Elegir el regalo ideal: entre las ofertas y la exigencia infantil
El bombardeo publicitario promueve que los chicos pidan todo. Dos especialistas analizan cuáles son las consecuencias de la cultura del consumo en el desarrollo de los más pequeños del hogar

Sábado 10 de Agosto de 2013

Victoria Rodríguez

Diario UNO de Santa Fe

“Quiero” y “comprame” son las palabras más escuchadas, este mes, en las casas en las que hay chicos. Es que el Día del Niño está acompañado por un bombardeo publicitario –sobre todo en los canales infantiles– que deja poco tiempo para pensar cuál es, realmente, un buen regalo para los más chicos de la casa.

Ante la demanda constante por parte de los pequeños, padres, abuelos y tíos quedan frente a la dura decisión, siempre que un esfuerzo del bolsillo lo permita, de acceder a los reclamos o “desilusionar” con otras propuestas lúdicas.

Diario UNO consultó a dos especialistas sobre el tema. Judith Savino, integrante de la Agrupación Cultural el Andén de la Duermevela y especialista en juegos, y Nancy Francalanza, especialista en Nivel Inicial y psicóloga social, se refirieron a la necesidad de poner límites a la demanda y de promover la creatividad a través de la experiencia lúdica.

Consultadas sobre cómo se debe manejar el pedido constante de nuevos juegos o juguetes, ambas profesionales coincidieron en que debe haber mucho diálogo entre adultos y niños. “Hay que hablar, consensuar y ayudar a nuestras infancias a comprender la situación. Tenemos que situarnos como parte de la problemática, explicando que nuestras acciones, por más pequeñas que sean, contribuyen a consolidar o modificar esa realidad propia del consumismo que implica una demanda, siempre insatisfecha, de objetos de consumo”, evaluó Savino.

Y Francalanza reflexionó: “Cuando se otorga desmedida importancia a las marcas, éstas operan como fantasía de pertenencia a determinados grupos sociales quienes comparten las mismas marcas y objetos. Podríamos entonces preguntarnos: ¿qué marcas deja en aquellos que no acceden a las marcas que la moda impone o pretende imponer? El consumo exacerbado muestra sin disimulo el otro polo de la contradicción: los que no acceden. Y eso los convierte en protagonistas de los procesos de exclusión, con las marcas y huellas que dejan en sus subjetividades”.

Tener para ser

En la actualidad, la oferta de juguetes es amplia y con gran variedad de precios. Esa situación hace posible que no sólo los padres sino también, tíos, abuelos o amigos de la familia puedan adquirir periódicamente algún presente a los chicos. Se presenta el regalo como una muestra de aprecio para el o la mimada del hogar. De esa manera, el baúl de los juguetes empieza a crecer y ante tantos objetos, a veces los niños pierden interés por lo que tienen y quedan siempre a espera de lo próximo que les darán.

“Para el niño, el mundo es un lugar lleno de cosas para jugar. Todos los objetos del mundo, sean grandes o pequeños, mirados con ojos de niño, son juguetes. Juguetes para tomar, juguetes para recorrer, juguetes para imaginar. Sin embargo, ocurre que se ha mercantilizado la vida cotidiana y ya no sólo compramos el juguete, sino que también compramos el universo de sentidos que dispara ese juguete”, alertó la integrante de El Andén de la Duermevela, una agrupación que se especializa en el tema del juego infantil.

“Hasta la ropita para las muñecas, que antes era parte del juego con muñecas e implicaban la tarea de la confección, viene ahora resuelta, colgada en una minúscula percha, lista para usar –añadió. Hoy se vende el juguete y su cosmogonía. Así se pierden todas las posibilidades que antiguamente un nuevo juguete ofrecía y se desplegaban en casa. De esa manera, las pistas para los autitos, las casas de muñecas, la comida de mentira para la cocinita o los arcos de fútbol, que se resolvían entre jugadores, con «lo que había» y pudiera servir en el momento, ya vienen dados. Y se pierde la oportunidad de dar debates, muchas veces intergeneracionales, de enfrentar el desafío y de utilizar la imaginación y la creatividad”.

En tanto, la psicóloga social indicó que “sin lugar a dudas, los niños demandan porque hay adultos que les crean esa «necesidad-demanda», bajo formas sutiles, implícitas y explícitas, siendo la publicidad, un medidor por excelencia entre la infancia y el consumo”.

