Sábado 07 de Diciembre de 2013
Victoria Rodríguez
Especial para Diario UNO
Lisa encontró la manera de salir de un laberinto aplicando el algoritmo de Tremaux; Bart tuvo un sueño en donde dos trenes iban a diferentes velocidades y tenía que calcular cuándo chocarían; y Homero se convierte en paparazzi y se balancea con una cuerda haciendo lo que los testigos describen como “efecto de péndulo” para conseguir fotos de una boda.
Esos son sólo algunos de los ejemplos de cómo diferentes principios científicos se cuelan en una de las series animadas más populares de toda la historia. Pero el desafío, por lo menos para Claudio Sánchez, es que eso despierte el interés de la sociedad y los impulse a aprender más sobre el tema.
El autor de “Todo lo que sé de ciencia lo aprendí mirando Los Simpson” estuvo en Santa Fe para participar de un Café Científico y dialogó con Diario UNO sobre la importancia de poder desarrollar el hábito de mantener en movimiento el cerebro. Destacó que la ciencia tiene que ser un símbolo del pensamiento racional y dijo que no busca que los chicos sepan más de ciencia sino que tengan la cabeza “acomodada” al pensamiento racional porque cuando eso se logra se soluciona una gran cantidad de problemas.
“A mí siempre me interesó ver, en general, cómo aparecía la ciencia en ámbitos que no eran científicos como en el cine y el arte –señaló el profesor de Física e Informática–. En este caso, en Los Simpson se cumple que es un medio que no es científico y directa o indirectamente se hacen comentarios que tienen que ver con la ciencia. Ahí aparecen con más frecuencia de lo que uno pensaría siendo una comedia animada y eso tiene que ver con que guionistas y productores tienen formación científica. Para ellos es natural hacer esos comentarios”.
De hecho tiene una página en Facebook –se llama “Todo lo que sé de ciencia lo aprendí mirando Los Simpson”– donde comparte ejemplos y profundiza conocimientos.
—¿Cree que los seguidores de ese programa pueden identificar e incorporar esos pequeños saberes que aparecen en los mismos?
—No si no sos especialista o tenés el oído afinado. Pero aun el no especialista sospecha que hay algo ahí que tiene que ver con la ciencia. Y ésa es la idea, que a partir de eso, si no lo entiende, se le despierte la curiosidad por entender de qué se trata.
—¿Es un recurso que se puede utilizar en las escuelas, por ejemplo?
—Sí. El título del café es una trampa, no se puede aprender ciencia mirando Los Simpson pero si lo hacés con la guía de un docente sí. Así como se te despierta más la curiosidad cuando lo ves mencionado en un capítulo y no en un libro de ciencia, estás más predispuesto a seguir y ver de qué se trata. El alumno a veces siente rechazo a los libros porque cree que va a venir algo aburrido. Pero si se lo presentan a través de una historieta o dibujo animado, el alumno tiene interés de ver hasta dónde llega.
“Hay un episodio –ejemplificó– en el que Lisa fabrica una máquina de movimiento continuo que anda sola, no consume energía y que técnicamente no existe porque viola la primera ley de la termodinámica. Entonces Homero se enoja por lo que hace Lisa y le dice: «En esta casa obedecemos las leyes de la termodinámica». Ahí alguien puede tener interés en qué es una máquina de movimiento continuo, cómo funciona. Después se puede pensar qué tiene que ver la termodinámica con eso. Ahí tenés dos disparadores que te llevan de una escena graciosa al interés por un tema técnico”.
Sánchez señaló que eso también se puede evidenciar, y aun en mayor medida, en Futurama, una serie de los mismos creadores que tiene lugar en el año 3.000. “Como es una serie de ciencia ficción los contenidos científicos se prestan más para ser incluidos. Aunque desde el punto de vista de una comedia tal vez sea exagerado y algunos dicen que por eso Futurama fue cancelado por segunda vez”, agregó.
Popularizar la curiosidad
Desde hace unos años, la Argentina enfrenta el desafío de la promoción de la cultura científica. Es decir, lograr que toda la población, y no sólo el núcleo de investigadores, comprenda que la ciencia atraviesa cada una de las actividades cotidianas y dé valor a ese tipo de saberes.
