Décadas de esfuerzo, en el extremo sur de la capital de la provincia
El Centenario debe su nombre a que los planos del barrio se aprobaron en 1910, cuando se celebraban los primeros 100 años de la Revolución de Mayo. Es un rincón muy particular, con cientos de historias.

Lunes 09 de Junio de 2014

La denominación del barrio Centenario se debe a que los planos del mismo se aprobaron por ordenanza en 1910, en coincidencia con los festejos realizados en todo el país en conmemoración de la Revolución de Mayo de 1810.

Tanto el barrio Centenario como el Fonavi San Jerónimo se localizan en el extremo sur de la ciudad de Santa Fe. Según los primeros relevamientos municipales, sus primeros habitantes fueron inmigrantes italianos, españoles, franceses y polacos.

En sus primeros años de conformación, la zona era muy distinta a la actual. Con aspecto más bien isleño, en donde proliferaban las quintas de hortalizas, desde el tradicional Tiro Federal hasta el Varadero Sarsotti.

Desde 1910 hasta 1940 funcionó en la intersección de 4 de Enero y Urquiza, sobre el arroyo El Quillá, el Puerto de Frutas, en el que los buques más pequeños descargaban productos procedentes de Corrientes y, a veces, Paraguay.

En 1914 llegaría al barrio Francisco Nogueras, quien instaló una noria para proveer a los vecinos del agua necesaria para mejorar la calidad de vida. En esos tiempos, la noria se movía mediante la fuerza de un animal que giraba a su alrededor. Las familias se acercaban y se llevaban el agua en baldes. El servicio de luz eléctrica comenzó a implementarse en esa zona de la ciudad a principios de la década del 30.

Crecimiento

Con el crecimiento poblacional del barrio, comenzaron a formarse también las primeras instituciones del barrio. La vecinal, los clubes y las escuelas empezaban a trabajar en pos de mejoras necesarias ante la multiplicación de habitantes.

Durante el gobierno de Carlos Sylvestre Begnis comenzaron los trabajos para la construcción de la Avenida de Circunvalación, los que concluyeron en la década del 70, después de haber soportado crecientes e interrupciones.

Según los relatos registrados hace años en el libro Para Conocernos, el medio de transporte de mayor uso era el tranvía. Las líneas Nº 4 y Nº 5 pasaban a varias cuadras del barrio. Si bien en la década del 60, la Municipalidad de Santa Fe privatizó los medios de transporte y reemplazó a los tranvías por colectivos, los recorridos siempre fueron similares a los anteriores.

El Fonavi

La obra del Fondo Nacional de la Vivienda (Fonavi) San Jerónimo fue otorgada al estudio de arquitectos Baudizzone-Díaz-Erbin-Lestard-Varas en el marco de un concurso de proyecto y precio.

Los profesionales presentaron un ejercicio de vivienda económica construida mediante sistemas industrializados pero su valor fundamental consiste en su propuesta urbana, que revalorizaba la manzana, histórica agrupación edilicia de las ciudades latinoamericanas como consecuencia de la Ley de Indias, para las colonias españolas.

La manzana, con sus ochavas marcadas, su altura consolidada y sus patios interiores hacia donde se exponían patios y terrazas, así como las escaleras de acceso a las dos unidades por piso, revitalizan la tipología urbana tradicional y constituyen una propuesta de vida doméstica y sistemas de agrupamiento de escalas reducidas.

El barrio fue diseñado en 1978 para la entidad nacional Fonavi fundada en 1972, que tuvo como objetivo solucionar el conflicto de la vivienda pública, hasta su desmantelamiento en la década del 90.

El plan original contemplaba 1.289 viviendas, una plaza, juegos infantiles, una capilla, un centro de salud, canchas para deportes y tanques de agua a gran escala para abastecer al barrio. En total, se trataba de 86 mil metros cuadrados cubiertos.

La propuesta de los arquitectos era dividir el terreno asignado en 12 manzanas cuadradas de 75 metros de lado, con los perímetros de cada manzana marcados por los edificios de vivienda de planta baja y tres pisos, dejando el pulmón de cada manzana abierto como patio interior de las viviendas.

Unos pasos en las esquinas y unos elementos en forma de portal conducen desde el espacio exterior a la manzana hacia los patios interiores, atravesándolos. En el interior de las manzanas residenciales, escaleras exteriores dan acceso a dos viviendas por cada piso, mediante pasarelas que recorren las fachadas.

En el centro del conjunto, cuatro manzanas se recortan en sus vértices para dar espacio a la plaza pública, en donde se emplazaban los tanques de agua, juegos infantiles, la capilla y la zona comercial, al estilo de las clásicas ciudades latinoamericanas, organizada a nivel peatonal con una serie de galerías que amplían las veredas y les dan cobertura para destacar los locales comerciales.

Mientras avanzaba la construcción, se encargó a los arquitectos el diseño de 200 viviendas más, una escuela, una guardería y un supermercado, organizados sobre una manzana que dio cierre al conjunto urbano. De esa expansión solicitada, sólo llegaron a construirse la escuela Simón Bolívar y la guardería: ni el supermercado ni la manzana extra con 200 viviendas más se finalizaron, quedando terrenos libres, que luego serían ocupados, en algunas zonas por construcciones particulares.