Descubrió un mundo de sabores con sus dulces caseros y naturales
Ana María Giudici empezó a fabricar frutas en almíbar y mermeladas hace ocho años. Una iniciativa que surgió para ocupar el tiempo libre, hoy es un emprendimiento en desarrollo

Sábado 13 de Septiembre de 2014

Muchas veces son historias de búsqueda. Ana María Giudici tenía una boutique  que decidió cerrar en el año 2006. Allí se preguntó qué iba a hacer, y la respuesta llegó pronto. Ana María tiene una hermana que posee una quinta y en ese momento estaba llena de cítricos. “Se me ocurrió hacer dulces”, le dijo a Diario UNO y a partir de allí comenzó una historia que no se imaginaba.

Ana María produce mermeladas y frutas en almíbar como mamones, higo, zapallos y quinotos. “Empecé con los cítricos porque era justo la fruta de estación. Cuando ya tenía una buena cantidad de dulces recibí la invitación para ir a la feria de artesanos que se hacía en el club Unión, y me fue muy bien. Eran cuatro días en los que dejábamos toda la producción en ese lugar y se vendía muchísimo.

De hecho yo vendí todo lo que tenía. Eso me entusiasmó para seguir con el emprendimiento”, aseguró.

“Por eso –agregó– fui buscando la fruta de cada estación y empecé a sumar los duraznos, las manzanas, las frutillas cuando estaban baratas, y siempre fui produciendo con la fruta de estación porque trato de mantener los precios. De esa manera llegué a tener 23 clases de dulces”.

Ana María dijo que no tenía experiencia previa. Todo su trabajo se basó en un libro de recetas que era de su madre y que traía una máquina envasadora tipo Tapaco. “Antes no se usaba el frasco a rosca, sino que se utilizaba esa máquina para cerrar los frascos con un sistema parecido al de la tapa de la cerveza. En ese momento compré las tapas y los frascos y empecé a producir. Después hice hacer un logo con el nombre La Cautiva, que es en honor a mi padre. Así se llamaba una quinta que él tenía en Desvío Arijón”, describió la emprendedora.

El libro que venía con esa máquina tenía las recetas de los dulces que se pueden preparar con diferentes frutas e incluso con tomates y zanahorias. “Todos los dulces que yo hago solo tienen fruta y azúcar. Algunos pueden necesitar un poquito de agua, pero nada más. Son todos naturales y eso hace que se sienta bien el sabor a la fruta. Aparte están bien envasados y una vez que están en el frasco lo hiervo y lo pongo boca abajo para que le salga todo el aire. Eso permite que cada frasco pueda durar más de un año apto para el consumo”, dijo Ana María.

Luego recordó: “En las primeras ferias que se hacían en Unión yo vendía toda la producción que tenía. En el año eran dos fechas: abril y agosto. Las dos veces la feria se extendía por cuatro días. Ahí yo vendía todo lo que tenía y me ponía a producir para la próxima. Pero cuando empecé a producir más también pude ir a otras ferias como la de Santo Tomé y todas las que me invitaran”.

También estuvo participando de las ferias que se hacen en el CAF de Barranquitas, pero ahora está en el Centro de Emprendedores de la Economía Social que funciona en calle Pedro Víttori, entre Iturraspe y Córdoba. “Formar parte de ese lugar a mí me permite participar de las ferias que se hacen en ese lugar todos los sábados por la tarde. Incluso mi hijo me hizo mi propio stand, donde también ofrezco tortas que son muy ricas y es un buen complemento de los dulces”, dijo y aclaró que participar de ese espacio le permitió hacer cursos de especialización y tener un control por parte de la Agencia Santafesina de Seguridad Alimentaria.

“Lo que más me gusta del emprendimiento es que es algo que puedo hacer tranquila, sin que nadie me esté corriendo. Si estoy cansada puedo dejar y retomar al próximo día. Esto no tiene que ver con una tradición familiar. Mi mamá hacía dulces cuando teníamos frutas, pero este emprendimiento tiene más que ver con una iniciativa propia que me terminó enganchando”, sostuvo.

Por Hipólito Ruiz / Diario Uno Santa Fe