Martes 07 de Octubre de 2014
Las mujeres que calzan más de 40 se encuentran con un problema recurrente: conseguir calzado femenino para sus pies se transforma en una verdadera odisea, más si se trata de jóvenes que buscan estar a la moda.
La demanda que existe en la actualidad en el mercado da cuenta de que cada vez son más las chicas de pie grande. Sin embargo, los fabricantes de la industria del calzado no han podido adaptarse aún a esta realidad. Entonces, las mujeres deben conformarse con usar un zapato hecho para hombres o estar dispuestas a pagar una cifra superior para que alguien les haga un par a medida.
Inmaculada Ruiz Santana vive en Buenos Aires y calza 41. Hace seis años escribió una carta de lectores a un diario de tirada nacional y recibió numerosas respuestas de personas que padecían, como ella, el problema de no conseguir zapatos de su talla. Entonces decidió fundar el Club del Pie y a través de internet recibió la solicitud de más 7.000 mujeres en la misma condición.
En diálogo con Ser Un@ responsabilizó a cierto tipo de calzado de deformar el pie: “Las zapatillas de lona en los últimos años hizo que se desmadren los pies de las mujeres que las usan desde niñas inclusive. A quienes tuvimos la fortuna de calzar siempre zapatilla de cuero o de un material similar, el pie no nos ha crecido tanto como a las nuevas generaciones; también se da esto en la zona de los ríos o de las playas, donde la gente utiliza habitualmente las alpargatas y las ojotas”, aseguró, y comentó: “Por otra parte, hay una incidencia genética. Está comprobado que el ser humano ha ido aumentando su tamaño y en esto tiene mucho que ver la alimentación y los productos industrializados y con mayor cantidad de aditivos que se consumen.
Antes, una mujer de 1,70 metros era considerada alta, y ahora son muchas las chicas jóvenes que miden entre 1,80 y 2 metros. Como existe una proporción entre la altura y el tamaño del pie para garantizar un equilibrio del cuerpo, son numerosas las mujeres que calzan 41 o 42, y más también”.
Inmaculada sostuvo que incluso en China, donde la mujer se caracterizaba por tener un pie muy chico y calzaba 35 o 36, ahora se comercializan de modo habitual zapatos de talle 37 o 38.
Sin fabricación masiva
En Paraná se pueden conseguir zapatos números 40 o 41, pero es difícil conseguir más grandes. Belén atiende una zapatería ubicada en la Peatonal y comentó a Ser Un@ que cada vez hay más chicas que consultan por calzado en talles grandes y que se consiguen algunos modelos, pero que son más costosos: “Un par para fiestas cuesta alrededor de 1.200 pesos, y es difícil conseguir clientas dispuestas a pagar un precio tan alto. Lo que pasa es que los costos son superiores porque se hacen de manera artesanal y con materiales de cuero”, dijo.
Quienes calzan más de 41 se las ingenien buscando opciones por internet, pero con el inconveniente que tienen que irse a Buenos Aires o a otras ciudades a probárselos o esperar que se los envíen con el riesgo de que no le anden. Esto le pasaba a María del Carmen González, oriunda de Concepción del Uruguay, quien al no encontrar a menudo lo que buscaba decidió informarse sobre los mercados actuales y ahora vende a través de Facebook calzados de talles especiales por encargo. “Hay que pedirlos como mínimo 20 días antes y para eso se saca la medida, el largo del pie, su ancho y el contorno del empeine”, explicó, y a la vez aclaró: “Hace menos de un mes que empecé y enseguida aparecieron muchas mujeres a hacer su pedido porque no consiguen su número en las zapaterías”.
María del Carmen contó que al primer par que vendió se lo compró una chica cuya mamá calza 42 y jamás en su vida usó zapatos de corte femenino: “Siempre se puso zapatos de hombre y su hija se los va a regalar para el Día de la Madre. Se los llevó emocionada y eso me gratifica, porque a las mujeres nos encantan los zapatos y no haber podido conseguir nunca un par de mujer acompleja”, sostuvo.
En cuanto a los precios, señaló que se pueden conseguir chatitas ya fabricadas del 40 al 46 en 500 pesos, pero aclaró que los zapatos de fiesta son más caros: “Un calzado fino tiene un costo de unos 1.500 pesos”.
Por su parte, Inmaculada Ruiz Santana explicó que esto se debe a que para fabricarlos la inversión que se debe hacer es importante. “Una horma económica cuesta 300 pesos y por par se necesitan dos. Si se piensa en manufacturar calzado desde el 42 al 46 se necesitan 10 hormas y el costo es de 3.000 pesos. A eso hay que sumarle los diseños, que son 1.500 pesos más. Las hormas son importadas y la maquinaria también es cara. No es como la ropa, que para hacer un talle grande se precisa un poco más de tela, de hilo y de voluntad, sino que en este caso es más oneroso y más difícil amortizar la inversión”.
Inmaculada recordó que en Buenos Aires existe una legislación que obliga a garantizar la existencia de calzados especiales pero que no se cumple. “Sin toma de conciencia sobre esta necesidad no va a haber un cambio. Hay mujeres que toda su vida debieron usar mocasines o zapatillas de hombre y en el caso de las deportistas, es contraproducente, porque el hombre tiene otra forma de pisar y la forma del zapato es distinta. Por eso es más frecuente que se luxen o se lesionen más las mujeres con pie grande que las que tienen pie chico”, aseguró.
Mientras tanto, hasta que esto pueda ir cambiando, la imagen de la Cenicienta, el personaje del cuento escrito en el siglo XVII por el francés Charles Perrault que sembró un imaginario acerca de que los pies pequeños son sinónimo de belleza, seguirá vigente. Aunque cada vez haya más mujeres cuya talla del calzado es superior a que calzan más de 40. Ellas no sueñan con un príncipe azul sino con algo más accesible pero al parecer igual de imposible: tan solo con un par de panchas para poder estar a la moda este verano.