Martes 18 de Marzo de 2014
En el 2012, las lágrimas de una pequeña resonaron en la cabeza de su padre. Cuestiones familiares y económicas impedían que la nena no pudiera practicar su deporte favorito: el hockey.
Negándose a aceptar las circunstancias que amargaban a su hija, Ramón Quinteros, decidió poner manos a la obra para que su hija Florencia pudiera llevar adelante sus deseos.
Fue así que padre e hija comenzaron a limpiar y desmalezar la cava Lombardo, al mismo tiempo que las empresas de la zona se acercaban y aportaban la maquinaria gratis. Los comerciantes de la avenida Peñaloza avalaban el proyecto.
“La iniciativa nació en el 2012. Tenía la mala suerte de que mi hija no podía practicar este deporte por cuestiones familiares y económicos— relató Ramón—. Así que me encuentro un día con la nena llorando y con el palo de hockey. La idea es salvar la infancia para darles oportunidades a las nenas de bajo nivel que puedan hacer hockey”.
Dos años después, el sueño de Florencia se contagió y hoy muchas chicas del barrio asisten a practicar este deporte.
Tan solo el año pasado, los organizadores de la “Escuelita de Hockey Lombardo”, lograron reunir a más de 67 jóvenes de diferentes edades y barrios de la periferia.
Con gran esfuerzo y gracias a las donaciones de funcionarios y empresarios, las chicas hoy cuentan con los elementos necesarios para practicar. Todas las nenas que tengan cinco años pueden acercarse a las instalaciones del predio. (Para quienes se crean demasiado grandes para sumarse, es importante decir que no hay límite de edad para anotarse).
A pesar de que no cuentan con un plantel de profesores, las chicas reciben el entrenamiento por parte de jugadoras de distintas edades.
Por ahora las prácticas de hockey se realizan los días lunes y miércoles en el horario de 18 a 19.30. Hoy los organizadores de la escuela están analizando la posibilidad de ampliar los días y horarios de entrenamiento. Ya que de aquí a poco, cuatro mujeres se incorporarán al actual equipo de entrenadoras.
“Nos vamos a sentar a hablar para ver si podemos dar cuatro días a la semana”, dijo Ramón Quinteros.
Uno de los objetivos que se plantearon este año, es la organización de un equipo grande conformado por chicas mayores de doce años.
“Está un poco complicado, pero vamos a tratar— agregó Ramón—Queremos ir a hablar a los barrios, en las escuelas para poder armar un equipo grande y comenzar a competir en Santa Fe”.
Las inscripciones están abiertas todo el año, para todas aquellas que quieran acercarse y unirse a este proyecto. Tanto para jugar como para enseñar.
Adaptación
El principal obstáculo que la escuelita se vio obligada a afrontar fue el desconocimiento de los vecinos.
“La gente del barrio decía ‘hockey’ y todas las probabilidades apuntaban a que no íbamos a poder llevar adelante este proyecto— explicó el principal impulsor de esta iniciativa— porque es un deporte caro y los vecinos no lo conocían”.
De a poco la curiosidad empezó a generar adeptos y a medida que se les explicaba de qué se trataba, empezaron a incluirse. “En un principio las nenas estaban bastante complicadas porque no lo conocían — relató emocionado Ramón— y ahora andan con el palo por todos lados. Y están todas con el hockey acá en el barrio”.
Como todo proyecto que se inicia a fuerza de pulmón, la escuela cuenta con una importante serie de necesidades a cubrir. La limpieza del basural que está ubicado en cercanías de la cava que hace de predio es una de ellas. A pesar de que los vecinos han realizado campañas para mantener limpio el espacio, aún hay gente que continúa tirando residuos.
“Los vecinos colocaron carteles para evitar este tipo de práctica y limpiar todo para que las nenas puedan practicar”, relató Quinteros.
En el inicio de la temporada de entrenamiento, la principal necesidad es la construcción de un par de baños para que las chicas puedan estar cómodas durante el transcurso de las prácticas.
“Ahora necesitamos un albañil que colabore para que las nenas puedan tener un lugar adonde ir tranquilas — señaló Ramón—. En otro momento, las mamás tapaban a las nenas con un toallón para que pudieran hacer pis; era la única forma”.
Este año Ramón cuenta con la colaboración de un grupo de padres que lo acompaña en la organización de esta escuelita. Hoy el desafío de todos es reunir los fondos necesarios para que las nenas puedan visitar a sus compañeras del club El Quillá, quienes las invitaron a compartir una tarde de merienda.
“Sería bueno que la gente se acerque a colaborar con el proyecto. Nos hacen falta muchas cosas— explicó el vecino—pero no podemos pedir todo lo que necesitamos porque hay que ir de a poco. La situación hoy está complicada. La idea es que la gente se sume, venga y lo vea”.
Con la única idea de mantener en alto un sueño, este grupo de vecinos, padres y comerciantes siguen adelante para que este proyecto crezca-