En honor a los Siete Jefes, el barrio protagonista de la postal capitalina
El primer levantamiento criollo contra la autoridad española merecía ser parte del día a día santafesino. La jurisdicción que lleva su nombre es la cara que recibe a miles de visitantes que arriban cada año a la ciudad.

Domingo 13 de Abril de 2014

“Agua abajo se ha ido Juan de Garay, tras el sueño de fundar a Buenos Aires, nuevamente, en el terreno donde sucumbió Mendoza por el hambre y los asedios. Ausente el Gobernador, es oportuno el momento para que los siete mozos den realidad a su proyecto. Que sean los argentinos amos, señores y dueños de su suerte y de la tierra donde viven y nacieron”.

Mateo Booz es uno de los escritores argentinos (santafesino también) que más historia reconstruyó desde la poesía de su pluma. Entre sus textos se encuentran las palabras que inauguran esta nota y que dan cuenta del primer levantamiento de criollos contra la autoridad española, el 1 de junio de 1580, casi siete años más tarde de la fundación de Santa Fe. Ésta fue la Revolución de los Siete Jefes.

Semejante hecho histórico merecía su lugar en el día a día de los santafesinos. Así fue que se nombró en su honor al barrio que forma parte de la postal más tradicional de la capital de la provincia, hermanado con el Puente Colgante, ícono ineludible al hablar de esta ciudad. Por allí ingresan cada año a la urbe miles de visitantes y es la primera impresión que registran sus ojos.

Bordeados por la laguna Setúbal, con símbolos tan característicos como el Faro, y espacios verdes tradicionales como el Parque de la Locomotora o el Paseo Muttis, esta zona se enmarca en naturaleza y es por ello también que se convirtió en el circuito deportivo elegido por los santafesinos.

Muchos de sus primeros habitantes fueron trabajadores ferroviarios, por la simple razón de su ubicación geográfica, cercana tanto a la Estación Belgrano como a los talleres emplazados en la actual avenida Alem. El sonido de los trenes en los rieles llenaba –mucho más que en la actualidad– el silencio natural del barrio. Hoy son más las calmas bicicletas las que circulan junto a la calle Vélez Sarsfield que los vagones que la colmaban antaño.

El Puente Colgante, habilitado el 8 de junio de 1928 –arrastrado en parte por la inundación en 1983 y reinaugurado en 2002– fue la estructura que lo caracterizó desde su inauguración. El mismo no sólo se convirtió en un vínculo fundamental para la ciudad, sino también en sinónimo turístico de la ciudad capital.

Si bien la población de la zona varió a lo largo de los años, muchas de las familias prolongaron su apellido en el barrio casi desde su origen. Por eso es también que hay tantos de los que peinan canas que son capaces de describir aquella Costanera bellísima y el Parque Oroño que tanto disfrutaron los santafesinos de hace varias décadas.

La aerosilla santafesina

Alfredo Block, arquitecto de esta capital, es nieto del inmigrante alemán que instaló la aerosilla en Carlos Paz e hijo de quien la construyó en Santa Fe y luego, tras la inundación de 1982-83, la trasladó a Los Cocos, en Córdoba.

“Mi abuelo, inmigrante alemán, llegó a la Argentina muy joven, escapando de la Segunda Guerra Mundial, junto a su madre y su hermana. Se hizo conocido en el país por ser el constructor del cablecarril en la antigua Villa Carlos Paz, hoy ciudad conocida por todos los argentinos”, relató Alfredo a Soy de.

Federico Block llegó en la década del 40 a Buenos Aires, en primer lugar. Luego se trasladó a la localidad de Soldini, cerca de Rosario, donde participó de la instalación del primer sistema eléctrico. “Mi abuelo llega a Santa Fe porque era una persona muy emprendedora y, entre tantas cosas que hizo en su vida, una fue la famosa casa de las lapiceras fuente en Santa Fe, Casa Liro, que hoy no existe más. Por los años 50, fue de vacaciones a la Villa Carlos Paz y se le ocurrió hacer un cablecarril, viendo un cerro muy lindo que había en ese lugar”, explicó Alfredo.

Federico Block, tras instalar la aerosilla en Carlos Paz, vivió muchos años allí. “Mi padre, uno de sus hijos y que también era mecánico, lo acompañó en el emprendimiento y colaboró con el montaje. Yo nací en Carlos Paz justamente en 1955, el año en que se inauguró la aerosilla. Vivimos unos años allá y después se trasladaron a la ciudad de Córdoba e impulsaron otro tipo de emprendimiento, siempre dentro de la mecánica”, contó.

Con los años, sólo Alfredo, junto a sus padres y hermano volvieron a Santa Fe: “Yo llegué a Santa Fe con 16 años. Mi padre siempre tuvo la idea de aprovechar esos pilares del ferrocarril, sobre la laguna, para hacer un cablecarril. Él ya había tenido su experiencia trabajando con su padre que, además, lo apañaba en este proyecto, y mantenía también sus contactos”.

En plena dictadura militar, aparecía el proyecto urbano-turístico en la capital provincial, conducida en esos momentos por el intendente de facto Miguel Alfredo Coquet (1976-1981). “Se ve que con su propuesta mi padre le cayó en gracia al intendente Coquet, quien a su vez tenía sus contactos militares en Buenos Aires y consiguió una concesión del gobierno nacional, por los pilares de los ferrocarriles del Estado sobre la laguna Setúbal. El intendente consiguió esta concesión por 30 años, para instalar ahí arriba el cablecarril”, detalló Alfredo.

“Mi papá buscó socios accionistas capitalistas, porque él no era una persona de dinero. Así surgió también el complejo Piedras Blancas enfrente, también por una concesión directa de la Municipalidad porque eran terrenos municipales. Allí se hizo un conjunto de casitas alpinas, de las cuales había una muy grande que era comedor y otras más chicas, que eran comercios. Hasta ahí llegaba el cablecarril, luego de cruzar la laguna”, recordó el arquitecto santafesino.

“La estación de salida de la aerosilla estaba en el medio del ahora Bulevar Muttis, en su intersección con la Costanera. En realidad, lo que hoy es el Bulevar en ese entonces era el trazado de las vías del ferrocarril. Para cumplir la altura reglamentaria hubo que hacer una plataforma elevada en la que en la planta baja funcionaba un restorán y en la planta alta estaba la estación de salida de la aerosilla”, describió.

“En el medio de la Costanera, cerca de donde hoy está el Monumento al Almirante Guillermo Brown, estaba la columna central donde apoyaba el cable que cruzaba la Costanera. La segunda columna estaba donde antes estaba la confitería Puerto de Palos”, detalló Alfredo. La aerosilla tenía alrededor de 40 sillas dobles. Se inauguró a fines de 1979 o principios de 1980. Funcionó poco tiempo, unos dos años aproximadamente, porque en 1982–83, con la creciente se inundó toda la Costanera.

“En la margen este de la laguna, donde estaba Piedras Blancas, el agua tapó todo. Las cabañas tuvieron hasta tres metros de agua adentro”, concluyó. Fue el final del cablecarril, pero el principio de cientos de anécdotas para los santafesinos que tuvieron el placer de conocerla.