Lugones dice que se blanqueó la relación de los barras y la política
El autor del libro Barrabravas para Todos analizó la temática durante los últimos 10 años en el país. “No solo hablamos del kirchnerismo, sino también de gobernadores e intendentes”, aclaró.

Lunes 15 de Diciembre de 2014

Juan Manuel Lugones hace más de trece años representa como abogado a familiares de víctimas de la violencia en el fútbol y coordina, además, el movimiento Fútbol en Paz en Argentina. Recientemente pasó por Santa Fe presentado su libro Barrabravas para Todos. En él hace un racconto de cómo fue la relación de los barras con la política en los últimos diez años. La tapa del libro habla sola: la foto de Néstor Kirchner en una bandera que porta la barra de Boca.

—¿Qué pasó con los barras en los últimos diez años?

—En el libro no solo hablamos de la relación de los barras con el kirchnerismo, sino también con gobernadores, con intendentes del conurbano, y con algunos funcionarios políticos del Gobierno Nacional. En fin, los últimos diez años muestran un blanqueo fenomenal de la relación de los barras con la política. Los barras existieron siempre, pero no eran los de ahora, no eran millonarios, ni vendían la tribuna para el servicio que sea necesario. La política los ha blanqueado y los barras que no tenían nombre propio ahora lo tienen. Tal es el caso de Rafa Di Zeo, Rafael Martín, Martín Araujo, Alan Schlenker, entre otros.

—¿Nota que la barra perdió el miedo a mostrarse?

—Siempre existieron los barras contratados o empleados de planta de algún municipio, o de algún ministerio, pero no era motivo de orgullo. Lo que pasó al principio del kirchnerismo es que se armaron grupos destinados a ser patota. No se puede dejar de mencionar las patotas que acompañaban a Guillermo Moreno en el Indec, con barras de River, Nueva Chicago y otros clubes. Tampoco a Macri, ahora jefe de Gobierno porteño, pero que fue presidente de Boca durante 12 años. El club tiene la barra más grande del país y, sin embargo, Macri dice que no la conoce. Yo creo que la política tiene cada vez más relaciones con la barra. Inclusive ahora la política quiere dirigir clubes de fútbol, o sea que va a ser cada vez mayor la relación con los barras. Son raras las excepciones de la política que no se vincula a la barra.

—¿Se puede cambiar todo esto?

—A veces para salvar culpas se organizan seminarios en los que disertan especialistas del mundo que han tenido la experiencia de terminar con las barras en otros lugares. Invitan a los que se han encargado de los Hooligans en Inglaterra, y estos especialistas se agarran la cabeza cuando ven nuestra realidad. Es impensado en otras partes del mundo que la política sostenga a los barras, o que sean utilizados por el gremialismo. Que no haya una decisión del Estado de terminar con todo esto. Esto no cambia sin una decisión política a nivel nacional, y sin un plan de lucha contra la violencia. No puede ser que la policía no se pueda enfrentar con los barras, la mitad porque tiene negocios con ellos, y la otra mitad porque son incapaces de hacerlo. Creo que deberíamos crear una policía de elite, que sea capaz de adelantarse a la jugada y que pueda tener la capacidad de desalojar una tribuna, que hoy la policía no la tiene. Además, proponemos la creación de fiscalías dedicadas al fútbol, como existen en Europa. Que si alguien comete un delito en un estadio sea juzgado con las reglas de la ley de violencia en el deporte y con el Código Penal, y que no vaya más a la cancha. Estas son dos ideas entre muchas otras.

—¿Y el derecho de admisión?

—Hay que ir hacia un sistema donde la barra quede afuera a través del derecho de admisión. Hoy en día no hay un derecho de admisión eficaz. Todos nos adivinamos la suerte entre gitanos. Los clubes elevan un listado de gente que directamente no va a la cancha, o que está presa, o de jubilados. La lista real de la barra nunca llega y lo que tiene que haber es un derecho de admisión verdadero.

—¿Qué cambió en las barras?

—La barra antigua era de la cultura del “aguante”. Era mala, pero mejor que esta. El “aguante” significaba que había que ser más macho que la tribuna de enfrente. Si había que robarles la bandera, se robaba porque había “aguante”. En algún sentido, la sociedad cambió y la integración de la barra también. Cada vez hay más gente que pasa del delito a la tribuna. Cuando se habla sobre este tema, se suele decir que el fenómeno nuevo es la pelea intrabarras, y no es algo nuevo. Para mí, lo nuevo es que cada vez más gente del delito se incorpora a estas organizaciones. En esta correlación es cada vez más probable que se pelee en las tribunas por el negocio y por el delito. La composición social cambió, pero también el negocio de la barra. Ya no es solamente ir a la cancha los días de partido, también es un negocio durante la semana.

—¿Apareció el narcotráfico en el negocio?

—La experiencia de Rosario muestra que todo puede ser siempre peor. La alianza de los barras con sectores del narcotráfico ha sido real y es un sistema que se está reproduciendo en la provincia de Buenos Aires con el peligro de multiplicarse. Cambió la composición social, y aparecieron delitos nuevos como el narcotráfico, o la venta de droga debajo de la bandera en la tribuna. Es una cosa muy difícil de manejar y de prever para los organismos de seguridad del país. El ajuste de cuentas es afuera, entonces los organismos de seguridad deberían prever otra jugada. Un cuerpo de elite que haga inteligencia, no para la represión, sino para la paz. Así como hay piratas del asfalto, así como hay salideras bancarias, la barra también es un grupo de personas que se asocian para delinquir.

