Viernes 26 de Abril de 2013
Mariano Ruíz Clausen
Diario UNO Santa Fe
Un suboficial de policía que estaba en disponibilidad fue apresado el 16 de abril bajo la presunción de haber violado y matado a puñaladas a la joven estudiante María Florencia Morello, de 21 años, el 1 de octubre de 2005 en el hall de un edificio céntrico de esta ciudad, según puede leerse en la crónica policial de Diario UNO de Santa Fe.
En la misma se explicita que, en ese momento, para el juez Sergio Carraro, sobre el suboficial J.L., de 33 años, recaían “firmes sospechas” de ser el autor del suceso que convulsionó a Santa Fe hace 8 años. Para llegar al sospechoso, se precisa en el relato, el magistrado se valió de un testimonio tan sorpresivo como inesperado. A fines del año pasado, un hombre se presentó en Tribunales y solicitó hablar con un juez.
El hombre narró que en octubre de 2005 estaba internado en un efector de salud cuando entró en conversación con un hombre joven que se encontraba en la cama de al lado y que a cada rato le preguntaba por la suerte corrida por una chica que había sido encontrada gravemente herida en un edificio céntrico, noticia que estaban viendo por televisión.
La insistencia por saber el destino de la joven llamó la atención del testigo que escuchaba atentamente. Cuando llegó la muerte de Florencia, el sospechoso retomó las conversaciones revelando detalles del caso, lo que agudizó las sospechas de su ocasional compañero de habitación.
Pero ese testigo ocasional recién en diciembre pasado se acercó al juzgado y volcó lo que sabía.
Mientras tanto, el sospechoso ingresó a la policía en 2009, fue derivado a Rafaela y en 2012 fue pasado a disponibilidad por una tentativa de homicidio contra una mujer.
El asesino de Morello dejó numerosos rastros en el cuerpo y en las prendas de la chica. Ahora se espera una serie de exámenes de ADN para determinar si el presunto autor es culpable o inocente.
El grave hecho, de haber sido cometido por un integrante de la fuerza policial, abre diversas polémicas e interrogantes que se intentan comenzar a discutir y responder en diálogo con la licenciada en Psicología Evelin Bruno (UAP, UBA, diploma de honor al mérito académico “cum laude”, especialista en Terapia Cognitiva por el Instituto Albert Ellis de Nueva York, especialista y referente en el país en psicodiagnóstico y selección de personal, entre otros extensos antecedentes), quien aseveró que, “no de un modo absoluto y ciento por ciento confiable, los impulsos violentos, la debilidad para controlarlos y la tendencia al abuso son rasgos detectables”.
—¿Es posible identificar que una persona que ingrese a la fuerza policial tiene rasgos que indiquen que puede desplegar una violencia tal como la de este policía que, presuntamente, violó y mató a una joven?
—Las técnicas de evaluación psicológica permiten hallar indicadores que den cuenta del manejo de la agresividad que tiene un sujeto, la falta de control en sus impulsos o el buen manejo de los mismos, pero la presencia o ausencia de estos indicadores no asevera ciento por ciento que un sujeto pueda manifestar estas conductas o no. Porque los humanos somos cambiantes.
—¿Podría profundizar esta idea?
—No somos estáticos. Y la evaluación psicotécnica no deja de estar circunscripta a un momento y situación particular. El ambiente de trabajo, las circunstancias puntuales que atraviese el sujeto en lo personal, la presión laboral, etcétera, pueden desencadenar conflictos que no estaban presentes a la hora de realizarla.
—Qué tipo de evaluación debería implementarse para que cosas como éstas no ocurran, porque son muchos los casos de violencia que sus miembros ejercieron o ejercen en la historia y presente de la institución policial, contra otros o contra sí mismos (crímenes, feminicidios, suicidios, gatillo fácil, entre otros).
—El buen uso de las técnicas de evaluación tiene mucho que ver con la formación académica y la práctica del psicólogo. La experiencia es clave. El profesional puede ser excelente evaluando competencias en un empleado administrativo, pero hacer agua buscando indicadores de personalidades criminales, porque los indicadores que manifiesta un abusador en los tests no son familiares para alguien que no está entrenado en estos perfiles tan específicos. No son casos que se vean en la facultad o en un curso general de psicodiagnóstico laboral. Posiciones como éstas requieren de alguien sumamente entrenado y especializado. Por otro lado, la violencia es condenada en este presunto caso donde el sospechoso es un integrante de la fuerza policial, pero a la vez es un rasgo necesario en la labor de un policía. La violencia puede estar hasta justificada si es en defensa propia o de un tercero. ¿Dónde está el límite? Sólo un ojo muy bien entrenado puede llegar a ver la diferencia con un mayor índice de confiabilidad. Y cuando me refiero a confiabilidad, me refiero a un porcentaje mayor de predicción, pero nunca hablamos de absolutos. Por suerte, para el ser humano, y desgraciadamente en casos tan tristes como el de Florencia Morello, si se comprueba lo que se sospecha, podemos cambiar, no somos seres acabados y ciento por ciento predecibles. Por ejemplo, si veo que en los tests aparecen indicadores de violencia, o de mal control de impulsos, puedo especificar esta tendencia, pero no puedo afirmar cómo o cuándo la persona va a manifestar la misma.
