Martes 11 de Marzo de 2014
Fernando Marengo (29) estuvo más de dos días desaparecido. Se fue de su casa - sin dejar rastros - la mañana del sábado: el día que se iba a casar con Virginia Taborda (26), la mujer con la que convive desde hace más de cuatro años. Ayer, ambos dieron una conferencia de prensa para explicar qué sucedió en esas horas en las que las fuerzas de Seguridad y la Justicia provincial abocaron todos sus recursos para buscarlo y además, Virginia agradeció a toda la gente, que a través de las redes sociales, colaboró en dar con el paradero de su prometido.
Luego de tantos momentos de angustia, las explicaciones eran necesarias. Fernando hizo el esfuerzo de explicar qué sintió para tomar semejante decisión, pero resultaron insuficientes, como si -al igual que el día que se fugó y dejó a su familia sin noticias suyas - estuviera escondiendo algo más. Sus argumentos tuvieron más que ver con frases populares que intentan justificar situaciones incomprensibles, como por ejemplo, esa que dice “sobre las cuestiones del corazón, la razón no entiende”. En cambio, poco aclaró sobre la cuestión económica, por ejemplo qué pasó con el dinero que pagaron sus invitados por la tarjeta, si alcanzó a cancelar algún servicio, y qué pasó con la plata que tenía ahorrada la pareja para pagar los gastos.
A su lado, Virginia, lo contuvo con un fuerte apretón de manos en los momentos de la conferencia en los que Fernando se quebró. Ella aseguró que lo perdona y él dijo que el casamiento sigue en pie. Como la primera frase de una canción de Tan Bionica: “¿Qué pasó anoche? no sé. Mi alma hizo las valijas y se fue”, así arrancó ayer Fernando su versión de esta historia.
— ¿Qué pasó el sábado, por qué decidiste irte?
— El sábado a la mañana entré en esta en estado de shock y decidí irme. Sin dejar rastros ni nada. Me tomé un taxi y me bajé en calle Calchines y Las Heras. De ahí me fui a la terminal y me tomé un colectivo hacia Paraná. Allí vi un cartel que decía Victoria y me tomé un colectivo hasta ahí. Pero como no había nada, era un pueblo muy chico y yo no entendía nada, me fui a Rosario. Ahí pregunté en Turismo dónde había una pensión, para esconderme, y me dijeron que en esa misma cuadra había una y fui y me quedé ahí. Sentí vergüenza, por toda la gente que me quiere y yo le estaba fallando.
—¿Qué pasó con el dinero?
—Nada, no llegué. Me aumentó todo. Yo tengo un negocio y no dan los números. Me mató.
—¿Estabas debiendo plata para el casamiento que se hacía esa noche?
— Sí, del catering. Quise llegar a una forma de pago. No llegamos a un acuerdo. Y quedó ahí. Tendría que haberlo hablado con mi viejo. Él me iba a ayudar si le pedía ayuda.
—¿Cuánta plata debías?
—Un montón, no lo quiero decir.
— ¿Por qué no le avisaste a tu familia?
— Ese fue el error que tuve. Tengo amigos, tengo familia. Las amigas de ella, su familia, todo el mundo me apoyaba. Me encerré solo.
— ¿El casamiento era con tarjeta?
— Sí, pero estaba al monto de diciembre. Vino toda la inflación de febrero y me mató.
— ¿Los invitados ya les habían entregado el dinero?
—Sí, faltaba una parte nomás. El casamiento sigue en pie. Y lo vamos a hacer. Nosotros somos de la Iglesia y es un compromiso que tengo yo con ella también. Se lo prometí y no llegué.
— Luego de tu desaparición se tejieron un montón de hipótesis y hasta se habló de un caso de ludopatía...
—No. Yo de esas cosas no voy a hablar porque no siento eso. Tengo una agencia de quinielas, imaginate. Uno sabe lo que hace el juego. Fui un tiempito al casino, pero nada más.
—¿Por qué apagaste tu celular en Rosario?
— No quería hablar con nadie. No sabía qué decir. Pero no vi nada de lo que estaba pasando. Y me asusté el lunes cuando abrí el Facebook y vi todo lo que aparecía de mí. Ahí me dio mucho miedo. Pero esa noche iba a volver.
— Tus padres dijeron que la noche anterior a desaparecer se habían reunido.
— Sí, nos juntamos y pasamos un buen momento. Pero no dije nada.
—¿La decisión de irte la tomaste el mismo sábado?
—La tomé el viernes a la noche. Y me decidí el sábado. No pensé en lo que le generaba a mi familia. Si lo hubiera pensando, me hubiera quedado y hubiera afrontado todo de otra manera. Estos días estuve cerrado en mi cabeza.
— ¿Llevaste dinero con vos?
—Sí, pero no mucho. Sólo como para mantenerme unos días.
— ¿Qué balance haces de todo lo que pasó?
— Ninguno. Es todo negativo. No puedo sacar nada positivo. Tengo que volver a empezar de nuevo. Gracias a Dios me ayudan y me apoyan toda mi familia y mis amigos.
Y luego, los micrófonos se movieron hacia Virginia: ¿Qué pensas de lo que él dice?, le preguntó una colega. “Y, si yo estoy acá apoyándolo en este momento me parece que es muy lógico lo que pienso. Yo sé que no me está mintiendo, porque lo conozco”, concluyó.