Viernes 14 de Febrero de 2014
El jueves por la tarde, y luego de haber intentado contactarse con el servicio de ambulancias, Estela Maris Benítez, de 23 años, se vio obligada a parir a su pequeña en el asiento trasero de un automóvil.
La vecina, quien vive en la Manzana 6 de Alto Verde fue asistida por su hermana mayor, Roxana y Eva Dominga Coria, una vecina del barrio que casualmente pasaba por allí. “Tuve a la nena cuando estábamos viniendo al hospital. Llamamos muchas veces a la ambulancia, pero nos respondían que no podía llegar”, relató Estela Maris Benítez al momento de ser entrevistada por Diario UNO en la habitación que ocupa junto a su pequeña.
A pesar de los reiterados llamados al 107, la ambulancia nunca llegó a tiempo. Si bien, el contacto con el servicio de asistencia comenzó alrededor de las 18, el transporte que debía asistir a la madre nunca llegó al destino. La urgencia y la inminente llegada del bebé, sumado al nerviosismo de los padres, los obligó a dejar de lado la espera de la ambulancia y subirse al automóvil de un amigo de la familia para que éste los traslade hasta el Hospital Cullen.
“Salimos mi marido, mi hermana y un amigo de mi marido. Hacía dos horas que estaba llamando a la ambulancia. Eran las 20 y no llegaba. Así que decidieron traerme en auto”, relató la joven madre.
Con un trabajo de parto muy avanzado, Estela sólo tuvo que pujar una vez para que su hija viniera al mundo. Dalinda Roxana Báez es el cuarto hijo de Estela, pero la primera mujer en su familia.
“Es la más mimada, mis familiares están abajo esperando la hora de visita para poder verla otra vez”, agregó.
A pesar de las dificultades, Estela no permitió que los nervios la traicionen. Con la ayuda de Roxana (su hermana) y Eva (una vecina), esta madre dio a luz casi sin darse cuenta. “Al principio estaba nerviosa, porque no me imaginaba que la iba a tener en el auto. A mi marido le apretaba la mano fuerte, mientras la nena nacía, pero sin darme cuenta”, señaló la mamá.
Una beba rozagante
El nacimiento de Dalinda Roxana tuvo lugar en la Manzana 1 del barrio de Alto Verde, eran las 20.30 cuando la pequeña despertó la curiosidad de los vecinos del lugar. “Cuando la nena nació, volvimos a llamar a la ambulancia y nos pidieron que la cubramos, que ellos estaban en camino. Demoraron veinte minutos. La nena estaba bien, lloraba”, relató la madre aliviada.
Desde el momento de su llegada a este mundo, la nena que pesó 2,750 kilogramos demostró tener una salud de fierro. Y es que su llanto se hizo sentir en las calles del distrito costero. Luego de haber vivido una odisea durante el nacimiento, la madre y su pequeña se encuentran internadas en la sala de maternidad del Hospital Cullen, ambas se encuentran en excelente estado de salud y hoy esperan recibir el alta médica. Mientras tanto y como medida preventiva, Dalinda fue sometida a diferentes análisis para descartar cualquier tipo de virus o infección.
“Mientras sea sanita y pueda salir lo antes posible del hospital, mejor. Eso es lo mejor que puede pasar”, afirmó Estela mientras miraba a su pequeña hija que dormía a su lado.
Solidaridad
La otra protagonista de la historia es Eva Dominga Coria, la vecina que asistió como partera a Estela cuando pasaba caminando por el lugar. “La llevaban al hospital, cuando yo pasaba caminando por el lugar y uno de los hombres que la acompañaba me preguntó si podía ayudarla. Yo paré y la ayudé pobre mujer, ya estaba la cabecita afuera. La ayudé para que saliera del todo”, contó emocionada Eva.
Esta vecina, que desde hace 22 años vive en el barrio, a diario sale a caminar para ejercitarse. Por lo general, siempre realiza sus ejercicios acompañada de su hija o cuñada. Al momento de asistir a Estela, estaba sola. Eva relató que al principio tenía miedo, porque los hombres que la sorprendieron al salir del auto la llamaban al grito de: “¡Pare, pare!”. “Y me hacían señas con las manos y yo no sabía qué pasaba porque pasan tantas cosas hoy en la calle que uno nunca sabe”, afirmó.
“Mi señora está por tener familia –relató Eva que le dijeron– venga a ayudarme que ya está con la cabecita afuera. Y ahí me acerqué al auto. Estaba la señora con la beba que estaba naciendo”. En un instante, la vecina pasó de disfrutar su caminata a un estado de plena tensión. El bebé estaba naciendo y había poco tiempo: “Vino una contracción y salió la beba, una criatura hermosa”, relató Eva.
A la vecina que por unos instantes se convirtió en partera por solidaridad a una joven madre, le costó describir con pocas palabras las emociones que la invadieron al momento de ver salir a la beba.
“En ese momento se siente una emoción terrible, no se puede describir con palabras. Me agarró un escalofrío en el cuerpo cuando vi la cabecita afuera”. Esta mujer, que trabaja como ama de casa, madre de nueve hijos y abuela de seis nietos, nunca había pasado por una situación similar. “Yo sentí una emoción terrible, por el momento. Ver nacer a una criatura es lo más natural del mundo, pero cuando a uno le toca atravesar esa situación no lo piensa. Nunca creí que me iba a pasar”, finalizó Eva con una sonrisa radiante.