“Fue una situación difícil que debe servirnos de experiencia”
Carlos Sejas, encargado del área Socorro y Logística de Cruz Roja Santa Fe, dialogó con Diario UNO sobre el trabajo que debió abordar, junto a su equipo de trabajo, durante la inundación de 2003.

Sábado 27 de Abril de 2013

La Cruz Roja Argentina filial Santa Fe –con sus equipos de rescate, salud, agua y saneamiento, trabajo de bodega, primeros auxilios y guardavidas– trabajó durante once meses, desde el 27 de abril hasta el 4 de febrero, aproximadamente, para ayudar a los afectados de la inundación que golpeó a Santa Fe en abril de 2003. “Fue una experiencia distinta, porque estábamos en nuestro lugar y muchos teníamos a un familiar, un amigo o conocido que tenía su propiedad tapada con agua”, dijo, en diálogo con Diario UNO, Carlos Sejas, uno de los representante del Área Socorro y Logística de la entidad.

La inundación, que anegó al 35% de la ciudad capital, aproximadamente, “fue uno de los peores momentos que le tocó vivir a Santa Fe, y a la vez uno de los más solidarios”, detalló Carlos Sejas.

Ese domingo, mientras millones de argentinos iban a la urnas para elegir nuevo presidente, varios vecinos del cordón oeste de la ciudad capital comenzaban a cubrir sus viviendas con bolsas de arena, y allí estaba Cruz Roja. “Recibimos el llamado de algunos vecinos (de barrio Cabal) y acudimos. Tal como sucedió en pasadas oportunidades con las inundaciones del Paraná, los trasladábamos hasta lugares cercanos, porque no imaginábamos semejante desborde”, relató Sejas.

Ya el lunes (28) y el martes (29), la situación comenzó a complicarse y los pedidos de auxilio se extendían hacia otros barrios. “Comenzamos a notar que dejábamos a una familia en una esquina y cuando volvíamos a buscar otra, debíamos navegar unos doscientos metros más. Era increíble cómo crecía el agua”, dijo el experto.

Fue así como Cruz Roja Argentina, alerta ante un inminente desastre, puso en marcha un operativo de ayuda que movilizó a más de 400 voluntarios. Eran seis los equipos de unidades de socorro que estaban instalados, ayudados por embarcaciones particulares que también prestaban su ayuda. “La gente nos ofrecía sus botes y los aceptábamos, sino no fuera por ellos no hubiéramos dado abasto”, detalló Sejas.

“En la madrugada del 30 llegaron las primeras diez toneladas de mercadería, que si bien estaban destinadas para otro operativo, fueron derivadas acá por la emergencia”, argumentó Carlos Sejas y agregó: “Recibir ayuda también era complicado, porque estábamos sitiados, pero no podemos dejar de mencionar la colaboración que obtuvimos de numerosas instituciones de carácter internacional, nacional y también local, que aunaron sus esfuerzos a los nuestros”.

Experiencias

La sede de Cruz Roja también se vio afectada, la marca superó el metro, pero las medidas de precaución ya se habían tomado. “Informados sobre la situación que se vivía, buscamos instalar el depósito de ayuda en la planta superior, lo mismo que una cocina de campaña provisoria, y un dormitorio para el descanso de los voluntarios”, describió el socorrista.

“Hay muchas versiones sobre lo que se vivió en los barrios, hay quienes dicen que la gente se tiroteaba y demás, pero nosotros particularmente, por el respeto al emblema y el conocimiento que tiene la sociedad sobre nuestro accionar, pudimos trabajar tranquilos”, continuó Sejas y complementó: “Hubo personas que se pasaron días viviendo sobre los techos. A ellos, les llevábamos ayuda a diario y nos pasó muchas veces de compartir una comida sobre sus casas o que ellos mismos nos ofrecieran algo caliente, porque como siempre digo; el hecho de ser voluntario no significa que uno no tiene hambre o sed”.

Sin comparación

—¿Se asemeja esta experiencia, a otra que hayas vivido en cualquiera de los rescates que realizaste en distintas partes del mundo?

—Ninguna emergencia es igual a otra. Cuando me preguntaron el otro día en qué se parecía a La Plata, le dije que en nada. Lo de allá fue una tormenta muy fuerte, acá entró el río. Allá el agua bajó en horas, acá quedó quince días. Al estar afectado un tercio de la ciudad, no había lugares para contener gente: fue distinto. Lo de Santa Fe en el 2003 no tiene comparación alguna, es más, podría decirse que puede haber sido una de las emergencias más grandes que vivió la República Argentina. Una experiencia de vida que tiene que servirnos para tomar conciencia, para buscar un cambio.

—¿Qué tipo de cambio?

—Es necesario tener un plan de contingencia familiar que determine: dónde vamos en caso de; quién busca a quién; a dónde nos encontramos; qué pasa si los chicos están en la escuela; si cada uno está en su trabajo, etcétera. Es preciso que para esto trabajemos cada uno desde nuestro lugar, y no esperar que el Estado nos dé todo, sino que ya estemos alerta cada uno de nosotros, porque las responsabilidades también deben asumirse en forma individual. Al viajar por algunos países de Centroamérica (siempre cumpliendo sus funciones de rescatista) me he quedado asombrado cuando escucho que le enseñan a un chiquito de seis años dónde tiene que ir si viene un huracán, cómo mantener los elementos básicos hasta que llegue la ayuda y demás, porque hay que pensar que cuando sucede un emergencia el que me tiene que venir a ayudar está en iguales o peores condiciones que yo; entonces, en el lapso que llega el socorro, que pueden ser minutos, horas o días, yo tengo que saber cómo subsistir y qué hacer.