—¿Qué rol ocupa la Justicia en todo esto?

—La Justicia está en deuda con los familiares de las víctimas. Hay que ver los antecedentes que tiene la barra de River desde el 2007 hasta la fecha. Desde la muerte de Gonzalo Akro hasta ahora, los condenados todavía están en libertad, porque Casación no resolvió todavía si es cadena perpetua. Mientras tanto, siguen impunes. Otro caso, el otro día acuchillaron a Héctor Caverna Godoy. Caverna participó de todos los incidentes desde 2007 a la fecha, de la batalla de los quinchos, la batalla del playón, la batalla de Liniers, etcétera. Tiene todos los antecedentes habidos y por haber, y sin embargo el tipo puede hoy entrar a la cancha. No hay un juez que lo haya condenado.

“Ni hablar –agregó– de los que buscan justicia por la muerte de sus hijos, hay pocos condenados, o casi no los hay. Suele pasar que cuando se investiga la muerte de alguien, si es una muerte que ocasionó la barra como estructura, el crimen queda impune porque hay pactos de silencio y porque no se avanza en la investigación. Desde los familiares de las víctimas se siente impunidad. A Matías Cuesta, hijo de Norma Roldán, lo asesinó la barra de Talleres después de un partido con Ferro. Matías venía en el tren con la camiseta de Atlanta y la barra lo asesinó por eso. A esa barra, a La Fiel, la Legislatura de Córdoba le entregó un reconocimiento por la lucha contra la violencia en el fútbol y porque se habían regenerado. Imagínense a la madre de Matías cuando ve que a los asesinos de su hijo los distingue la Legislatura cordobesa y los toman como ejemplo. Es una cosa terrible. Todo esto lo mencionamos en el libro”.

—¿Qué rol jugó Julio Humberto Grondona?

—Es parte de la decadencia que tenemos en materia deportiva. Si bien en el libro hablamos de los últimos diez años, para mí esto es un proceso. Se ha ido deteriorando desde los 70 hasta llegar a hoy. Grondona no hizo nada para que la violencia en el fútbol termine. La AFA jamás recibió a los familiares de las víctimas de violencia en el fútbol, y eso es un símbolo también. Porque sí recibió a Hinchadas Unidas Argentinas dos veces. Tampoco Cristina Kirchner recibió a los familiares, ha recibido a prácticamente todo el mundo, y a víctimas de diferentes tragedias, pero paradójicamente jamás a las víctimas del fútbol. Eso es un signo.

—¿Qué se podría haber hecho con la plata de Fútbol para Todos?

—Independientemente que está bueno que todos puedan ver los partidos, también hubiera sido bueno agregarle financiamiento privado. Cuando lo implementaron se dijo que iba a causar un derrame en el deporte olímpico, que iba a servir para que los clubes puedan mejorar su economía, y sobre todo dijeron que iba a haber más seguridad. Hoy en día, que ya le han dado cerca de 6.000 millones de pesos a la AFA y a los clubes, lo que pasó es que tenemos más clubes endeudados. Los contratos de los técnicos de fútbol son millonarios y hay jugadores que cobran como si estuvieran en Europa, mientras los clubes salen corriendo a pedir más plata porque no les alcanza. Me parece terrible que los clubes de fútbol no tengan ningún control, que no haya inspecciones de la Justicia, que puedan hacer lo que quieran, que puedan seguir endeudándose, que puedan deberle cuatro meses a los empleados. Nunca hubo un derrame.

—Estando tan involucrada en todo esto la política, ¿hay margen para que algo cambie?

—Si te digo que cuatro candidatos a presidente han tenido o tienen relación con la barra no tendríamos optimismo. Scioli, Macri, Massa y Cobos han tenido vínculos con barras. Ahora esperemos que venga una nueva generación que quiera terminar con esto. Siempre digo que con los mismos actores políticos, actores dirigenciales, y la misma policía no se puede porque son parte del problema. En el libro hablo de una frase de Einstein que dice que “es imposible resolver los problemas pensando siempre de la misma forma”. O sea que si los que crearon el problema son los mismos que tienen que venir a solucionarlo, deberían cambiar todo.

Lo que quedó afuera

Lugones contó que “el libro tiene una agachada. Tiene que ver con mi historia personal. Había escrito un capítulo que contaba la relación de la Fundación de Madres de Plaza de Mayo con los barrabravas de Racing. Los utilizaban para apalear trabajadores en el Chaco. Terminé de escribir el capítulo y me agarró una angustia terrible. Yo hice mi práctica profesional en el Cels (Centro de Estudios Legales y Sociales), y sufrimos cuestiones durante la dictadura. Las Madres han hecho una tarea fenomenal y me dio angustia poner eso en el libro. Trabajé mucho con Madres de la línea fundadora, y hubiese sido un atajo escribir que Schoklender era el responsable de todo, pero la fundación también se manejaba vía Hebe de Bonafini. Pensar que un organismo de Derechos Humanos arme una patota para apalear trabajadores en el Chaco me angustió mucho. Tal vez en una segunda edición venga”.

Por Coqui Toum / Diario UNO