El arte del mosaico, composición sin límites
Esta técnica, que nació en la antigua Grecia y Roma y fue promovida a fines del siglo XX por arquitectos como Antonio Gaudí, aún sigue en auge y cada vez gana más adeptos. Una experta explica el paso a paso y las características de un método con estilo propio.

Domingo 28 de Septiembre de 2014

Generalmente cuando se piensa en mosaicos se hace alusión a los pisos de la casa, a la cubierta de la mesa de un patio o las paredes del baño sin hacer mucho hincapié en su diseño, o mejor dicho en el paso a paso de aquellas piezas que para la historia tuvieron mucho peso y que aún lo siguen teniendo. Y es que los mosaicos son obras pictóricas elaboradas con pequeñas piezas de vidrio, piedra o materiales similares que unidas conforman lo que se llaman teselas, las cuales pueden reflejar flores, rostros o simples figuras geométricas que deslumbran por su combinación de colores, por ejemplo.

Dichos elementos, que nacieron en la antigua Grecia y Roma y que tuvieron su período de auge a finales del siglo XX  de la mano de reconocidos arquitectos como Antonio Gaudí, hoy pueden ser puestas en práctica por aficionados por el arte, que quieran darse maña con azulejos y venecitas; cortavidrios y pinzas; pastina y cola; malla y papel kraft.

¿Cómo? En Santa Fe, más precisamente en Sauce Viejo, existe un taller destinado a quienes quieran conocer un poco más de la técnica. El mismo es dictado por la arquitecta Gricelda Donati, quien en diálogo con Ser UN@ aseguró que dicho procedimiento no es difícil de aprender, pero para hacerlo “se necesita de perseverancia y paciencia”.

—¿Qué es el “arte mosaico” y por qué cada vez más personas se interesan en aprender su técnica?

—El arte mosaico, como toda actividad artística, nos da la posibilidad de recrear aspectos de la realidad o bien de un mundo imaginario, nos permite expresar percepciones, sensaciones, ideas y emociones a través, en este caso, de la materia. Quienes lo quieren practicar no necesitan tener experiencia previa, porque como siempre digo a veces saber mucho sobre una técnica puede llegar a ser un límite, porque a la hora de iniciar el trabajo nos “atamos” a esa manera y no nos “soltamos” o aventuramos a intentar otros caminos.

—¿Qué elementos se necesitan tener para iniciarse en el camino de este arte?

—En el taller les doy a mis alumnas todos los materiales (azulejos, venecitas y similares) y todas las herramientas necesarias (cortavidrio, las pinzas de cortes y la pinza de abrir), pero siempre les digo que podemos hacer mosaicos con un martillo y una tenaza. Hay que empezar por diseños sencillos y luego ir creciendo. Tener frente a nosotros un soporte en blanco, como un cuadro, una fachada o una mesa,  podría llegar a ser muy intimidante, pero vencer esa sensación es todo un desafío y una hermosa recompensa.

—¿Y qué tipos de materiales se utilizan?

—Cualquier material es válido para la construcción de un mosaico. Las teselas pueden ser piedras, azulejos, vidrios o similares de tamaños, formas, texturas y colores diversos. He visto mosaicos con botones, tapitas, entre otros. Eso sí, hay que tener en cuenta que si la obra es para el exterior tendremos que trabajar con materiales que resistan las inclemencias del tiempo y la exposición a los rayos solares.

—Los mosaicos son una obra decorativa desde la antigüedad. En tu caso: ¿cómo comenzaste a vincularte con ellos y por qué?

—Fue en la facultad, cuando en las clases de historia conocí a Antonio Gaudí y me deslumbró su mosaico trencadís, en catalán “quebradizo” o “troceado”, porque es como una “piel cerámica” que permite cubrir superficies curvas impermeabilizándolas, y sobre todo porque se realiza con materia prima sencilla, se obtienen resultados de impresionante efecto estético. Luego, trabajando como arquitecta, cuando visitaba una obra en construcción surgían los clásicos patios de luz que, generalmente, constituían el corazón de la casa y solo eran utilizados como ventilación de las habitaciones, es así que un día le propuse a los dueños de una resignificar el espacio a través de un trabajo artístico en mosaico trencadís y desde ahí no paré con el mosaiquismo.

—Como arquitecta: ¿podrías explicarnos cómo es el paso a paso y en qué espacios de un hogar puede aplicarse?

—Para elaborar un mosaico primero hay que diseñar la obra y elegir los materiales (azulejos, venecitas y similares) que se van a utilizar jugando con los colores y recortes. Una vez que eso está definido es necesario proceder al pegado de las mismas y el relleno de las juntas con pastina. Una vez terminado se debe quitar el excedente de pastina para que todo quede limpio y prolijo. Respecto a la técnica hay dos: una es directa, cuando se trabaja directamente sobre la superficie y la otra indirecta, cuando se hace sobre una malla o papel kraft que luego es adherida a donde finalmente estará la obra. En cuanto a la aplicación de los mismos, debe decirse que como obra decorativa los espacios para aplicarlos son diversos. Particularmente las he realizado en soláriums de piscinas, aunque también podrían ser para el interior de las mismas; en cuadros para jardines, creando espacios particulares, como así también en mesas y fachadas. En el interior de una casa sirven para reforzar el estilo decorativo o bien darle un toque muy personal; los he aplicado en pisos; en paredes de baños y, por supuesto, en cuadros. Debido a que las teselas son pequeñas sirven para cubrir superficies curvas, por eso también se realizan esculturas con mosaiquismo, son piezas artísticas versátiles ya que se adaptan con facilidad a todos los espacios, de allí el auge que hoy encontramos por esta técnica y su producto: el mosaico.