La “tropicalización del clima” recrudece la coexistencia de enfermedades estacionales
En otoño e invierno predominaron días cálidos por sobre los fríos y los cambios de temperatura radicales. Aún circulando la gripe, ya hubo un caso de dengue en Santa Fe. Ácaros, polen y otros alérgenos en el aire

Domingo 27 de Septiembre de 2015

En la región, en las temporadas de otoño e invierno predominaron este año los días cálidos por sobre los fríos y hubo cambios muy radicales de temperatura, incluso en el inicio de la primavera. La convivencia con días de calor primaveral, frío extremo y muchísima humedad no es gratuita, porque impacta en la salud de todos. Virus, bacterias y alérgenos que circulan y se vigorizan en una estación se enfrentan a condiciones ambientales que justamente hacen que su virulencia aumente y su circulación temporal se alargue. Ejemplo de ello es que en Santa Fe en pleno invierno se registró un caso de dengue mientras la gente sigue enfermándose de gripe y de otros virus respiratorios.

El virus de la varicela que antes era de contagio típico a fines de otoño y principios de primavera, ya circula todo el año. No solo en la provincia sino en el país. Tanto es así que acompañando este nuevo escenario epidemiológico, desde 2015 el Gobierno Nacional incorporó al calendario obligatorio y gratuito la vacuna contra esta enfermedad. Del mismo modo, las respuestas del organismo humano a los cambios de temperatura, otras condiciones climáticas y los distintos organismos alergénicos, también cambiaron en intensidad y prolongación. Al menos así lo explicaron, en diálogo con Diario UNO, la especialista en epidemiología Carolina Cudós y el especialista en asma, alergia e inmunología Gabriel Gattolín. Para la epidemióloga, “cuando la temperatura varía tanto de un momento a otro, a grandes rasgos, se ven enfermedades que aparecen y reaparecen –o conviven– conforme varía el clima de un modo poco habitual para la estación y, con ello, los hábitos de las personas para afrontar esa variación”.“Los cambios en la temperatura –explicó– favorecen que la gente enferme porque el cuerpo está preparado para trabajar a una cierta temperatura y tiene que utilizar mecanismos de regulación para poder seguir sobreviviendo a las distintas situaciones ambientales y climáticas. Cuando hace calor el cuerpo tiene que aumentar el intercambio para bajar su temperatura y conservarla alrededor de 36° para mantenerse en equilibrio. Muchas veces salimos desabrigados a la mañana, luego baja bruscamente la temperatura, no llevamos ropa suficiente para abrigarnos y eso genera problemas”. Sin norteCudós explicó también que como consecuencia de diversos factores, aunque principalmente por la “tropicalización del clima”, coexisten distintas enfermedades y no siempre resulta fácil para el equipo de salud diagnosticarlas o diferenciarlas.“Así como en el invierno es probable que tengamos más anginas, bronquiolitis, neumonías y enfermedades respiratorias en general, encontramos todavía entidades que no terminan de desaparecer, propias del verano: leptospirosis, gastroenteritis, y hasta dengue”, dijo.Otra situación atípica es la reemergencia de la paperas –en jóvenes y adultos–, y la circulación todo el año –y no solo a fines de invierno y en primavera, como era habitual– de la varicela, explicó la médica.Además, señaló que la resistencia a un germen que puede vivir en la garganta y en la nariz de las personas incrementó los casos de escarlatina en niños. “Esta enfermedad se desarrolla a partir de una angina muy dolorosa y erupción en la piel (sarpullido rojo con textura de papel de lija) por la toxina de la bacteria que está en la garganta (estreptococo A). Se contagia con facilidad por vía respiratoria, requiere de mucho cuidado y antibióticos”.“De modo tal –resumió–que tantas entidades mezcladas son algo novedoso y desafía a los médicos a saber mucho de epidemiología. Las personas están adquiriendo patologías que no eran típicas en un momento determinado del año”.—¿Esto pone en cuestión de algún modo el concepto de “enfermedades estacionales”?—Sí. Desde hace tiempo nosotros venimos tropicalizándonos, hay muchas enfermedades que antes eran netamente estacionales como la varicela y hoy está presente todo el año. Como resultado de esta vigilancia epidemiológica en Santa Fe hemos aislado, en pleno junio, enterovirus que provocan gastroenteritis, propias del verano. Esto es un reflejo de lo que ocurre en la naturaleza: tuvimos tantos días de calor y tantas horas de luz que los vegetales acumulan esa luz; hay plantas con flores en junio cuando deberían tenerlas en verano. La vegetación no puede “identificar” los cambios en el clima, la luz solar estimula la fotosíntesis y, con ello, el crecimiento y floración.—¿Podría profundizar lo que denominó como “tropicalización” y su efecto en las personas?—Sí. Se vincula principalmente con el cambio climático que ya fue advertido por la Organización Mundial de la Salud, aunque no solo con ello. La urbanización desordenada, el desmonte, la gran producción de residuos que tenemos en esta sociedad por tanto consumo, la contaminación, entre otras variables que impactan en el medio ambiente, favorecen el incremento de las temperaturas medias y cambios en el régimen de lluvias. Básicamente, en zonas estrictamente tropicales no se conoce el invierno. Si bien no hemos llegado a este punto, estamos experimentando ese proceso. Y a esto lo confirmamos en la salud: vemos enfermedades emergentes y reemergentes, que parecía que se habían ido. Desde los 90 que me formé en la Residencia no vi más parotiditis. Reapareció en 2014 en todo el país. Los médicos jóvenes tienen dificultades para diagnosticarla porque no vieron casos más que en la bibliografía. Posteriormente, la epidemióloga explicó que la tropicalización también extiende el período de circulación –y la expansión– del dengue y la chikungunya; y que se descubrió ahora en Brasil que el mosquito que las transmite también porta un nuevo virus pariente del dengue que se llama zika. Otro factor es la gran frecuencia de viajes de personas entre los países. “En plena Copa América, Chile tuvo más de cinco casos de sarampión, habiendo miles de turistas de todo el mundo”, recordó en ese sentido.  “Los tratamientos no responden”Para Gabriel Gattolín, expresidente de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC) y director del Comité de Asma de la AAAeIC, el comportamiento algo inusual de las variables climáticas agrava los cuadros respiratorios y limita la acción de los tratamientos.—¿Qué cuadros respiratorios u otros de origen alérgico se observan en estas circunstancias?—Tanto las vías respiratorias superiores (nariz, senos paranasales, faringe y laringe), las vías respiratorias inferiores (tráquea y bronquios) como así también la conjuntiva de los ojos necesitan adaptarse a las condiciones medioambientales. Esto es así para mantener las condiciones naturales de temperatura y humedad para cumplir con sus funciones vitales, nada menos que el proceso de la respiración y el de la visión. En cada estación del año el sistema respiratorio y la conjuntiva ocular sufren cambios que los adaptan al medio. En los últimos años, vemos que el frío y la humedad del invierno y el calor de primavera verano, sufren bruscos y cada vez más frecuentes cambios en las condiciones de humedad, presión barométrica y temperatura, sin contar las intensas tormentas. Las enfermedades alérgicas están condicionadas por la carga genética que las provocan y por la interacción con el medio ambiente, con lo cual estos cambios en el clima han impactado en el aumento de su prevalencia y de su severidad.Mariano Ruiz Clausen / mruiz@uno.com.ar