Santa Fe
Domingo 20 de Mayo de 2018

El padre "Pepe" contra la legalización de la marihuana: "Deberían mirar a los más humildes"

El cura villero visitó Santa Fe para compartir sus experiencias de trabajo social en lugares vulnerables. Con UNO dialogó sobre la problemática de las adicciones en los barrios, el feminismo y el papa Francisco, entre otros temas.

Esta semana, el cura villero "Pepe" Di Paola llegó a la ciudad de Santa Fe para visitar las parroquias Santa Rosa de Lima y Virgen de los Pobres –ubicadas en el cordón oeste– y compartir sus experiencias sobre la recuperación de jóvenes adictos. Fue invitado por la Pastoral de Adicciones y por la diputada Silvina Frana, presidenta de la Comisión de Prevención de Adicciones y Control del Narcotráfico de la Cámara de Diputados de la Nación. "Creo que es importante compartir la experiencia del trabajo que hacemos en lo que es la recuperación, plantear la problemática y ver que se pueda dar una respuesta, como nos pasó a nosotros, que hemos visto otros ejemplos al iniciar este camino. Siempre las experiencias de otras personas nos ayudan a poder organizar la respuesta propia", expresó el referente de la Iglesia Católica.
—¿Cómo es la situación actual que se puede leer con las adicciones?
—Y, es un tema complicado. Estamos peor. Hace cincuenta años que estamos en declive en este tema. La presencia de la droga creció mucho. Son datos del Ministerio de Educación de varios años atrás, el crecimiento de consumo en escuelas secundarias. El aumento es muy grande y eso significa que la droga está presente en todos lados. La medición no es solamente de colegios de los barrios humildes, hay una naturalización del consumo que va acompañada de una presencia en toda la Argentina. Y las respuestas no fueron acordes al incremento del problema, nunca estuvieron a la altura de lo que pasa.
—¿Qué es lo que pudo saber de lo que ocurre en la ciudad de Santa Fe?
—Voy conociendo de a poco. Santa Fe, como muchos lugares del interior, está viendo de qué manera puede actuar. Con los grupos con los que me reuní, pude saber que no hay lugares de internación que sean accesibles. También vi gente con ganas de organizarse, de contar experiencias. Por ahí estas charlas o encuentros pueden ayudar a desarrollar esta actividad.
—¿En qué consisten las charlas y los programas que usted emprende?
—Tenemos algo que se llama El Hogar de Cristo, que es una propuesta barrial. Es muy propia de una comunidad que se organiza en un lugar determinado para atender a los chicos que han caído en una adicción dentro de ese mismo barrio. Es una respuesta de una institución, en este caso mi parroquia, a los problemas de los chicos del barrio. La realidad que así empezó, nos mantuvimos y nos permitió crecer. Es una organización simple que tiene un camino de recepción de la persona como viene sin requisitos y de iniciar junto a ella la recuperación. Es un centro que está dentro del barrio y atiende todos los días, cualquiera puede acercarse. Es atendido, charla con los encargados. También hay profesionales que van algunos días. Siempre hay referentes con los cuales se hacen reuniones de grupos, tienen talleres, almuerzan, eso genera un vínculo y a partir de allí vamos viendo el recorrido que tiene que hacer cada uno, que no va a ser siempre el mismo. Algunos capaz no hace falta que se internen, van manejando su adicción junto a las personas que los acompañan. Otros necesitan un tiempo de desintoxicación de camino espiritual para volver nuevamente.
Y siguió: "Lo que tienen estos centros es que reciben a las personas para organizar un proyecto de vida, para poder vivir sin la necesidad de consumo. Y en este trabajo estamos desarrollando cosas nuevas que no pensábamos. Primero empezamos con varones, luego seguimos con las casas de las chicas. Después recibimos a curas que nos hicieron ver experiencias que se replicaron en lugares muy diferentes a una villa, como puede ser una ciudad, en pueblos originarios, donde hay muchos problemas de alcoholismo, o en grupos trans, que estaban muy afectados por el tema de las drogas. Por eso es importante el intercambio, porque permite después que el centro barrial aplique la creatividad de cada comunidad para los problemas propios que ese lugar tiene. Otro caso es un pequeño hospitalito que tiene una de las parroquias para chicos en situación de calle, entonces tiene una atención directa a los jóvenes con enfermedades propias de la calle como tuberculosis o sida, y tantas otras por vivir en esa marginalidad. Puedo pensar también en otros que han hecho casas para los que vuelven de la cárcel. Entonces, no es un modelo que se agota en una estructura que se tiene que replicar. Más bien, es un modelo que permite que cada comunidad con creatividad le pueda ir dando la forma necesaria para poder desarrollarlo".
—Esta problemática y el proceso de recuperación, ¿es de igual manera para los varones, las mujeres o la comunidad trans?
