El presidente de la Asociación de Productores Porcinos de Santa Fe destacó que el consumo en Argentina se multiplicó por seis en las últimas dos décadas y aseguró que el principal desafío ahora pasa por ganar competitividad y aumentar las exportaciones, en un contexto de fuerte competencia con Brasil.
20:01 hs - Miércoles 08 de Julio de 2026
La carne de cerdo atraviesa uno de sus mejores momentos en Argentina. Mientras las exportaciones registran un crecimiento sostenido y en los primeros cinco meses del año superaron las 7.600 toneladas, el consumo interno continúa batiendo récords y ya ronda los 20 kilos por habitante al año, muy lejos de los apenas tres o cuatro kilos que se consumían dos décadas atrás.
Para Adolfo Franke, productor porcino del sur santafesino y presidente de la Asociación de Productores Porcinos de Santa Fe (Aporzafe), el crecimiento no es casual, sino el resultado de años de trabajo e inversión en el sector.
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"Hace 20 años el consumo era de tres o cuatro kilos por habitante al año y hoy estamos orillando o superando los 20 kilos. Es un crecimiento que venimos acompañando con más producción, más eficiencia y mejores índices productivos", afirmó en declaraciones a la emisora LT10.
Según explicó, los productores incrementaron tanto la cantidad de madres como la productividad de los establecimientos, lo que permitió responder a una demanda cada vez mayor.
La meta: llegar a 30 kilos por habitante y multiplicar las exportaciones
Franke aseguró que el sector trabaja con un plan estratégico de largo plazo y tiene objetivos ambiciosos para los próximos años.
"Nuestro desafío es que en los próximos diez años el consumo llegue a los 30 kilos por habitante al año y que las exportaciones dejen de medirse en algunos miles de toneladas para alcanzar unas 300.000 toneladas anuales", sostuvo.
Para lograrlo, advirtió que será necesario continuar mejorando la competitividad de toda la cadena productiva.
La competencia con Brasil sigue siendo una preocupación
Pese al crecimiento del mercado interno, el dirigente reconoció que las importaciones de carne porcina desde Brasil siguen representando una preocupación para el sector.
"Las importaciones llegan, en algunos momentos, a representar cerca del 10% de la producción nacional, mientras que nuestras exportaciones apenas equivalen al 1%. Todavía tenemos un enorme desafío por delante", explicó.
En ese sentido, señaló que el nuevo escenario obliga a los productores a ser cada vez más eficientes.
"Vamos hacia un mercado con mayor competencia. Tenemos que aggiornarnos y mejorar permanentemente los indicadores productivos porque, de lo contrario, se hace muy difícil sostener la actividad", advirtió.
El costo de la energía y la importancia de la escala
Consultado por el impacto de las tarifas eléctricas, Franke relativizó su incidencia dentro de la estructura de costos de una granja porcina.
Explicó que, si bien las subas afectan al sector, la energía representa alrededor del 2% del costo total de una producción porcina industrial, por lo que existen otros factores con mayor peso económico.
Al mismo tiempo, remarcó que la actividad exige cada vez mayor profesionalización.
"La producción porcina es una producción de escala y también de integración. Los establecimientos más pequeños tienen que buscar alternativas para integrarse si quieren sostenerse en el tiempo", indicó.
Además, destacó que uno de los principales aportes del sector es la transformación de materias primas en alimentos con mayor valor agregado.
"Lo que hacemos los productores es agregar valor al maíz y a la soja, transformándolos en proteína animal", resumió.
Los biodigestores todavía son una excepción
En relación con la utilización de energías renovables, Franke explicó que los biodigestores aún son una tecnología poco extendida entre los criaderos porcinos.
Según detalló, la inversión necesaria y la escala que requiere este tipo de instalaciones hacen que solo un número muy reducido de establecimientos pueda implementarlas.
"Son muy pocos los productores que tienen todo el circuito de economía circular cerrado. La mayoría utiliza los efluentes como fertilizante para los campos, pero producir biogás y generar electricidad todavía está al alcance de muy pocos", concluyó.