El anuncio que en esta edición informa de manera exclusiva Edición Santa Fe de diario La Capital, referido a la implementación del estacionamiento medido en la zona de los boliches en la 168, contiene una declaración que es casi una expresión de buenos deseos de parte del secretario de control de la Municipalidad, Ramiro Dall'Aglio. Ojalá que se cumpla, claro.

"Y entendemos que con esta medida, eso (la acumulación de coches en la zona) se solucionaría, ya que al ser medido habrá más ciudadanos que optarán por dejar el coche donde hicieron la previa o se volcarán al uso de los medios alternativos públicos, como colectivos, taxis y remises", asevera el funcionario consultado para explicar detalles de la novedad.

En esa parte de su declaración el responsable máximo de los controles de la ciudad da por hecho que el servicio de transporte público en Santa Fe funciona de manera aceitada y eficiente.

Es indudable que Santa Fe ha avanzado mucho en la materia: comparado con otras capitales de provincia, como la vecina Paraná, por no ir tan lejos, esta ciudad se encuentra en un lugar privilegiados y eso se logra sólo con buena gestión. La implementación de la tarjeta Sube en su momento, las aplicaciones para saber cuándo pasan los coles, más la incorporación de nuevas unidades, con aire acondicionado en algunos casos (recientemente, la Línea 16), son avances de los años recientes incontrastables. Pero hay que ser sinceros: la situación del transporte público en general en la ciudad dista de ser la ideal.

Basta con marcar dos puntos que deben estar en la consideración tanto de esta gestión municipal, como de las que vengan: mejorar las frecuencias y conectar de este a oeste la ciudad.

La cuestión de las frecuencias es un déficit exasperante en determinados momentos del día, de la semana o del año. Hay que pasar por las paradas de las distintas líneas en enero y febrero -meses de vacaciones escolares- para observar cómo se reduce la cantidad de micros en servicio. Nadie da una estadística exacta de cuántos coches las empresas guardan en el período estival trastornando la vida de miles de ciudadanos y trabajadores en particular, que deben salir y soportar largo tiempo esperando que llegue el colectivo, pero de manera empírica esta falencia fácilmente se puede corroborar. Se pide a los ciudadanos que hagan la correspondiente denuncia para que la situación se subsane, pero existe la creencia por parte del público a suponer -sobran razones para que sea así- de que al menos en este caso, el de los colectivos, de nada servirá exponer el problema.

El otro aspecto a solucionar, como ya se mencionó, es el de la conectividad de este a oeste. Hay un primer intento de atacar este problema con la Línea 21, que tiene un recorrido de casi 80 cuadras, y permite efectuar trasbordo con las líneas 3, 5, 10, 11, 15, 16 y 18. En su momento, el recorrido fue diseñado para facilitar el acceso al nuevo Hospital Iturraspe y a las avenidas comerciales como Blas Parera, Peñaloza, Facundo Zuviría y Aristóbulo del Valle. Fue un avance, pero con una sola línea la demanda real no se cubre. Y sobre todo no alcanza para progresar en un aspecto fundamental: integrar la ciudad para potenciar a las zonas más relegadas y aisladas.

Es un anuncio necesario, por lo tanto, lo de cobrar por estacionar en la zona de boliches. Pero para que supere el mero fin recaudatorio, deberá demostrarse efectivamente que existe una eficiente política de movilidad. Para eso hay que comenzar a saldar viejas cuentas pendientes como las señaladas.