—Puedo decir sobre los varones y las mujeres, a la comunidad trans la conozco poco. Recién ahora fui a una de las casas que está en Buenos Aires y realmente vi que recuperaron cierta dignidad que habían perdido, se sienten en un lugar donde no se las discrimina. Además de la droga, nosotros vemos el tema de la sustancia y lo que rodea a la persona, que es lo más importante. Con respecto a las chicas, hay mucho para decir ahí. Con el tema del paco, muchas se prostituían para seguir consumiendo así como los varones salen a robar. Entonces es muy importante el cuidado de ellas y la atención que se les diera al cuidado de los hijos, porque en esa situación se debe ver cómo acompañar el cuidado de sus chicos y a los que quieren realmente. Se siente mal con ella misma porque no puede estar. Es una tarea que no es solamente la sustancia de por sí, es también la persona y todo lo que vive, sufre y es parte de su vida.
—Hace tiempo que está instalado el debate de la despenalización y legalización de la marihuana en la sociedad. Este tipo de propuestas, ¿sería favorable?
—Nosotros decimos que no. En los casos de nuestros centros, muchos chicos han entrado con la marihuana y la cerveza. La evaluación que hacemos es que es una puerta de entrada para después otras drogas más pesadas en los ambientes en que trabajamos nosotros. Entonces, imaginá que si ahora en un hospital no pueden ayudar a sacar el problema en alguna crisis, menos lo van a hacer después. Los países que han trabajado la legalización hicieron una labor seria en salud y educación, que Argentina no la hizo nunca. En general, las banderas estas las levantan las clases medias. Pero debieran mirar que las clases más humildes con pibes que no tienen trabajo, ni capacitación laboral, que no van a la escuela seguro, que su vida es una esquina en una fogata, el cigarrillo de marihuana que se puede llamar consumo recreativo en algún lado, acá termina siendo problemático, la puerta de entrada para cualquier droga.
—¿Qué pasa con el alcohol?
—Pasa lo mismo. Por eso es triste que la propaganda "El sabor del encuentro" en este país sea de una marca de cerveza. Ahora, ¿quién permite eso? Seguramente que el alcohol debería tener sus limitaciones, es una bebida socialmente aprobada. Cuando comprás un paquete de cigarrillo tenés esas imágenes horribles que te advierten lo que te va a pasar si lo consumís. El alcohol debería tener una ley.
—El gobernador Miguel Lifschitz propuso que la provincia de Santa Fe adhiera a la ley de narcomenudeo. ¿Qué opinión tiene sobre este tema?
—Antes que nada quiero aclarar que no estoy muy familiarizado con las problemáticas tan locales. Ahora, el gran tema es cómo poder llegar a los grandes narcos siempre para no agarrar al último eslabón y no criminalizar al adicto. Sin dudas el negocio de la droga está destruyendo la vida de los chicos en los barrios. No sé cómo van a tener en cuenta todas estas cuestiones a la hora de legislar. Tendría que haber posibilidades para aquellos chicos cuya voluntad está quebrada, un proceso de recuperación que no sea voluntario. Cambiar muchas veces las penas por la obligación de un proyecto de recuperación, por eso debe haber casas adecuadas a eso. Porque la mayoría, como la nuestra, tienen que ver con el querer recuperarse. Es muy importante que existan dentro del Estado opciones que signifiquen no criminalizar al adicto y sí ayudarlo a su recuperación. Porque generalmente lo que pasa es que por no atenderlo a tiempo llega a las instituciones cuando ya cometió un delito grave, entonces después ya está. El Estado respeta su libertad aparentemente, entonces esa libertad lo deja fumar acá, drogarse allá y de pronto está esperando que cometa un delito para poder llegar. El Estado siempre llega tarde en la vida del chico. Lo importante es si llegaste antes, si lograste encontrarlo al pibe con una cantidad de droga que no comprometa su salud o la de otros, que tenga que hacer un tiempo de recuperación.
—¿Qué opinión tiene sobre la salud mental en Argentina?
—Es una locura. La verdad es que la ley de salud mental ha sido una medida que quiso ser muy progresista y que de hecho lo es. Mira a la persona desde otra óptica, sin criminalizar, pero que es impracticable. Es como una ley para Suiza. Porque vemos que los hospitales, al menos en el conurbano bonaerense, no atienden a una persona que tiene un problema de apéndice; entonces menos van a atender a una persona con problemas de adicciones. No tuvo un correlato que podríamos decir de sanación o de ayuda. Así que hay varias cosas que se tienen que ver, otras que implementar y otras que revisar.
—¿Por qué es importante la presencia de las parroquias de la Iglesia Católica en los barrios?
—En algunas parroquias, para la recuperación de los chicos hemos abierto una posibilidad para relacionarnos mucho mejor con otras instituciones, como los centros de salud y las escuelas. Y el eje del trabajo me parece que pasa por ese lado, por la relación con lo propositivo. Decir: "Un chico dentro de este barrio tan vulnerable tiene la posibilidad de crecer sanamente". Y eso se lo puede dar la Iglesia, más el cura, más el centro de salud, más cualquier organización que realmente quiera trabajar en serio y en tiempo. No es un trabajo para gente que no tenga paciencia, todo esto es a largo plazo. Y el rol de la Iglesia se juega más en esto, porque es algo que después perdura y hace que muchos chicos que terminan cambiando después convenzan a sus compañeros para que se sumen a seguir una recuperación.
