Lunes 09 de Junio de 2014
La semana pasada, en el marco del Día Internacional de la Acción por la Salud de la Mujer, la Universidad Nacional del Litoral organizó una serie de actividades destinadas tanto a la comunidad universitaria como al público general que tuvieron como objetivo profundizar el trabajo que se viene llevando adelante para la prevención y promoción de la salud de la mujer desde la entidad.
Entre las actividades desarrolladas la charla “Las mujeres mayores hablamos de sexo” fue una de los más sobresalientes, ya que abordó una temática que muchas veces es negada u ocultada por la sociedad en general y sobre todo por los mismos adultos mayores.
Ser UN@ dialogó con una de las profesionales a cargo del espacio, la licenciada en psicología y sexóloga clínica Nadia González quien reflexionó y analizó sobre dicho eje.
“Tendríamos que empezar hablando sobre qué es sexualidad, puesto que habitualmente se la asocia a una actividad genital y coital.
El concepto de sexualidad es mucho más completo e integral”, dijo y agregó: “Cuando hablamos de sexualidad hacemos referencia al sexo, las identidades y los papeles de género, la orientación sexual, el erotismo, el placer, la intimidad y la reproducción, entre otras. Está presente a lo largo de toda la vida, aunque se manifiesta de diferentes maneras y atraviesa diferentes etapas en el transcurso”.
—Ver un beso entre dos personas de cabello blanco puede generar ternura en muchos y rechazo en otros, pero casi ninguno imagina una situación sexual entre ellos: ¿por qué pasa esto?
—Para algunos pensar acerca de la sexualidad en la tercera edad puede resultar inconcebible puesto que ha sido sistemática y profundamente ocultada. Además está cubierta con una serie de mitos que no hacen más que perpetuar su invisibilización. Desde el modelo imperante en la actualidad, los placeres emocionales y psicológicos de la intimidad, de la proximidad física y el orgasmo, solo están reservados a los cuerpos plenos de juventud. Por lo tanto, presenciar una escena de un beso entre adultos mayores puede automáticamente encender en el observador una serie de prejuicios como el del “viejo verde”. Pensemos por ejemplo cuando un adulto mayor va a vivir a la casa de uno sus hijos, habitualmente le arman la cama en la habitación de los niños, suponiendo que no necesita un espacio propio ni intimidad y que es lo mismo dormir en un cuarto empapelado de autitos y peluches, que rodeado de las cosas que para él o ella fueron y son valiosas. Estas son formas de despersonalización, de negar la individualidad del otro y también su sexualidad, negándole la intimidad.
—La sociedad suele tildar a los adultos mayores de “asexuados”: ¿existe una edad límite para la sexualidad?, ¿cuál?
—Es habitual que se piense a los y las adultos mayores como “asexuados”, sin deseos y poco atractivos. Además, se cree que finalizada la función reproductiva se extingue el apetito sexual. Muy lejos de estas falsas afirmaciones, la respuesta sexual a la estimulación persiste a lo largo de la vida a pesar de algunos cambios físicos y hormonales propios de la edad. Incluso puede haber un aumento de actividades sexuales como aproximaciones físicas, caricias, complicidad, etcétera, que a veces suelen ser más ricas y satisfactorias que el coito. No existe, por lo tanto, una edad límite para las actividades sexuales. Hoy sabemos que el sexo juega un papel importante en la salud y es considerado un agente protector para llevar un envejecimiento pleno y saludable. Por suerte, ni la sexualidad ni el erotismo son patrimonio exclusivo de la juventud.
—A las mujeres, por sobre todo, les importa mucho llegar a la menopausia y lo que pasará en esta etapa y su sexualidad: ¿qué puede decirnos al respecto?
