en el barro, tropezar con algún elemento contundente o zambullirse en un pozo existe en tanto y en cuanto haya que andar a tientas por la explanada de acceso al colegio, para la cual se reclama hace años la construcción de un playón deportivo. Un rectángulo de cemento es lo que piden y un camino de ingreso del mismo material.
No es un relato de los docentes nada más, es un pedido de padres y madres de los alumnos, vecinos en su mayoría de esa zona del barrio; y de los propios chicos, cuya posibilidad de hacer deportes en la escuela depende de que el suelo esté seco.
En el barrio
En el caso de las familias de Pompeya Oeste y de Nueva Pompeya la primera preocupación ante la lluvia arranca en sus propias casas. Un amplio sector de ambos barrios se anega como mínimo de cordón a cordón con cada precipitación fuerte.
Si bien los vecinos destacan que en los últimos años el agua se retira con mayor velocidad, también insisten en que se necesitan otras obras para que la misma no ingrese a los domicilios particulares.
Un día de lluvia en Pompeya también impide muchas veces salir a trabajar, porque al ser sus calles de tierra es difícil movilizarse. Ante esas condiciones climáticas, tampoco taxis ni remises aceptan pedidos en la zona, por temor a quedar empantanados los vehículos en medio de la calle.