—¿Continúa en contacto con el papa Francisco? ¿Cómo es el trabajo con él?
—Sí. Él está conforme. Todo este trabajo lo empezamos cuando era nuestro obispo. Fuimos haciendo un camino pequeño y ahora se fue multiplicando. De hecho los centros barriales, cuando estuvo Juan Carlos Molina –que está a cargo del Sedronar– lo puso como una de las posibilidades de dispositivo territorial, vio que era una respuesta. Hoy día se conformó como una de las tantas respuestas que puede tener un lugar de recuperación. En ese sentido estamos conformes. Y al Papa le sorprendió el crecimiento que tuvieron estos centros.
—Es indudable el trabajo social que hacen las iglesias en estos barrios, pero es también inevitable preguntarse cómo se convive con casos tan graves de curas pederastas dentro de la misma institución.
—Primero, que tanto los curas que los cometieron como cualquier persona –si hablamos del club Independiente– que hace un trabajo social como nosotros, sabemos que la mayoría de los abusos pasa dentro de las familias. Estos curas tendrían que ser condenados como cualquier persona, pero son una parte muy pequeña de la Iglesia. Lamentablemente, la otra parte de la Iglesia es la que no tiene la propaganda, que es el cura que trabaja todos los días, la religiosa que está siempre, el que construyó un colegio para que estén los chicos. Esa parte tan pequeña de la Iglesia merecerá una condena, como también la merecen, porque trabajan muy mal los servicios locales, los familiares que abusan de los menores en el ámbito familiar y que son la mayoría de los casos. El que trabaja en cualquier servicio local podrá darse cuenta de esto. Y hoy día empiezan a salir casos de otros lugares donde pasó lo mismo. Generalmente el pedófilo va a buscar lugares donde haya muchos niños o adolescentes para generar un vínculo. Entonces, hay que tener mucho cuidado con aquellos que se acercan a trabajar.
—Aquellos que tienen poder, justamente. ¿No piensa que se requiere una revisión de las estructuras de poder dentro de la institución?
—Puede ser en la familia, que es el mayor caso en este momento de abusos, ¿Cómo hacés para revertir eso? Es un tema del poder sobre aquel que es más chico, más indefenso. Es un tema que evidentemente hay que trabajarlo pero que no piensen es patrimonio de una institución sino que es, lamentablemente, una realidad mucho más común de lo que se piensa en Argentina.
—Y en tiempos feministas, ¿qué piensa del lugar que ocupa la mujer dentro de la Iglesia Católica?
—Un lugar muy importante. Creo que nadie de nosotros se puede comparar con la Madre Teresa de Calcuta. Si es que tienen que ser obispos o no, para mí no. Pasa por otro lado, por quien vive bien el Evangelio y quien no. Si nos referimos al poder, sería otra cosa. Creo que la mujer ha desarrollado en la Iglesia las tareas que nadie hizo. A veces las mismas mujeres no reflejan lo que hicieron tantas mujeres siglos atrás. Acá las que cuidaban a las chicas que no tenían familia eran las monjas. Los hospitales, cuando nadie atendía porque había epidemia y se escapaban, se quedaban y morían las monjas. Hay mujeres abnegadas en la historia de nuestra iglesia, que es la fe cristiana, que es mucho más importante que llegar a una autoridad eclesiástica. Lo digo realmente porque lo siento así. Creo que hay un desconocimiento de las mujeres en la historia de las mujeres en la Iglesia que merecería un lugar mucho más protagónico. Por eso digo que como la Madre Teresa no hay. Y, por otro lado, creo que en esta etapa la mujer va a ir adquiriendo roles que hasta ahora no tuvo y se van a ir dando de a poco. Yo por ejemplo me fui ahora de la parroquia y quién quedó: la hermana Patricia. Es quien hace las celebraciones, la que canta, la que dirige la catequesis, los grupos. O sea, tiene un rol protagónico en la evangelización de nuestra villa en León Suárez. Se van a ir dando los lugares porque lo exige el tiempo y la realidad. Pero volvería a hacer hincapié en todas las mujeres que viven su vida en la Iglesia y que el feminismo no reconoce. Porque cuando hablan de la mujer... ¿sabés la cantidad de mujeres que atendían en los hospitales a la gente que estaba sola, que venían del interior, haciendo la monjita de madre casi? Hay un rol que se desconoce o a veces se desvaloriza inclusive de parte de las mujeres hacia las mismas mujeres. Es importante que eso se tome en cuenta.
—¿De qué mujeres habla cuando dice que estas no conocen la historia de las mujeres en la Iglesia?
—Estoy diciendo las mujeres en general. Las de la Iglesia algunas conocen, pero las mujeres en general no la conocen. Y sería algo interesante –que lo hagan–, porque hicieron mucho más de lo que se piensa. Algunas historias te dejan pensando en que tenemos una cantidad de santas, de mujeres entregadas que no son parte del reconocimiento.