Martes 06 de Mayo de 2014
El debate está instalado a partir de los dichos del gobernador Antonio Bonfatti. El mandatario santafesino reconoció que ve con buenos ojos imitar la experiencia uruguaya de despenalizar la producción, distribución y venta de la marihuana si eso funciona en el vecino país. “No me cierro a ninguna posición o a tomar una decisión. Quiero ver a Uruguay cómo le va. Y si en Uruguay es exitoso, lo compartiría totalmente”, señaló el mandatario en declaraciones de hace diez días. Estas aseveraciones obtuvieron rechazos (incluso desde el mismo Frente Progresista gobernante, en la voz del radical Maximiliano Pullaro) y adhesiones (llamativamente, desde el opositor Frente para la Victoria, puntualmente del diputado Leandro Busatto). Ayer, además, se produjo una movilización a la plaza 25 de Mayo de parte de organizaciones políticas que están a favor de despenalizar el consumo de marihuana.
La polémica se vehiculiza aún más a partir de que el viernes se anunciara en Uruguay la reglamentación de la ley que promueve el presidente José Mujica. La normativa estará en vigencia desde este martes (ver página 5).
Para profundizar en esta temática, Diario UNO de Santa Fe dialogó con dos profesionales santafesinos. Inicialmente, con el psiquiatra y psicoanalista doctor Gonzalo Torrealday y, posteriormente, con el doctor en Salud Mental, Jorge Valverdi.
—Doctor Torrealday, ¿qué opinión le merece la posibilidad de despenalizar o legalizar el consumo de marihuana y regular su consumo?
—Como psicoanalista sostengo que el problema clínico de las toxicomanías no tiene que ver con la legalización o despenalización, es otro tipo de transgresión la que está implicada que no se relaciona con cuestiones jurídicas. Habitamos una cultura que promueve en forma permanente el consumo en todos sus aspectos, desde la tecnología hasta la imagen, llevada al extremo en las redes sociales, en las que nos vemos retratados en ideales de nosotros mismos, sin fallas, sin fisuras, listos para ser mirados por el otro (consumidos por el otro), al modo de objetos en la góndola del supermercado. Como psiquiatra constato el enorme consumo y la permanente demanda de psicofármacos, principalmente ansiolíticos y antidepresivos, de modo indiscriminado, muchas veces autoadministrados y otros tantos recetados sin ninguna indicación clara. Somos parte de una sociedad que no tolera el malestar, eso hace que el consumo no se limite al campo de las drogas ilícitas. Somos bombardeados permanentemente por una oferta de objetos banales; el ejemplo paradigmático es la publicidad, un modo de producir necesidades inexistentes que anidan en el vacío que portamos por estructura todos los seres humanos. No debería extrañarnos que en este contexto el negocio de las drogas prolifere de un modo que no tiene precedentes en la historia.
—Desde su experiencia clínica, si sobre este aspecto la tuviese, ¿qué efectos, positivos o negativos tiene para usted el consumo de marihuana?
—Yo no hablaría de consumo de marihuana, sólo de “consumo”. El consumo desmedido de cualquier objeto mata lo más preciado que tenemos los seres humanos: el deseo. El deseo es el gran motor, es aquello que se sostiene en lo que nos falta. Si algo nos falta mantenemos proyectos, nos movemos, entramos en contacto con otros, nos enamoramos, abordamos una búsqueda que tiene que ver con estar vivos. Lo que interesa en la clínica psicoanalítica es escuchar qué posición tiene el sujeto frente a la falta que lo habita y si es capaz de sostenerla y sostener así su deseo. Difícilmente el consumo tenga efectos positivos pero es necesario ver, cada vez, paciente por paciente, qué papel juega en su singularidad.
—A grandes rasgos, ¿cuáles son las formas que el psicoanálisis propone para abordar las toxicomanías?
—Nuestra cultura ofrece respuestas al sufrimiento que van desde las aportadas por los productos del mercado pasando por las drogas, lícitas e ilícitas, hasta las psicoterapias. A riesgo de ser esquemático diría que el psicoanálisis se distingue del resto de las terapias porque ofrece, en lugar de una respuesta, el espacio para sostener preguntas: ¿por qué sufro?, ¿por qué me angustio?, ¿cuál es mi deseo más allá de los objetos que lo taponan? La pregunta por el deseo es lo que nos hace estar vivos, ésa es la apuesta del psicoanálisis y la dirección que propone en la cura de un sujeto.
Tres dimensiones “afectadas”
Por su parte, el doctor en Salud Mental, Jorge Valverdi, quien se pronunció de modo rotundo en contra de la legalización, señaló que el consumo irracional de marihuana provoca efectos dañinos “en tres ejes de la persona”.
“En el plano biológico, altera el funcionamiento neuronal porque provoca desmielinización (se dañan las capas de mielina que recubren la fibra nerviosa) generando perjuicios en el normal manejo de la información y algunas alteraciones en los mecanismos y zonas del cerebro vinculadas a la conducta, como el área frontal y prefrontal, generando comportamientos de tipo disruptivos”, explicó.
“Todo esto impacta en el eje psicológico y genera también una dependencia con la sustancia, en la medida que el consumo provoca ansiedad, una ansiedad que solamente se calma consumiendo más y más”, agregó Valverdi.
“A su vez, en el plano vincular, familiar y social, el chico o chica que comienza a consumir, se aísla, se retrae, cambia de amistades, de hábitos, cambia el día por la noche, descuida sus hábitos de higiene y aspecto personal y se rodea de falsos amigos o falsos ídolos (otros consumidores o proveedores de sustancias) a los que cree superiores y con los cuales se siente protegido”, continuó enumerando el doctor en Salud Mental.
—Desde su perspectiva, ¿qué es lo más grave vinculado a todo lo que describió?
—Cuando el consumo de marihuana es crónico y en exceso, puede derivar en una psicosis en el sentido de negación de la realidad, o en patologías de tipo dual. Patología dual es la denominación aplicada para aquellos sujetos que sufren de forma simultánea o a lo largo del ciclo vital de una adicción y de otro trastorno mental. Las adicciones pueden ser a sustancias legales o ilegales o adicciones comportamentales como la ludopatía. Los trastornos mentales hacen referencia a sufrir trastornos de ansiedad, trastornos del estado de ánimo (depresión, trastorno bipolar, etcétera.), trastornos del espectro de la esquizofrenia y la psicosis, o diferentes rasgos y trastornos de personalidad (límite o boderline, esquizotípico, obsesivo, entre otros).