Jueves 31 de Julio de 2014
Marcelo Acosta vive en la ciudad de Santo Tomé. El joven de 27 años empezó a ser marinero en 2008, cuando hizo un curso en la Escuela de Formación y Capacitación de la Marina Mercante que brindó la Prefectura Naval Argentina con asiento en la ciudad de Paraná. Sin embargo, su historia con los barcos se remonta a su infancia. Su papá, también de nombre Marcelo, es suboficial retirado de la Prefectura. “Por eso desde chico estoy arriba de los barcos”, dice Marcelo (h) quien hoy se embarca hacia la India para llevar el Sampan, que luego de ser vendido cambió su nombre a Sam.
El único marinero santafesino –el resto de los tripulantes son de la India– le contó a Diario UNO cómo es por dentro el barco que estuvo amarrado más de tres años en la ciudad. “Es un barco viejo, pero duro. En la zona habitable está todo lleno de camarotes y cada uno tiene baño privado, que es todo lo blanco que la gente puede ver desde afuera. Mientras que arriba está el puente de mando”, contó.
“En la parte inferior del casillaje, que es la parte blanca, está la sala de máquinas. El motor es más alto que una persona. Es impresionante ver los pistones de dos o tres metros. El barco tiene un olor a viejo y a combustible porque ya tiene su buen tiempo. No sé cuánto es el máximo de tripulación que puede viajar, pero si nosotros somos 20, seguro que podrían entrar otras 15 personas más”, agregó.
Hace poco más de un mes el santotomesino estaba de relevo para la empresa Maruba, que era la propietaria del buque antes de que se venda, y trabajaba como sereno. A los dos días de empezar con esa labor llegaron los hindúes. A los nuevos dueños se ve que les caí bien, nos llevábamos bien y con lo que sé de inglés nos comunicamos bastante bien y el dueño del barco me ofreció ir a la India. Acepté sin dudarlo”, aseguró.
Para el viaje Marcelo fue contratado como marinero de cubierta, que en navegación tiene a su cargo las guardias de puente y timonear el barco. Además, tiene que hacer limpieza, mantenimiento, pintura. “Pero al momento de la navegación es más tranquilo”, aseguró.
“De navegación –explicó– tenemos un tiempo estimado de 50 días y si tengo posibilidades tal vez me quedo algunos días allá. También quiero ver si engancho otro barco. Hoy solo quiero pensar en este viaje. Igual mi idea es seguir navegando porque es lo que me gusta y ahora quiero aprovechar esta oportunidad”.
Eso supone una larga convivencia con el resto de la tripulación. Al respecto, Marcelo dijo: “Charlamos y hacemos bromas. Tenemos costumbres diferentes, pero siguen siendo personas con las que conversamos, algo limitado y en inglés. Pero nos comunicamos. Lo que más me cuesta son las cosas técnicas, aunque ellos son muy pacientes y me van enseñando”.
Los afectos y el orgullo familiar
Este es el primer gran desafío de navegación que tiene Marcelo. Hasta el momento siempre trabajó en barcos chicos. Sus estudios universitarios –está cursando la licenciatura en biodiversidad– le demandaron mucho tiempo y de a poco comenzaron a salir trabajos como marinero y los fue aprovechando. “Quiero aprovechar de hacer estos viajes ahora que no tengo hijos”, dijo Marcelo.
Tanto su familia –sus padres y sus tres hermanos– como su novia tomaron bien la oportunidad que se le presentó. “Están todos contentos, aunque a mi novia y a mi viejo es a los que más les costó asimilar la noticia. Ellos son los que más preocupados están por todo este tema de extrañar y de estar tan lejos”, sostuvo Marcelo.
Por su parte, su padre no ocultó la emoción que le produce la situación: “Son sensaciones encontradas. A pesar de haber estado desde los 15 años en la Infantería de Marina, donde pasé cosas dificilísimas, y luego entré a la Prefectura y ahí me jubilé, hay cosas para las que el corazón no se endurece. Esto es difícil y hasta he llorado. Pero también me llena de orgullo y emoción. Me pone contentísimo la experiencia que va a tener”.
“Para él va a ser una experiencia muy buena porque además de tener un mayor conocimiento en la marinería, que es lo que a él le gusta, también lo va a tener en el estudio de la biodiversidad”, expresó.
Al ser consultado sobre cuál fue el consejo que le dio a su hijo antes de la despedida, expresó: “Le dije que preste atención a todo, que esté siempre despierto y que sea buena gente. Así, le va a ir bien”.