La autoconstrucción, otra forma de vincularse con la tierra
Fernando Salvador lleva más de un lustro levantando casas de adobe. Cómo lleva adelante la fusión de saberes ancestrales con técnicas modernas. Aislación térmica y menor humedad, las ventajas.

Domingo 20 de Octubre de 2013

 Hipólito Ruiz

Diario UNO de Santa Fe

Fernando Salvador llegó desde Comodoro Rivadavia hace tres años. En un principio se instaló en plena ciudad de Santa Fe, pero al poco tiempo se pudo mudar con su pareja a una casa en Colastiné Norte, donde se sintió mucho más cerca de la forma de vida que quiere. Es un defensor de la permacultura (ver página 13), y a diario intenta propiciar un vínculo muy cercano con la tierra.

Hace unos seis años hizo un viaje a la localidad rionegrina de El Bolsón. Allí coincidió con la presentación de los documentales “El barro, las manos, la casa”, de Jorge Belanko. Aprovechó para interiorizarse en la temática de la autoconstrucción y asegura que se “le prendió la lamparita”. Fue a hacer cursos, invitó a Belanko a que vaya a hacer un taller intensivo a Comodoro Rivadavia, asistió a un congreso y empezó a descubrir que le gustaba la arquitectura y todo lo relacionado con técnicas que le permitan a las personas construirse su propia vivienda.

Su último trabajo lo hizo junto a Alejandra Ramseyer, una vecina de Villa California. En la huerta orgánica que posee a dos cuadras del lugar, Salvador hizo cerca de 4.000 ladrillos de adobe. Para poder confeccionarlos utilizaron arena y pasto de la zona, mientras que la arcilla la tuvieron que comprar. Para levantar la casa, de unos 40 metros cuadrados, desde el corte del primer ladrillo hasta los actuales trabajos de revoque y pintura, las tareas no demandaron más de seis meses que se dividieron en etapas de acuerdo a las posibilidades económicas.

“Los beneficios de la construcción con barro son varios”, aseguró Salvador y enumeró: “Por un lado hay que decir que térmicamente este material es bueno en todas las estaciones, sobre todo en las más rigurosas. En verano, el ambiente está más fresco, porque no deja entrar la temperatura. Mientras que en invierno guardan bien el calor”.

La construcción cuenta con muros de 30 centímetros de ancho. Eso permite una gran aislación térmica. “Aparte el barro respira el aire y la humedad, por lo tanto son muy saludables en cuanto a la cantidad de humedad dentro de las casas. Nunca hay más de un 50 por ciento de humedad en este tipo de construcciones. Si hay más humedad afuera siempre se va balanceando. Por eso se cuida que las pinturas estén acorde a las paredes. Esto no se puede pintar con un látex. En estas paredes se tienen que usar pinturas a la cal que les permitan respirar. De esa manera conservan su propiedad que es beneficiosa para la salud y que está relacionada con el equilibrio de la humedad”, aseguró.

Salvador asegura que ante las bajas temperaturas este material también es muy bueno porque si se genera un poco de calor, eso queda contenido. “Pero siempre tiene que haber un balance en la construcción –aclaró–. Cuanto más vidrio uno le pone a la casa es más permeable a las temperaturas. Teniendo paredes de este tipo, sólo con cocinar uno está aportando un calor que va a hacer mucho más agradable el ambiente de la casa”.

Además, la casa tiene techo vivo, con una buena capa de tierra y pasto que también genera que sea muy aislante y que no se vaya el calor. Pero, a la vez, al tener mucho verde transforma al ambiente en algo muy fresco en el verano.

—¿Cómo se hace para que ese techo vivo no pase humedad a la casa?

—Trabajamos con capas impermeables de nylon que pueden ser de entre 400 u 800 micrones. Generalmente se trabaja con capas impermeables de alta densidad. Pero, en este caso, tuvimos un pinchazo y se nos filtró humedad en una de las puntas del techo. Eso lo reparamos y ahora estamos esperando que llueva bastante para saber si todo quedó bien.

Al ser consultado sobre si el techo vivo debe cumplir con algún requisito especial, Salvador dijo: “Tiene que tener pasto que sea de la zona. Incluso en algunas construcciones que hicimos no le pusimos pasto y las mismas semillas que tiene la tierra hizo que después crezca. La idea es que haya pasto natural de la zona donde se está construyendo y no que sea una siembra de una pastura en particular. Lo bueno de la pastura silvestre es que siempre tiene sucesión. Por lo general tiene seis o siete variedades que algunas son de verano y otras de invierno y siempre se están reponiendo”.

Por su parte, la dueña de casa aportó: “El techo de esta construcción es muy pesado, está cerca de las 12 toneladas, y no tiene columnas a excepción de la central. Después todo el peso lo tienen que aguantar las paredes. Por eso las botellas que tenemos están acostadas y se les corta el pico y se les pega otro fondo para que queden cilindros”.

La construcción que levantó en Villa California cuenta con varios agregados de vidrio en las paredes que le posibilitan el ingreso de luz natural. En ese sentido, Salvador asegura que el barro permite estéticamente modelar y agregar muchas cosas. “A partir de lo que hemos aprendido con Jorge Belanko pusimos en práctica la incorporación de botellas. Para proteger a esos elementos de vidrio lo que hacemos es un dintel, que sería cruzarles un palo por arriba que sobresale un poco de las ventanas y de las botellas para poder soportar el peso. Eso nos permite repartir el peso de arriba hacia los costados”, explicó Salvador.

En cuanto a cómo se protegen a los muros de las precipitaciones, el constructor dijo: “En primer lugar hay que proteger las paredes con un zócalo que está hecho de cimientos y sobrecimientos de cemento y ladrillo cosido. Eso lo que hace es separar el barro del suelo para que no tenga humedad ascendente y para evitar tener problemas con las salpicaduras. Además se trabaja con techos con aleros importantes que ayudan a atajar una gran porción de la lluvia. Mientras que en los revoques de exteriores se trabajan a la cal para proteger las paredes del lavado del barro”.

“Pero en interiores el revoque es de tierra. Esto se hace así para favorecer estas propiedades de respiración que tienen las paredes y que se logra por la porosidad que les da el barro. Por eso es importante darle la terminación con una pintura a la cal o a la arcilla”, agregó.

Salvador asegura que siempre hay que aprovechar lo que se tiene a mano y que la madera y la caña son materiales que también son muy buenos complementos del barro. “Uno baja costos en todo lo que es materiales, pero en la mano de obra puede ser igual o un poco mayor que en la construcción tradicional porque es un trabajo más especializado”, argumentó.

“Nosotros dejamos pudrir la hoja de tuna para que forme como una gelatina que luego se la ponemos al barro para hacer los revoques de exteriores. Eso lo impermeabilizó. Hay una fusión entre los saberes ancestrales con los arquitectónicos modernos. Esta casa tiene un lindo diseño, orgánico y eso es lo que te permite el adobe, que es mucho más moldeable”, finalizó.