Santa Fe
Martes 16 de Enero de 2018

Dos espacios de la ciudad librados "a la buena de Dios"

Se trata del Paseo Bulevar y El Molino Fábrica Cultural. La falta de controles hizo que ambos sitios estén dominados por chicos que utilizan sus bicis de manera imprudente.

En la ciudad en los últimos años se ha incorporado o mejorado espacios que antes estaban abandonados o deteriorados por el paso del tiempo y la desidia de quienes deben velar por el patrimonio público.

Dos buenos ejemplos de eso son El Molino Fábrica Cultural, un lugar que en el transcurso del año es visitado y disfrutado por cientos de familias que llevan sus chicos allí para realizar distintos tipos de actividades.

El problema, al parecer, está en las vacaciones de verano. Un lector envió a UNO Santa Fe una foto de una situación que al parecer es recurrente: decenas de chicos que ocupan el playón de acceso a la Fábrica Cultural con sus bicicletas. En sí esto no es un inconveniente. Pero sí lo es cuando esas bicicletas son 40 o 50, cuyos precoces conductores toman el lugar como una pista de bikers.

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La situación llega a tal extremo, que como se ve en la foto que acompaña este texto, los chicos han improvisado una rampa con parte de un desagüe del playón. Levantaron un pedazo de metal, le pusieron escombros traídos de quien sabe dónde y en ese dispositivo armado, dan rienda suelta a sus destrezas como ciclistas.

Es difícil cuestionar a los chicos que obviamente aprovechan un espacio público a su modo. Lo reprochable es que en el lugar no haya una persona mayor (un encargado del edificio provincial o un policía) que ponga límite a una situación a todas luces perjudicial para el patrimonio local y riesgoso para los mismos chicos, que con sus acrobacias, en un espacio no pensado para ese fin, pueden lastimarse de manera grave. Cabe preguntarse también el rol de los padres de estos niños y adolescentes que seguramente ni enterados están de lo que hacen ni donde están sus hijos.

Hay un dato económico para tener en cuenta: este año se puso en marcha la ampliación de la Fábrica Cultural. Allí se ve en el espacio contiguo las máquinas trabajando y cartelería pública anunciando los trabajos en marcha. La inversión será de más de 110 millones de pesos, que obviamente ponen todos los santafesinos con los impuestos que religiosamente deben pagar. Sería recomendable, claro, que una vez hecha la inversión los lugares se cuiden como es debido.

Un paseo fuera de control
Una situación similar se da en el Paseo de Bulevar Galvez, una obra cuya primera etapa (desde San Martín hasta el Puente Colgante demandó una inversión de 20 millones de pesos) fue inaugurada en marzo del año pasado.

La remodelación, más allá de algunos cuestionamientos por direccionar recursos a una de las zonas más prósperas de la ciudad, fue socialmente aceptada porque aunque 20 millones de pesos para cualquier ciudadano es mucho dinero, en comparación con otras inversiones en la ciudad es un monto menor. Sirve para graficar esto que el año pasado la inversión en obra pública en la ciudad sumó 3.300 millones de pesos. En esa cifra, los trabajos de bulevar significan menos del 1%.

Y es una obra importante, claro que sí: es la carta de presentación de la ciudad, ya que desde allí accede quien, por ejemplo, entra por la ruta 168.

Ahora bien, cuando el Paseo se inauguró, en las proyecciones gráficas que se mostraban, se presentaba este lugar como un espacio para los peatones. Así se ve en la gráfica que acompañaba la cartelería de la obra y en lo que se difundía por redes sociales y en todos los medios de la ciudad.

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Con estas imágenes proyectadas se anunciaba el Paseo Bulevar. La realidad fue otra.
Con estas imágenes proyectadas se anunciaba el Paseo Bulevar. La realidad fue otra.

Pero la realidad fue otra: el paseo se transformó en una bicisenda. Son decenas y decenas los ciclistas que a diario ocupan el paseo y los peatones tienen que esquivarlos. También se corren riesgos: hay familias que intentan desplazarse a pie por ese espacio con sus niños, pero en más de una oportunidad deben proteger a los pequeños de adolescentes que a bordo de sus bicis hacen cuadras y cuadras haciendo "willy", es decir, con solo la rueda trasera en el suelo y la otra, amenazantemente levantada.

Paseo

Es decir, se trasladó a un espacio destinado al peatón una lógica que se impone en la calle: gana el más fuerte sobre el más débil. Y el más débil, como en toda la ciudad, es el peatón. En la calle lo es el ciclista ante el automovilista. Parece ser que como esa puja por el espacio en la calle tiene un claro ganador (el auto), la compulsa se trasladó al espacio que fue hecho y diseñado para el peatón, para que pierda este.

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Y valga lo siguiente: no hay un cartel en todo el paseo que indique que por allí no pueden transitar bicicletas. Es una invitación a la anarquía o anomia en el espacio público, que incluso deriva en que ya se vean hasta motos circulando por el paseo.

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Tanto el El Molino como Paseo Bulevar son sitios que los santafesinos en general han sabido valorar. Es de desear que la desidia de quienes administran los bienes y espacios que son de todos se imponga esta vez, como ya ha ocurrido tantas veces.