Domingo 06 de Octubre de 2013
Hipólito Ruiz
Diario UNO de Santa Fe
En 2013 Gerardo Orellano decidió cambiar su vida. Dejó el empleo que tenía realizó un viaje y cuando volvió decidió meterse de lleno en su proyecto de elaboración artesanal de cervezas. “No quería agarrar otra cosa porque me quería meter de cabeza en esto. Y al mes vino mi novia y me dijo que estaba embarazada. Ahí me pregunté «¿Qué hago?» En esos momentos te agarran algunos miedos, te cuestionás si seguís con el emprendimiento o si te buscás un trabajo. Pero los dos decidimos aguantarlo porque avalamos este tipo de economía”, le dijo a Diario UNO.
Si bien Orellano asegura que siempre le gustó producir cerveza, lo que antes era un disfrute de amigos a partir de febrero de este año se transformó en un proyecto de vida.Decidió poner todos sus ahorros en la adquisición de equipamiento que le compró a un hombre que tuvo una fábrica de cerveza en Llambi Campbell y con eso pudo arrancar.
“Las cosas me empezaron a salir”, dijo el joven emprendedor y agregó:“En marzo ya me puse a fabricar cerveza y la primera partida estuvo lista a mediados de abril. En ese momento tuve mi primera feria que es una que organizan unos amigos de Rincón. Se llama Permaferia y es un lugar donde se respeta mucho el consumo de alimentos naturales, donde se le enseña a la gente a consumir y donde puedo
estar con amigos. Ahí me fue muy bien. Fue una buena experiencia, algo que siempre sirve al principio de un emprendimiento”.
El joven de 30 años asegura que desde que comenzó nunca dejó de fabricar y siempre estuvo tratando de progresar en la mejora del producto o en la compra de equipamiento.En ese proceso le fue de suma importancia entrar al grupo Emprenderarte de la Universidad Nacional del Litoral. “Ahí se apoya mucho a la economía social y solidaria,algo que yo siempre defiendo.
En ese espacio uno se puede juntar con otros emprendedores,intercambiar información, datos de ferias, aprender de experiencias ajenas y encuentra mucho compañerismo.En ese grupo hay mucha
gente grande, mujeres que tienen atrás a una familia y que la tienen que pelear a diario con lo que ellas saben hacer.
Valoro cómo a veces tienen que quedarse toda la noche trabajando para llegar con una entrega.Son gente que se la banca con lo que saben hacer. Eso me enseñó mucho”, aseguró.Luego, Orellano se anotó en el Centro de Emprendedores de la Economía Social, un espacio que cogestionan la Municipalidad, la UNL y el Ministerio de Desarrollo Social.Ahí realizó cursos sobre manejo de alimentos, de diseño gráfico, de comercialización y análisis de costos.“En todo ese tiempo, que nos llevó unos seis meses, yo también noté un progreso en mi producto porque todo lo que me enseñaron yo lo fui aplicando”, dijo.
La búsqueda del emprendedor
Orellano se recibió de técnico químico en la escuela Industrial y asegura que siempre estuvo vinculado a la producción. Antes de dedicarse a la elaboración de cerveza pasó por otros proyectos como la fabricación de dulce de leche o quesos, aunque nunca fueron pensados en la comercialización.
El gen de emprendedor lo lleva en la sangre. “Nunca me quedé con sólo salir a buscar trabajo. Las experiencias laborales en relación de dependencia no fueron buenas para mí. Hoy, que tengo mi producto me siento muy bien”, aseveró.
El valor de un producto natural
Orellano asegura que no se aparta de la premisa de respetar una elaboración absolutamente natural y artesanal. “Trabajo con los granos y desde que los empiezo a moler, hasta hacer el macerado y todo lo que tiene que ver con la producción, esta cerveza no tiene agregado de químicos y se trabaja en condiciones de extrema higiene”, remarcó.
“El respeto por un producto natural –continuó– hace que cuando uno pruebe esta cerveza note que tiene mucho cuerpo, una espuma bien cremosa,sin agregados de azúcar ni ningún otro producto. Todo es en base al grano de malta”