Monseñor Arancedo pidió "una acción prioritaria de la Iglesia, la familia y el Estado" para los niños
El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina  dedico su misa y recordó el documento de Aparecida en este domingo en que se celebra en día del niño en el país.

Domingo 18 de Agosto de 2013

En una misa dedicada al Día del Niño que se celebra hoy en el país, el arzobispo de la arquidiócesis de Santa Fe y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo, señaló que "la niñez debe ser destinataria de una acción prioritaria de la Iglesia, de la familia y de las instituciones del Estado".

El religioso recordó que el documento de Aparecida de 2007, que surgió de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Brasil, sostiene que "la niñez, hoy en día, debe ser destinataria de una acción prioritaria de la Iglesia, de la familia y de las instituciones del Estado, tanto por las posibilidades que ofrece, como por la vulnerabilidad a la que se encuentra expuesta" ya que "los niños son don y signo de la presencia de Dios en nuestro mundo por su capacidad de aceptar con sencillez el mensaje evangélico".

Además, Arancedo reclamó atender algunas orientaciones pastorales que propone el documento, como "tutelar la dignidad y derechos naturales inalienables de los niños y niñas, sin perjuicio de los legítimos derechos de los padres" como también "velar para que los niños reciban la educación adecuada a su edad en el ámbito de la solidaridad, de la afectividad y la sexualidad humana".

En su mensaje dominical, esta vez dedicado al Día del Niño, el arzobispo admitió que "preocupa cuando se habla con médicos y psicólogos sobre la necesidad que tienen los niños de buena alimentación y afecto en los primeros años de su vida y, agregan, esto no está suficientemente valorado".

"Estos chicos, dicen, son carenciados porque no han sido amados -subrayó-. Podríamos multiplicar los ejemplos y frases. Sin hacer un juicio acabado sobre esta realidad que es compleja, pienso que hemos hecho de los niños más un objeto y nos olvidamos que son, ante todo, un sujeto que tiene sus derechos y necesidades".

"El objeto tiene algo que nos satisface, pero yo sigo siendo el centro; el sujeto, en cambio, me saca de mí para escuchar y responder a lo que el otro necesita. Esto fundamenta, también, una sana actitud de educación frente al niño, que no es sólo dar algo para contentarlo, sino también exigirlo para hacerlo crecer. Un amor auténtico es exigente porque busca el bien del otro. Un amor que no exige cuántas veces es demagógico", resaltó.