Leandro Grimaldi, el destacado médico, cuenta sus días en Harvard
Con apenas 25 años, el santafesino fue aceptado por el programa Iniciativa Latinoamericana de esa universidad. Nunca antes alguien del país, y tan joven, lo había logrado. Con la ayuda de muchos, y del apoyo decisivo del Gobierno nacional, él cumple su sueño en Boston.

Jueves 29 de Marzo de 2012

Mariano Ruiz Clausen

En el marco del programa Iniciativa Latinoamericana, la Universidad de Harvard, a través de su Escuela de Medicina, ofrece becas de posgrado a médicos de todo el mundo, agrupados por continentes, para formarse en un posgrado en Investigación Clínica. Es así, que cada año, miles y miles de médicos de todo el continente americano “aplican” (se postulan) para tener la posibilidad de realizar una formación de posgrado en tan prestigiosa institución.

El joven médico santafesino (25 años), Leandro Grimaldi Bournissaint, quien ha acumulado no obstante una vasta experiencia de formación en el país y en EE.UU., fue becado por esta institución y pudo viajar gracias a la ayuda de muchos, fundamentalmente, de la Presidencia de la Nación.

Ya cumpliendo su sueño, dialogó con Salud desde el país del norte.

—¿Cómo fue tu llegada a Boston y a Harvard? ¿Qué sentiste? ¿Cómo te recibieron?

—La llegada a los EE.UU. fue muy buena. Boston es una ciudad verdaderamente maravillosa, desde todo punto de vista. Es extremadamente limpia y ordenada, muy verde, llena de facultades e institutos de educación superior por doquier; además, posee una arquitectura digna de las mejores ciudades europeas. La verdad es que con Boston y Cambridge quedé realmente sorprendido. Me recibieron muy bien, tanto en la facultad como en el hospital donde trabajo, lo cual es muy bueno para uno poder sentirse cómodo.

—¿Dónde vivís? ¿Cómo te movilizás?

—Aquí vivo en una casa gigante, literalmente una mansión, inmensa y antigua, toda de madera, que posee más de 20 cuartos y tiene más de 100 años. ¡Parece de película! Un matrimonio, compuesto por una señora colombiana y un señor salvadoreño –que llevan viviendo en los EE.UU. muchísimos años– alquilan cuartos para estudiantes y profesionales de todo el mundo que vienen a Boston por diversos motivos académico-profesionales. Los dueños son gente excelente realmente, grandísimas personas y muy divertidas. Mi cuartito está en la planta baja, y en el resto de la casa, distribuidos en sus cuatro plantas, están los otros estudiantes. Está ubicada en un pintoresco barrio lleno de casas suntuosas y mucha forestación, uno de los más antiguos del área de Boston, a unos 45 minutos en tren del centro de la ciudad. A trabajar voy en tren, cuando hace mucho frío (llega a superar los 10 grados bajo cero aquí en invierno), y, si está lindo el clima, en bicicleta. Ese es mi medio de transporte preferido aquí, la bici. La misma la encontré –literalmente– en la basura. ¡Sí, como suena! Un día iba caminando por la calle y la vi adentro de un gran contenedor cerca de mi casa. La saqué, sólo estaba un poquito oxidada en los rayos y suspensión delantera, pero todo lo demás en condiciones, salvo sus llantas. Por pocos centavos fue acondicionada y listo, obtuve mi medio de transporte aquí. Es increíble como en esta sociedad tiran a la basura todo lo que “no –les– sirve”. A mí me sorprendió mucho que, cosas que en Argentina serían prácticamente nuevas, aquí las descarten sólo por falta de lugar, o bien para adquirir otra aún más nueva. Es muy chocante ver eso, verdaderamente, pero forma parte la sociedad y cultura estadounidense.

—¿Cómo podrías describir lo que es vivir en Boston y estudiar en Harvard, cosa que muy pocos santafesinos pueden experimentar?

—Vivir en Boston es una experiencia hermosa, y tener la posibilidad de realizar estudios superiores en Harvard es algo, sin dudas, fascinante… una experiencia única. Es un mundo de oportunidades que se van sucediendo todo el tiempo. Es conocer gente con historias de vida verdaderamente increíbles, que han llegado aquí desde puntos tan diametralmente opuestos entre sí que realmente sorprende. En este lugar se desarrollan las tareas en un marco de formación académica con un nivel impresionantemente alto y una organización impoluta. Las responsabilidades son muchas, así como también la exigencia, pero la verdad es que nosotros no tenemos nada que envidar (en Argentina) a lo que en formación respecta, ya que en nuestro país la enseñanza pública tiene un nivel muy bueno, que debemos apoyar y valorar para que siga jerarquizándose y mejorando cada vez más. Harvard posee una infraestructura impresionante, y no sólo mobiliaria, me refiero a la capacidad humana, de sus profesores y todos los profesionales que la integran, lo cual es algo realmente digno de imitar.