Y siguió: “Habrá que tener en cuenta que, ante la permanente e inmediata satisfacción de las demandas infantiles, los niños llegan a un estado de insatisfacción y pérdida de interés por los tan ansiados objetos, los cuales pasan a ser fácilmente descartables. Eso generalmente ocurre cuando los juguetes no producen verdaderos lazos como posibilitador y fuente de placer, que den lugar al espacio lúdico y creativo en todas sus formas”.

Al respecto Savino insistió con que cada vez más las propuestas de los fabricantes de juguetes dan todo determinado. “Todo está a la venta y pareciera que por ese solo hecho, todo debe ser adquirido. Se compran recursos que buscan completar el juguete y de ese modo enriquecer el juego –continuó. Sin embargo ésa es la pantalla que tapa una realidad totalmente diferente, mucho más triste e incómoda para todos. El niño contemporáneo juega en soledad, juega con objetos que carecen de valor simbólico y fascinan por muy poco tiempo”.

—¿Se debe comprar un juguete cada vez que el niño lo demanda?

Judith Savino: No, porque en la demanda del juguete está en realidad la demanda del “jugar junto a…”. Los hijos están pidiendo a gritos poder jugar con sus padres. Abandonar ese círculo vicioso del “eterno querer tener” por parte del niño implica comprender como adultos que lo único que va a llenar ese vacío que circunstancialmente ocupan los objetos, es concretamente juego/tiempo compartido.

Nancy Francalanza: Las variedades y ofertas son amplias, es verdad. No hay sin embargo respuesta unívoca, ya que la frecuencia o periodicidad en ofrecer obsequios, es multifactorial y policausal. No está ni bien ni mal que los niños accedan a nuevos juguetes, siempre que no se vayan configurando situaciones donde el sujeto sienta que “sin tener no se es”.

—¿Qué rol juegan las publicidades y los medios de comunicación en general en este tema?

J. S.: Un rol decisivo. Los niños piden el juguete que sale en la tele. Debemos aprender a combatir esta estrategia tendenciosa del mercado que tiene de rehenes a los niños. Incluso en las publicidades actuales se les habla directamente a los niños y se les informa cómo pedir el juguete a los adultos, es decir que ya se los considera como un nicho con autonomía y poder de decisión. Nuevamente considero que es el diálogo la herramienta mediadora entre el deseo instalado desde afuera y las posibilidades, necesidades y posturas de cada uno de nosotros como educadores.

N. F.: El mensaje que se da es que “todo ya” es posible. Los procesos de tolerancia a la frustración, tan necesarios para la vida junto a otros, quedan obturados por la lógica de la satisfacción inmediata, donde la incitación al consumo desmedido, pueden abrir paso a conductas adictivas o compulsivas.

Las claves para elegir

Consultadas sobre cuáles son las pautas que los adultos tienen que tener en cuenta al momento de elegir un regalo para el Día del Niño, las profesionales insistieron con buscar variedad y en escuchar a los chicos.

“Al comprar regalos, sugiero tener en cuenta las edades de los chicos, pensando en ellos y no en lo que nos gusta a nosotros los adultos”, indicó Francalanza y añadió: “Es importante elegir obsequios que les permitan conectarse con experiencias lúdicas que logren desarrollar procesos de creatividad y posibiliten juegos interactivos con familiares y amigos”.

Por su parte, Savino señaló que hay que dialogar con los niños antes de comprar. “Explicar nuestras razones de adultos, preguntar y comprender la lógica infantil. Hay que repetir esas acciones cuanto sea necesario para que tanto niños como adultos realmente logren encontrarse en una buena decisión. Comprar el juguete emergente de esa experiencia de consenso, sin imponerse desde una mirada didactista, ni cediendo ante la figura de acción del momento sólo porque «hay que tenerla»”, dijo.

Además, recomendó combinar opciones y regalar algo conocido más algo a descubrir, como juguetes creativos, explorativos, artísticos o simbólicos. Y sostuvo que no hay que obsesionarse con las cuestiones de género en relación con el juguete. “El juguete nunca es sexista, aunque el juego sí puede serlo. La mediación del adulto en la habilitación o prohibición de un juego o juguete por cuestiones de género es lo que puede convertir al juego o juguete en sexista. Es necesario que en el jugar el adulto se encuentre abierto a las posibilidades, evitando coartar las preferencias de los niños a causa de prejuicios”, subrayó.

Por último, recomendó también regalar un libro, aunque el niño no lo pida; y acompañar en la vivencia del jugar, leer o imaginar otorgándole así, un valor simbólico al objeto. Y Francalanza aportó: “Propiciar el encuentro con la lectura, con imágenes y palabras, promoverá espacios de libertad de pensamiento”.