Miércoles 04 de Septiembre de 2013
Matias De Philippis
Diario UNO de Santa Fe
¿Fascinación? ¿Necesidad? ¿Alguna especie de atracción fatal por estar conectados las 24 horas del día...? No lo sabemos. Lo cierto es que la vorágine de nuestros días, las exigencias y los compromisos en los cuales estamos insertos en la actualidad, hacen que el uso del teléfono celular sea una cuestión de dependencia diaria para la gran mayoría de los santafesinos, argentinos y habitantes de todos los rincones del planeta.
Admito, personalmente, que si esto es una especie de enfermedad o adicción, soy uno de los primeros infectados o adictos de la sociedad. Me pregunto, mientras escribo esta nota y de paso observo de reojo el celular a cada instante...¿somos capaces de desconectarnos del celular por un día? Imagino que sí, de hecho, mucha gente cuando sale de vacaciones apaga el teléfono o directamente no lo lleva. Amén, siempre, de las cuestiones de urgencia o trabajo de las cuales cada vez nos cuesta más desenchufarnos y son prácticamente imprescindibles para nuestro día a día.
Facebook, Twitter, WhatsApp e interminables aplicaciones, a diario se adueñan de nuestros celulares y de nuestras estructuras de vida.
Diario UNO dialogó con una psicóloga y especialista en la materia, sobre dicha problemática, que muchos observan como uno de los grandes paradigmas y desafíos comunicacionales de estos tiempos.
“Es oportuno plantearse una pregunta: ¿cuándo la necesidad del teléfono celular, cuyas funciones y utilidades son incuestionables, se torna una conducta de dependencia? En la actualidad existe una frontera muy débil entre el uso responsable y razonable del celular y una conducta de dependencia hacia el mismo dispositivo”, explicó la psicóloga María Catalina Gorosito.
Y agrega: “La conducta de dependencia es una vivencia desde la cual no se puede estar sin el aparato celular, tornándose casi intolerable prescindir del teléfono, ocasionando angustia en algunos casos. Observamos claramente que hoy en día el teléfono pasó a formar parte de nuestra estructura psicológica y física de nuestra identidad, como plantearnos ser con el aparato celular o no ser. Estamos inmersos en un ser y estar permanente con el teléfono celular, con la idea, a veces compulsiva, de estar conectados”.
“Por otro lado, en los tiempos que vivimos, no se pueden negar los condicionantes del entorno, como la creciente inseguridad, problemática que convirtió al celular en un recurso y en un servicio de perfección y protección. No obstante, las aplicaciones y servicios que hoy rebalsan los dispositivos de comunicación móvil, como Facebook, Twitter o WhatsApp, entre otros, instaló en los usuarios una mayor utilización que ya superó la intención inicial de la mera comunicación”, subrayó Gorosito.
Riesgos de un uso intenso
Cataratas de mails, múltiples mensajes en WhatsApp, los videos del día en YouTube, las actualizaciones de los estados personales y vivencias diarias en las redes sociales, sin contar, obviamente los teléfonos gratuitos a los cuales se hablan sin parar, según especialistas, generan una dependencia cada vez más fuerte que, a largo plazo, toma características casi compulsivas.
El periodista especializado en tecnología del diario The New York Times, Nick Bilton, manifestó hace un tiempo en una nota que, cuando se junta a cenar con amigos o colegas, todos dejan sus smartphones en un cesto para poder conversar tranquilos. Si alguien tiene la tentación de ir a buscar el suyo, recibe el castigo de pagar la cuenta.
“En este punto se comienza a utilizar el celular respondiendo a un mandato, a un imperativo del cual no se puede escapar, una fuerza esclavizante. Es como si la simple proximidad y visibilidad permanente del celular, tranquiliza a los usuarios”, agregó la psicóloga consultada.
“Estamos inmersos en una fantasía de la constante comunicación, que lleva consigo una gran paradoja, ya que esta conexión interminable no es comunicación; todo lo contrario: genera aislamiento en los vínculos reales y la invisibilidad del otro, perdiendo el contacto cara a cara con todos los sentimientos que se entremezclan en el medio de un canal de comunicación personal. Estamos frente a un registro de ausencia, frente a una falsa búsqueda. Creemos que estamos viviendo en contacto con los demás, pero contrariamente estamos cada vez más aislados”, reflejó la especialista.
“Uno de los síntomas actuales más fuertes, es observar a las parejas y cómo el uso permanente del celular los distancia cada vez más, negando y excluyendo al otro. Esto es una conducta a seguir con atención, porque lejos de comunicación, estamos en presencia de conductas alienadas, que lo único que hacen es fortalecer el individualismo y la negación”, manifestó Gorosito.
Señal de alerta
Diversos especialistas que escriben sobre esta problemática social en sus blogs o columnas de opinión, advierten que en la actualidad estamos parados frente a una señal de alerta como sociedad. En este aspecto, la psicóloga fue precisa en sus definiciones: “Si se pretenden recuperar los tejidos sociales, considero que el no prestar atención sobre la capacidad de ponernos límites firmes y sobre la escasa capacidad de desconectarnos, nos está llevando a un problema; sobre todo para volver a encontrarnos con nosotros mismos, con el objetivo de compartir las emociones y sensaciones con el otro. Hoy observo en la sociedad un gran miedo a la soledad y a estar en contacto con uno mismo. Cuando más estoy conectado con mi esencia, más puedo desde mi lugar conectarme auténticamente con el otro”.
En definitiva, me lo pregunté a la hora de empezar a producir y escribir la nota, y me lo vuelvo a preguntar casi sobre el final de la redacción de esta página: ¿Podemos desconectarnos de estas conductas alienadas, al menos por un día, para darle paso nuevamente a lo más importante de la comunicación con los demás, con la familia, con los amigos y con nuestro entorno íntimo? La respuesta me la brindó la entrevistada, la psicóloga María Catalina Gorosito, de forma contundente: “Considero que es posible superar este paradigma que hoy nos abraza como sociedad, siempre y cuando se tome verdadera conciencia de que estamos dependiendo de un aparato celular cuya finalidad se alejó mucho de su función primordial. Cada uno tiene la chance de modificar esta realidad y volver a los encuentros cara a cara. Necesitamos recuperar los espacios perdidos en los cuales nos sentíamos realmente acompañados por los demás”.