Domingo 20 de Octubre de 2013
Hipólito Ruiz
Diario UNO de Santa Fe
A Fernando Castillo le descubrieron una enfermedad hereditaria cuando tenía dos años. Se trata del síndrome de Marfan, una dolencia que puede afectar la vista, generar problemas en la estructura ósea e inconvenientes cardíacos. El pequeño, oriundo de la ciudad de San Justo, tuvo la principal afectación en la visión.
Mariela Chervaz, mamá del nene que hoy tiene nueve años, le contó a Diario UNO el largo peregrinar de su familia para conseguir un mejor futuro para su hijo. “La enfermedad la tuvo mi papá, la tenemos las tres hijas de él, y yo se lo heredo a tres de mis cinco hijos. Nosotros teníamos la sospecha de que era síndrome de Marfan porque cuando Fernando empezó a crecer observábamos que no veía casi nada. Por eso a los dos años lo empezamos a llevar a Buenos Aires, donde se le hicieron los estudios de genética y se confirmaron las sospechas”, dijo.
Luego describió: “El síndrome le produjo a Fernando la subluxación de cristalino, a nivel cardiológico tiene una fisura en la válvula tricúspide y dilatación de aorta. Mientras que en lo traumatológico produce escoliosis. Pero ésos son síntomas que uno los tiene que controlar a lo largo de la vida y hasta el momento no pasa nada. Pero el problema era la vista. Antes de la cirugía Fernando tenía que usar lentes de -12 y -16. Eran lentes gruesísimos que los hacíamos por laboratorio para que sean lo más finos posible”.
“Desde los dos años hasta el miércoles 2 de octubre que lo operaron del primer ojo, él tuvo que usar sus lentes. Nadie lo quería tocar porque además de la luxación del cristalino, sus ojos están como si fueran viejos. El cristalino que a él le sacaron estaba todo amarillo y arrugado, cuando como su nombre lo indica debería ser como el cristal, transparente”, explicó.
“El problema –continuó– era que la operación tenía riesgos como el desprendimiento de retina. Es una cirugía de muy alta complejidad. Hasta que encontré al doctor Julio Manzitti, que lo operó en su clínica privada. El 28 de septiembre tuvimos un encuentro con él y nos dijo que lo podía operar. Nosotros no lo podíamos creer, teníamos una alegría impresionante porque fue el único oftalmólogo que se animó a operarlo. Nosotros consultamos a muchos médicos en Santa Fe, en Buenos Aires. Nos movimos por todos lados y nunca nos quedamos cruzados de brazos”.
La solidaridad a flor de piel
Pero la alegría, en ese momento, no pudo ser plena. El doctor Manzitti no atiende por obra social y el presupuesto de la operación ascendía a 60 mil pesos. El único ingreso que tiene la familia es el del papá de Fernando, que trabaja de parrillero en un restorán de San Justo.
“Cuando volvimos estábamos desesperados para ver cómo hacíamos para juntar esa plata. Salimos en los medios locales para decir que íbamos a hacer ventas de pollos a beneficio para que la gente de San Justo sepa y nos ayude. En una de las charlas me preguntaron si recibíamos donaciones y yo dije que en ese momento todo nos venía bien, no nos íbamos a ofender. Y la gente sola empezó a ayudarnos con plata. De jueves a jueves se juntaron los 60 mil pesos”, dijo emocionada.
Chervaz agregó: “Nos mandaban un mensajito para decirme por dónde podía pasar a buscar el dinero. Empezamos a juntar donaciones de 50, 100, 150 pesos y abrimos dos cuentas, una del Banco Credicoop y otra de la Mutual del Club Colón de San Justo. Ahí fue gente a depositar anónimamente y en una semana se juntaron los 60 mil pesos. Nosotros no caíamos; no pensábamos que eso era posible. Porque 60 mil pesos es mucha plata. Incluso la escuela a la que va Fernando organizó una rifa y con eso juntaron otros 8.000 pesos que nos ayudaron a pagar los gastos de alojamiento y comida que tuvimos en Buenos Aires”.
Al momento de dejarle un mensaje a la comunidad de San Justo, Chervaz expresó: “Tenemos una eterna gratitud a toda la gente de San Justo, Crespo y Videla, porque se acercaron de todos lados. Las familias Castillo y Chervaz les vamos a agradecer eternamente lo que hicieron. Hubo mucha gente que no conocíamos y que nos llevó su aporte. Algunos me llamaban y me decían que tenían nada más que 50 pesos y yo les decía que todo sumaba. Y sumamos todo lo que necesitábamos”.
“Además hay un dato”, dijo la mamá de Fernando y añadió: “Sólo hubo tres donaciones grandes, una de 10 mil y dos de 5 mil. Todo lo otro lo juntamos con donaciones de 50, 100, 200 pesos. Hubo algunas de mil pesos y dos o tres de 3.000 pesos. Íbamos en familia a buscar la plata porque queríamos que se haga todo de la forma más transparente posible”.
“Lo mejor de todo esto es que hoy mi nene ya no tiene que estar a 15 centímetros de la pantalla de la computadora para poder ver qué dice. Su recuperación va a ser paulatina. A medida que vaya pasando el tiempo él va a ir viendo cada vez más. Por ahora se tiene que cuidar, la luz del sol le hace mal. Pero apenas pasaron dos semanas de la primera operación y una de la segunda. Es muy poco tiempo, pero ya se ven los cambios. Se levanta y se acuesta sin los lentes. Ahora tiene las lentes intraoculares. Le cambió la vida. Fernando es feliz”, concluyó.