Revisar los métodos vigentes
—Comprendemos. Igualmente, la gravedad de algunos casos exige un replanteo serio de los modos en que se forman y eligen policías. ¿Qué capacitación específica –o general aunque exhaustiva– debería recibir el profesional de la Salud Mental que los seleccione?
—Existen especialidades en evaluación psicológica judicial o forense que brindan formación en la lectura específica de los indicadores que venimos comentando: control de impulsos, abuso sexual, violencia, credibilidad, etcétera. Y, mínimamente, es un recorrido formativo que deben hacer, para actuar con ética, seriedad y pericia, cosa que no siempre sucede. Respecto de la formación de los agentes policiales, no es mi campo y no me parece apropiado dar una opinión.
—¿Cuáles son los métodos en los que usted se especializó y los más vigentes, sobre los que usted capacita a otros profesionales locales, como en Qualitas?
—Los métodos de evaluación más utilizados son: la entrevista psicolaboral, las técnicas proyectivas y las técnicas psicométricas. La suma de estos instrumentos suele conocerse con el nombre de “evaluación psicotécnica”. Las técnicas psicométricas utilizan el concepto de medición y tienen su fundamento en la psicometría. Aportan información cuantitativa (con puntuación) sobre habilidades cognitivas del sujeto, rasgos de personalidad, motivación laboral, estrés ocupacional, etcétera. Estas técnicas están compuestas por procedimiento estandarizado. Se llama así al proceso mediante el cual se establecen procedimientos unívocos para la aplicación, calificación e interpretación de un test.
—¿Y en qué consisten las técnicas proyectivas?
—Llamamos técnicas proyectivas a una serie de tests que presentan estímulos poco estructurados para que la persona los organice según sus propios intereses y características de personalidad. Para su corrección el psicólogo debe estar muy entrenado en la lectura de indicadores relevantes para la posición a evaluar, ya que estas técnicas están sujetas a la interpretación del profesional y no a un método estandarizado como los tests psicométricos. Dentro de este grupo de técnicas se encuentra el conocido test de manchas (Rorschach) y los tests en los cuales el sujeto tiene que hacer una serie de dibujos que le va solicitando el evaluador. En base al perfil buscado, el psicólogo laboral selecciona y arma una batería de tests con las técnicas psicométricas y proyectivas que mejor permitan evaluar el puesto solicitado. En Santa Fe –y en otras partes del país–, ofrecemos formación en cuanto al armado y uso de esta batería psicotécnica.
Mirada de género
Por su parte, la psicóloga Romina del Pozo, integrante del equipo de Violencia Familiar de la Dirección provincial de Políticas de Género, sostuvo que es necesaria una mirada de género en los evaluadores de la policía, ni bien conocida la noticia.
“Hay que recordar que el abusador o golpeador tiene muchas posibilidades de repetir este patrón de conductas”, remarcó en diálogo con LT10 y enfatizó: “No hay test específico para determinar si una persona es abusadora o maltratadora. Sí hay ciertos rasgos de personalidad en formas de pensar, de relacionarse, de percibir”.
Cuál es el límite
La licenciada en Psicología Evelin Bruno consideró respecto de su aseveración que la violencia es un rasgo –a veces– necesario en la fuerza policial: “Sé que puede resultar incómodo o hacer ruido escuchar esto, y más en el contexto del caso Morello, pero la realidad es que el impulso agresivo o la violencia es un rasgo inherente al ser humano. El punto es que el ser humano también posee la capacidad de controlarlos o canalizarlos de una manera que sea beneficiosa para él mismo y para sus pares. Este proceso muchas veces es inconsciente y en psicología recibe el nombre de sublimación. Ejemplo: un cirujano canaliza un impulso agresivo, lo sublima, contribuyendo a mejorar la calidad de vida de personas desconocidas”.
Para la profesional, según la OMS, la violencia es definida como el uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad.
“Teniendo en cuenta esta definición, el uso potencial o real de la fuerza física constituye un rasgo definitorio de la actividad policial tanto como uno de los más frecuentes motivos de preocupación pública sobre su actuación. Por eso planteaba que es tan importante realizar una buena evaluación sobre el control o no que un policía pueda hacer de este rasgo (lo que en psicología llamamos control de impulsos)”, agregó al respecto.
Y concluyó: “Podemos discutir cuándo el uso de la fuerza (o violencia) es una práctica desviada o un proceso normal e inminente a ciertas situaciones dentro de la propia actividad policial, pero esto ya abriría otro debate”.