“Necesitamos que la ciencia se difunda. Hace 10 o 15 años los Cafés Científicos no existían en la Argentina y a cualquiera que se lo hubiesen propuesto hubiese dicho que nadie iba a ir. Sin embargo, el miércoles hubo una gran cantidad de público y eso viene pasando hace tiempo. Cuando a la gente le presentan de manera adecuada la ciencia se interesa y la ve como una forma de cultura, como el arte, la política o la historia”, marcó.
Consultado sobre cuáles son las acciones que se pueden realizar para popularizar la ciencia, el profesor de Física dijo: “Me parece un poco deprimente que la mayoría de los diarios no tengan suplementos de ciencia. Suele haber secciones pero generalmente tienen que ver con la medicina o con la nutrición. Pero fuera de eso no hay columnas regulares de ciencia. Lo que implica que los directores suponen que eso al público no le interesa. Sería bueno que en las revistas de interés general o en los programa tipo magazine haya columnas de ciencia. Me parece muy deprimente que haya columnas de astrología en todos los diarios y no de ciencia”.
—¿Y qué pasa con la escuela que es donde se empieza a tener un primer contacto con la ciencia y donde segenera la idea de que es un tema aburrido, como ocurre con otras materias además de las ciencias exactas?
—Siempre hay recursos, hay que tener ganas. La situación económica y profesional de los docentes hace que muchas veces no se tengan ganas pero estos recursos existieron desde siempre. Mi papá, por ejemplo, era químico porque su maestro de 4º grado hacía experimentos en clases. Y eso fue hace más de 70 años. Esto existió siempre pero, por alguna razón, se ha ido olvidando o ha ido pasando de moda. Pero creo que es esencial que se vincule el conocimiento a lo cotidiano. Nadie debería plantearse si lo hace o no, naturalmente debe hacerse.
—¿Y por qué no se hace?
—Supongo que es falta de estímulo. Es un lugar común lo que voy a decir pero si el docente tiene que ir saltando de escuela en escuela por ahí no tiene tiempo de preparar una clase organizada o de leerse esa mañana para ver cuáles son los temas del día. Por ejemplo, cuando la Argentina jugó hace un mes con Bosnia por qué no trabajar dónde queda Bosnia. ¿Por qué no es conocido ese país? ¿Qué pasaba antes? Y eso te lleva a la guerra de Yugoslavia, al colonialismo de principios del siglo XX, cuando las potencias inventan ese país que fue Yugoslavia y que se mantuvo unido por un dictador. Mirá todas las cosas que se pueden decir a partir de un partido de fútbol.
“¿Cómo aprende el autodidacta de arte? –siguió– Porque empieza a ver revistas y libros o busca en internet quién pintó ese cuadro que vio. Es una forma natural de aprender que debería integrarse a la manera organizada que se utiliza en la escuela. De hecho cuando se hacen las ferias de ciencia yo voy a las escuelas con esta charla para tener una herramienta más para vincular lo cotidiano con el conocimiento”.
—¿El mundo científico está preparado para ceder su lugar de poder, basado en la concentración del conocimiento, para hacer la ciencia popular?
—El objetivo de todo esto no es el conocimiento en sí. Alguien podría preguntar: ¿A mí de qué me sirve saber que Bosnia era parte de Yugoslavia? No es que sirva para un objetivo concreto final sino que el proceso de adquirir conocimiento es el que mantiene la cabeza activa. No hay que saber las leyes de la termodinámica porque tiene influencia en las decisiones políticas sino porque si te ponés a leer esas leyes estás ejercitando tu cabeza y eso es bueno en sí mismo. Es una gimnasia mental. A nadie que sale a correr le preguntan a dónde tiene que ir tan rápido, se entiende que ese proceso de correr es beneficioso. Y con esto pasa lo mismo. Interesarse en temas científicos te mantiene el cerebro activo y más despierto y eso va a ser beneficioso en cualquier cosa que hagas después. Si vos sabés de ciencia tenés la cabeza más aceitada, se estimula el pensamiento racional y eso te sirve en cualquier cosa que hagas en la vida. Sea científico o no.