Sábado 23 de Noviembre de 2013
“Todo aquel que piense que está solo y que está mal tiene que saber que no es así, que en la vida no hay nadie solo, siempre hay alguien”, danza la canción que inmortalizó Celia Cruz, que utilizó la cortina diaria de la tira Buenos Vecinos y que bien puede describir al barrio Sargento Cabral. En el cuadrilátero que conforman Vélez Sarsfield y Víttori, y Gorostiaga y Pedro Centeno, la confianza aún circula como moneda corriente y es habitual entre los vecinos.
Pedir a quien vive al lado o enfrente que “mire la casa un ratito” o que “se asome si escucha algún ruido extraño” para ir a hacer un mandado o durante una ausencia más larga es parte de la rutina de este sector de la capital provincial.
En estas semanas, en esas cuadras se realizan numerosas despedidas de año, que se extienden a lo largo de las calles o veredas, con mesas largas que reúnen a los que viven en la cuadra. “A la canasta”, dicen las invitaciones improvisadas en algún papel bajo la puerta.
Esa familiaridad en el trato es la singularidad con la que los propios habitantes de Sargento Cabral definen su barrio. Muchos lo caratulan de tranquilo y se alegran de que “ya no se necesita ir al centro para conseguir las cosas” porque en la avenida hay negocios de todos los rubros.
Eduardo Jáuregui es el presidente de la vecinal Sargento Cabral, una de las tres que se desarrollan en ese mismo cuadrilátero –las otras son San Roque y General Alvear– y vive en la zona hace más de tres décadas. “Acá hay muchos comercios en la avenida, en los cuales trabaja mucha gente del barrio. Éste es un lugar tranquilo, sin riñas. Hace infinidad de años que se realizan los bailes acá en la vecinal y nunca hubo problemas. Es toda gente buena”, señaló Eduardo.
“Más allá de la avenida, hay muchos negocios dentro del barrio también. Hay autoservicios de muchos años, almacenes, de todo un poco. El supermercado también, hace muchos años que existe, sólo que fue cambiando de ubicación. Al principio, cuando funcionaba en General Paz a unas cuadras de donde está ahora, se llamaba Dalce. Cambió cuando se mudó a la esquina de Alberdi y Salvador del Carril. De ahí, se pasó a lo que era el Cine General Paz, que es donde sigue funcionando”, recordó el presidente de la vecinal.
LAS CALLES SIN NOMBRE
“Cuando yo compré mi casa, en la escritura el barrio no figuraba como Sargento Cabral, sino como Llambi Campbell. Donde estaba mi casa, antes había una cava y enfrente se encontraban las canchas de fútbol. Después las remataron, vendieron los terrenos y ahí se empezó a construir más”, indicó Eduardo.
Y sumó más detalles: “Antes también muchas calles del barrio tenían número como nombre. Desde Pedro de Vega, que era la 24 Sin Nombre; después Ricardo Aldao era la 25; Cassanello era la 26; y así hasta la 30 que era avenida Galicia, donde había toda una laguna y pasaba el tranvía por el medio”.
Décadas de crecimiento
Tanto General Paz como Salvador del Carril crecieron en los últimos años desde el punto de vista comercial. Lejos quedaron los tiempos en los cuales pasaban el panadero y el lechero en bicicleta, ofreciendo su producto a viva voz.
Hoy se mantienen los supermercados que trabajan en la zona desde hace décadas, pero también se multiplican los negocios de otros rubros. Las artes se ganaron su lugar con academias de danza y lo mismo ocurrió con los gimnasios, que de a poco se instalaron en el barrio.
Los bazares con llamativos conjuntos de pelotas y juguetes todavía colorean las amplias veredas que regala la avenida principal y se mezclan con las risas de los escolares en distintos horarios y con el aroma de las panaderías que eligieron asentarse en ese sector de la ciudad. Los pubs y restoranes le pusieron brillo a las noches de muchos vecinos que eligen pasar el calor con un buen liso.
Una miniciudad en el corazón de la capital de la provincia
En el barrio Sargento Cabral hay tres líneas del transporte público de pasajeros que lo conectan con todos los puntos cardinales. Se trata de la 8 y la 14, cuyos mayores tramos de recorrido se ubican sobre la avenida General Paz; aunque ingresan a las calles internas en algunos sectores; y de la 9, que tiene un recorrido en sentido este-oeste que le permite una conexión, por ejemplo, con las avenidas Aristóbulo del Valle y Facundo Zuviría.
Los espacios verdes tienen características muy diferentes entre sí y se encuentran bien distribuidos. En la zona este del barrio se encuentra la plaza Vucetich, la más pequeña, de forma triangular, sobre General Paz entre Derqui y J.M. Zuviría.
En el centro del cuadrilátero se ubica la plaza Sargento Cabral, sobre calle Alvear a la altura del 4.700. Es un predio amplio, con un playón deportivo estrenado hace pocos años, que se ubica junto a la escuela primaria que lleva el mismo nombre.
El ámbito de recreación al aire libre más importante del barrio es el Parque Federal, con acceso principal desde Salvador del Carril y Pedro Víttori. Allí se erige el edificio más característico del barrio: La Redonda.
Cientos de santafesinos llegan al lugar cada fin de semana –muchos se animan también en las siestas de buen sol– con equipo de mate en mano y, cuando el viento lo permite, los barriletes más variados.
Deportes
Sobre la avenida General Paz es frecuente observar grupos de jóvenes con atuendo deportivo, recién salidos de un partido de Fútbol 5, reunidos en algún kiosco con un par de gaseosas. No son los únicos deportistas que suelen circular por ese ámbito: allí se pueden ver patinadoras, voleibolistas y hasta adultos mayores que vuelven de jugar a las bochas.
En el barrio Sargento Cabral hay al menos cinco clubes relevantes y con una extensa trayectoria: Villa Dora, Sargentito Club de Bochas, Liverpool, Club Provincial y Club Argentina. A ellos se suman las actividades que se brindan en la sede vecinal.
En cuanto a los escolares, hay de todos los niveles, porque en el barrio se emplazan dos escuelas de nivel primario, Sargento Cabral y Luis María Drago; una de nivel inicial a secundario, San Roque; y un secundario, Nicaragua.
La escuela Drago, sobre General Paz, cumplió su primer centenario en 2012. Se había creado en 1912 con el objetivo de incluir en el sistema educativo a los hijos de los trabajadores ferroviarios que se ubicaban en el norte de la ciudad.