Lunes 08 de Diciembre de 2014
El desafío de la integración de las personas con discapacidad existe en todos los ámbitos. Sin embargo, uno de los más determinantes es, sin dudas, la escuela. Ya que se trata del primer ámbito de socialización de las personas y el espacio donde se puede acceder a oportunidades de crecimiento personal.
En el caso de los establecimientos educativos, gran parte del trabajo de los últimos años estuvo vinculado a la capacitación de los docentes y del personal de las instituciones para que entiendan la importancia de dar esas oportunidades a los chicos y chicas con discapacidad pero también a los demás alumnos que no las tienen. Ya que quienes llevaron adelante esas experiencias destacan que todos los involucrados se enriquecen con la iniciativa.
Según datos del Ministerio de Educación de la provincia, en los últimos tres años se evidencian resultados positivos para que los estudiantes con discapacidad accedan al sistema educativo y, de acuerdo con sus características particulares, avancen en los niveles escolares obligatorios.
“En los últimos tres años, 2.300 estudiantes más se incorporaron a ofertas educativas integradas entre escuelas comunes y especiales. En 2011, 4.957 estudiantes eran parte de este modo de aprendizaje, pero en 2014 ese número se elevó a 7.336”, indicaron desde la cartera.
Por lo tanto, este año, más de la mitad de los 13.440 estudiantes matriculados en la modalidad Especial accedió a las condiciones necesarias para transitar una trayectoria educativa integrada con las propuestas curriculares de la educación común, primaria o secundaria.
“Estos resultados son muy alentadores porque nos demuestran que vamos por el mejor camino para garantizar derechos de nuestros niños y jóvenes”, valoró la ministra de Educación, Claudia Balagué.
“Desde nuestra concepción de escuela abierta, y siguiendo las metas de calidad e inclusión socioeducativa que nos propusimos como gestión, en la Educación Especial partimos de considerar el potencial de cada niño y cada joven, y configuramos trayectorias educativas integrales y reales, de acuerdo con las posibilidades de aprendizaje que van siendo cada vez más amplias”, se explayó la ministra.
Otra forma de pensar
La provincia cuenta con 118 escuelas especiales de gestión pública a la que se suman otras 26 de gestión privada. En esos establecimientos el lineamiento central es trabajar generando lazos con otras instituciones educativas y sociales a fin de poder articular acciones que le permitan a los estudiantes acceder a experiencias de integración.
“Por supuesto que eso implica poner en marcha otros modos de pensar las trayectorias educativas, superando estereotipos y en el marco de una permanente construcción en las que los docentes santafesinos vienen desempeñando un rol fundamental”, reflexionó la ministra.
Y agregó: “Esa concepción, de trayectorias educativas particulares que atiendan la diversidad, excede a la discapacidad, porque desde este paradigma estamos abordando toda la escolaridad obligatoria, especialmente la secundaria, donde la incorporación de jóvenes a través del Plan Vuelvo a Estudiar, como ya lo venimos mostrando, nos exige el diseño de estrategias particulares para atender cada situación”.
Experiencias valiosas
Analía Gomítolo hace 23 años que trabaja como docente en Educación Especial, y 16 años los dedicó a la integración de jóvenes con discapacidad en el nivel secundario. “La cantidad de jóvenes que se integran a la escuela secundaria aumentó de manera exponencial”, consideró.
Y acotó: “Cuando comencé a trabajar en el servicio de integración que depende de la escuela Nº 2.119 de Villa Gobernador Gálvez, teníamos 13 estudiantes en integración; en 2008 tuvimos 22 y hoy son 64 los chicos que acompañamos en 33 escuelas secundarias de Rosario y la región”.
Gomítolo rescató que la Ley Nacional de Educación instrumentó modificaciones que ya se estaban dando en la concepción de la Educación Especial. Esa normativa, a su criterio, facilitó la concreción de nuevos modos de brindar acceso a la educación a las personas con discapacidad.
“Antes teníamos a los alumnos agrupados por patologías, en consecuencia del paradigma médico que regía la Educación Especial; actualmente somos un equipo interdisciplinario que aborda la situación de cada chico como única, y el estudiante circula por todos los espacios educativos, comunes y especiales, con diversos grupos”, ejemplificó.
En ese sentido, la directora provincial de Educación Especial, María Beatriz Álvarez, explicó que Santa Fe puso rápidamente en marcha la letra de la ley no solo por su fuerza normativa sino porque coincide con el concepto de calidad educativa sobre el que se construye el proyecto educativo santafesino.
“Bajo ese paraguas, diseñamos procesos de integración escolar mediante los que los niños y jóvenes pueden construir sus aprendizajes en el marco de la educación como un sistema que los integra, y que no los confina a un espacio limitado como eran las tradicionales aulas de las escuelas especiales”, indicó Álvarez y valoró: “El proceso de integración se construye colaborativamente, a través de dispositivos que se diseñan entre la escuela especial y la escuela común”.
Voluntad y resultados
Cuando un estudiante con discapacidad llega al sistema educativo, docentes de las escuelas común y especial preparan el dispositivo más pertinente para que ese alumno desarrolle su máximo potencial de aprendizaje. “Para nosotros la mayor preocupación, en la secundaria, es que los chicos aprendan los contenidos del nivel, y notamos avances, por ejemplo, porque antes los alumnos ciegos no recibían clases de matemática o los sordos no recibían clases de inglés”, recordó Gomítolo.
Y siguió: “No sólo que ahora se forman en esos espacios curriculares, sino que vemos con satisfacción que muchos de ellos terminan 5º año. Sin ir más lejos, en la escuela secundaria 432 este año se recibieron tres estudiantes que tienen discapacidad intelectual; algo que era impensado hace unos años”.