—Hay toda una cuestión terrorífica en torno a la menopausia que han transmitido algunos médicos o médicas sumado a las grandes empresas farmacológicas que se han encargado de sostener y germinar el miedo en diferentes espacios para vendernos los que se les ocurra en nombre de dominar “el Godzilla Menopausia”. Sin ánimos de negar los cambios físicos y hormonales relacionados con la menopausia, es importante transmitir que también es posible transitar esta etapa desde posicionamientos más saludables. Para algunas mujeres “cerrada la fábrica, se abre el parque de diversiones”. Sí podemos liberarnos de asociar sexualidad con reproducción y comenzar a vincularnos con nuestro cuerpo desde el placer y el erotismo, es posible que asumamos los cambios y nos hagamos cargo de ellos para continuar con una sexualidad repleta de satisfacción. En esto, el humor, el cuidado de la salud, el respeto, la comunicación, entre otros, son esenciales.
En ese contexto la profesional aseguró que “una mujer conectada con su propio cuerpo y su erotismo puede prescindir en absoluto de los modelos de belleza social y «televisivamente» establecidos”.
—En una nota pasada hablamos sobre la masturbación y su desmitificación: ¿qué pasa con esta práctica en la edad adulta?
—Un tema tabú por excelencia es la masturbación femenina y más aún en la tercera edad. Incluso en el siglo XXI todavía es difícil hablar sobre clítoris y masturbación sin que se escuche una carcajada o se nos sonrojen las interlocutoras. A pesar de su mala fama y los innumerables intentos fallidos a lo largo de la historia por erradicarla, la masturbación es una acción saludable y normal, incluso la mejor forma de conocer y explorar el cuerpo. Estar en contacto con las propias respuestas sexuales permitirá comunicarle al compañero o compañera sobre las necesidades y gustos, por lo que la intimidad suele volverse más satisfactoria. Para la psicoanalista Clara Coria, la masturbación es la clave para la libertad erótica femenina.
—Antes, hablar de abuelos era hacer referencia a personas de edad muy avanzada que para el imaginario colectivo no tenían sexo. Hoy la imagen de los abuelos es otra: ¿cómo hacer que ese título no les pese en su sexualidad?
—Referirse a alguien como “abuelo” o “abuela” sin conocer ni preguntar su nombre, es una práctica habitual y es tomada como un gesto de amabilidad, sin embargo suelen ser formas sutiles y encubiertas de despersonalizar al adulto mayor, ubicándolo en un rol estereotipado. Los adultos y las adultas mayores no son una población homogénea por lo que es complejo e inadecuado hacer generalizaciones. Por eso me parece fundamental tener presente que no se puede hablar de una sexualidad única, sino que existen tantas sexualidades como seres humanos en el mundo porque cada uno de nosotros posee una construcción individual de su propia sexualidad. Por lo tanto, y volviendo a la pregunta, algunas formas de quitar el velo sobre la temática son visibilizándola, abriendo espacios de reflexión, habilitando, respetando la intimidad, etcétera.
—Es frecuente que a cierta edad aparezcan algunos problemas vinculados con la sexualidad: ¿cuáles son ellos?, ¿son distintos para el hombre y la mujer?
—Podríamos decir que durante toda la vida tenemos “problemas” con la sexualidad o al menos se nos presenta como una abundante fuente de interrogantes. A los 12 años, a los 30, a los 50, a los 80, la sexualidad siempre nos va a poner un signo de pregunta al que tenemos que atender. Como se dijo antes, probablemente si una mujer basó su identidad femenina en los roles de esposa y madre, la llegada de la menopausia sea experimentada como el fin de su sexualidad. Pero esto no tiene que ser necesariamente así.
—Podrías dar algunos consejos.
—El modo en que vivenciemos la sexualidad durante la tercera edad está directamente relacionado con las actitudes que tuvimos a lo largo de la vida. Por esto es importante fomentar las fantasías, puesto que nuestra imaginación erótica constituye una expresión de vitalidad. Mantener o crear espacios de juego, de imaginación, novedad, misterio y sorpresa. Invítense a recorrer su cuerpo de manera diferente a lo habitual. Cuiden su imagen, tomen clases de teatro o baile, tengan proyectos. Permítanse gozar y vivir esta etapa como la merecen, libérense de los prejuicios y conéctense con el propio cuerpo y la sexualidad.