—¿Qué balance hacés del vertiginoso proceso mediático que se inició con una nota en Diario UNO y terminó con vos en el despacho de Cristina?

—El proceso fue realmente vertiginoso, como usted dice. El balance es, indudablemente, positivo desde todo punto de vista. Pero eso ya pasó, ya quedó atrás. Ahora es tiempo de sentarse en la silla a estudiar, a esforzarse mucho y concentrarme en todo lo que deba hacer para formarme de la mejor manera y poder regresar así a mi país a devolverle algo de todo lo mucho que éste me ha dado. Y, según me comentaron, fue a través de una red social que el entonces jefe de Gabinete de la Nación recibió la nota de Diario UNO y se interiorizó sobre mi historia, llegando la misma a oídos de la Presidenta de la Nación, posteriormente.

—¿Cuáles son tus planes en el corto y mediano plazo?

—Por lo pronto estaré haciendo mi posgrado en investigación clínica por algo más de un año, así como también trabajando e investigando en uno de los hospitales escuela de la Universidad de Harvard, el Beth Israel Deaconess Medical Center. A su vez, estoy haciendo en paralelo otro entrenamiento, y he sido seleccionado para tomar otro curso en lo que aquí se denomina “summer camp”, el cual lo dictará la Escuela de Salud Pública de Harvard, y será en las vacaciones de verano de EE.UU. Para este año el objetivo es conseguir los créditos necesarios que avalen mi aplicación final para el programa MPH (Máster en Salud Pública). También, por supuesto, aprobar todos los cursos con buenas calificaciones, y seguir construyendo así el camino hacia el objetivo final, que es el doctorado. Ya pensando más a mediano y largo plazo, todos mis planes y proyectos se centrarán en mi país, pero eso está, por el momento, un poco más lejano. En mi opinión, la clave es ir pasito a pasito, con esfuerzo y dedicación, trabajando en el día a día; teniendo objetivos a corto plazo, que sean mesurables y alcanzables, pero por supuesto con un gran objetivo último, una meta final, que represente la suma de todos los esfuerzos realizados para llegar a la misma.

—¿Qué percepción tenés a la distancia del Sistema de Salud argentino?

—La misma que tenía cuando estaba en la Argentina, ni más ni menos. Tenemos un sistema de salud que tiene defectos, como todos, pero también muchas virtudes. Hay que trabajar duro para mejorarlo y hacer que sea cada vez más inclusivo, más eficiente; que esté más al servicio de facilitarle la resolución de los conflictos al ciudadano que tendrá acceso al mismo, y que represente cada vez menos una carga –y hasta a veces una traba burocrática– para el paciente que requiera atención sanitaria. Hay mucho por hacer, pero somos muchos, afortunadamente, los que tenemos las ganas de agarrar “el toro por las astas” y hacerlo. Sin embargo, creo que debemos comprender una cosa como sociedad: para generar pequeños cambios en un sistema completo, se requieren años de arduo trabajo y esfuerzo sostenido. Si no nos hacemos más amigos del largoplazismo en Argentina, dejando un poco de lado el “quiero la solución ya mismo”, nunca vamos a poder reunir las voluntades suficientes como para comenzar a emprender un cambio profundo, un cambio radical y que se sostenga para siempre, sea en la escala que fuese que lo queramos implementar. Los resultados no se obtienen de la noche a la mañana, y las mejorías no se logran tomando decisiones drásticas que busquen tapar agujeros con parches. Hay que comenzar a trabajar desde la base de la pirámide, desde el primer nivel de la escala jerárquica, centrarse en lo que en medicina llamamos: Atención Primaria de la Salud, ya sea con la promoción de conductas saludables, como con la prevención de las enfermedades. Ese es el ABC de la medicina moderna, y lo que en todo el mundo se está utilizando como eje central de toda política de salud que se desarrolle. Si todos cooperamos, estoy seguro de que podremos tener un sistema de salud modelo en el mundo entero. Soy un convencido de que tenemos todo para lograrlo, sólo se trata de trabajar duro y estar convencido de que se puede.