Desde la profundidad de las cavas, al progreso de los laburantes
Los primeros vecinos, en la década de 1910, se ocupaban, en su mayoría, de fabricar ladrillos. Cuentan que por la extracción de tierra se formaron grandes pozos con pequeñas barrancas. Las rellenaron entre el 50 y el 70.

Sábado 28 de Diciembre de 2013

Sus primeros pobladores llegaron en la década de 1910, muchos de ellos provenientes de otros países y en plan de escape del hambre y la pobreza. Sin embargo, Barranquitas fue reconocido como barrio recién una década después, el 15 de marzo de 1921. Ése fue el día en el cual el Concejo Municipal santafesino aprobó “el trazado del ensanche al norte del Pueblo Barranquitas”, bajo la presidencia del edil Ignacio Costa.

Los vecinos fundadores tenían a la fabricación de ladrillos como su principal ocupación. Según la tradición oral de esa zona, fue esa actividad la que de a poco generó la conformación de siete profundas cavas intercomunicadas entre sí, a raíz de las extracciones de tierra constantes. En sus bordes se conformaron pequeñas barrancas, por lo cual muchos atribuyen el nombre a esta particularidad.

Según consta en el texto de la ordenanza municipal Nº 1.940, el barrio se constituyó en terrenos pertenecientes a los doctores Juan Manuel Marini y Rafael Funes; y se encontraba delimitado por: “Al este, Camino Vicente López y Planes; al oeste, Camino del Bajo al Cementerio Municipal; al norte, Camino Fray Cayetano Rodríguez; y al sud, Banco de Crédito Territorial”.

En la misma normativa se destaca que los propietarios donaron al municipio “la superficie del terreno necesaria para apertura de calles públicas y ochavas indicadas en el plano”. Se trataba de una donación de 14.219 metros cuadrados.

Campestre

Así como otros barrios se destacaron por la proliferación de quintas, en Barranquitas el aspecto era predeterminado no sólo por los ladrilleros, sino también por la cantidad de vacas, por ejemplo. En la zona se levantaron modestas construcciones y se destacaban algunos sembradíos, entre ellos el del Convento de las Carmelitas Descalzas, con numerosos frutales.

En la década del 20, López y Planes estaba empedrada en la mano oeste; mientras que por la este iban los rieles del tranvía de las líneas 3 y 5. En aquella época, esa arteria era conocida como el Camino al Matadero y tenía muy pocas calles que la intersectaran.

Algunos abuelos recuerdan que, al salir de la escuela –sólo se cursaba de primero a sexto año de primaria–, a media tarde, muchos pasaban a buscar su vaso de leche recién ordeñada por pocos centavos. Era la merienda de camino a casa.

En 1930 quedaban pocos hornos de ladrillos, mientras que la geografía del barrio se vinculaba en forma estricta con tres cavas enormes. Una de ellas se encontraba en Francia y Domingo Silva, en los terrenos donde hoy se encuentran la escuela Nuestra Señora de Fátima, la Capilla Santa María Goretti y la sede de la Vecinal Pro Adelanto Barranquitas.

Otra estaba en Juan del Campillo entre Francia y Saavedra, donde hoy muchos vecinos disfrutan de la plaza Amalia Mablioni de Rebecq; y la tercera formada por Francia, Córdoba, Saavedra e Iturraspe. En los días de intensas lluvias, esta última calle desaparecía bajo el agua y las cavas quedaban conectadas entre sí.

En 1939 se fundó el club Quilmes en 4 de Enero al 4.100. Durante muchos años los trabajadores metalúrgicos y siderúrgicos de la zona hacían su breve parada por un vaso de vino al regresar de sus labores y antes de llegar a casa. Habían partido de madrugada hacia sus puestos laborales y, alrededor de las 16, finalizaban su jornada.

Más tarde, en 1941, se creó el Bochas Club El Litoral en Córdoba al 3.300 (luego se trasladaría a Pedro Centeno al 3.400). En 1944, se trasladó el Club Atlético Unión a su actual emplazamiento en la avenida López y Planes. Si bien hoy ese es el barrio Mariano Comas, el espacio deportivo fue de gran relevancia en la vida social de Barranquitas.

Muchos de los chicos y adolescentes realizaban deportes en el lugar e incluso iban a presenciar los partidos, aun cuando fueran hinchas de Colón. En esos tiempos, una gran cantidad de adultos mayores recuerda que, aunque todos tenían colores bien definidos en el corazón, era habitual disfrutar de un partido de fútbol más allá de qué club se tratara.

Unión era, además, sinónimo de grandes bailes y recitales. Numerosos artistas de gran trayectoria pasaron por el club tatengue. Las mujeres jóvenes concurrían acompañadas de madres, tías y abuelas a las populares fiestas; mientras que los hombres vestían sus mejores atuendos, tal como marcaba la tradición de la época.

Unidos en la desgracia

La actividad vecinal surgió a raíz de los problemas sanitarios que generaban las cavas. En 1946, un vecino de la zona, Juan Doello, falleció a causa del tifus, por la gran contaminación de las aguas. Por el barrio se multiplicaban los roedores y otras alimañas, por lo cual los vecinos comenzaron a agruparse para buscar soluciones.

El 17 de octubre de 1946, se fundó la sociedad vecinal Pro Adelanto Barranquitas, en Domingo Silva 3.351, con una comisión directiva encabezada por Nicolás Gentile. Entre fines de ese año y 1947 se construyó una casa bomba con el fin de extraer el agua de las cavas a través de zanjas que desembocaban en el río Salado (luego se entubaron).

En 1954, tras años de perseverancia en la lucha, la vecinal logró que se comenzaran a rellenar las cavas con tierra proveniente del desagüe construido entre Candioti y Recreo hasta Monte Vera. Otro de los profundos pozos se rellenó con la tierra extraída para la construcción de la pileta del Club Atlético Unión. El relleno de las cavas tuvo su mayor impulso en la gestión de Higinio Veiga –quien luego sería presidente del Concejo Municipal de Santa Fe– y finalizó en 1972.

TESTIMONIAL

Carlos Roberto Hechim comienza la conversación con una aclaración: “Algunos me dicen Turco, pero no se lo permito a nadie porque yo no soy turco, soy de origen árabe. Mi papá era libanés y yo soy nacido acá”.

“Hace unos 65 años que vivo en Barranquitas. Cuando llegué no había pavimento en las calles ni mucha edificación. Yo vivía en Domingo Silva y San Lorenzo y había pocas casas en la manzana”, relató.

“Había agua podrida por todos lados, porque todas las cuadras tenían cunetas. Quintas había pocas, alguna sobre Domingo Silva quizás antes. Sí estaban las cavas, en Domingo Silva y Francia; sobre calle Iturraspe también. Eran cavas enormes, como el tamaño de una manzana, de una cuadra, por ejemplo. Muchos muchachos iban en verano a zambullirse. Cuando llovía hasta se cortaba la calle. Y el pavimento llegó cuando se taparon las cavas. También llegaban los tranvías, el 3 y el 5 por López y Planes”, recordó.

En cuanto a la actualidad, Hechim consideró que “éste es el momento en el cual se está poblando más el barrio, por la cantidad de edificios que se están construyendo, por eso hay también mucha gente nueva”.