Silvia Carranza, la actual presidenta de Cilsa, tiene 63 años y hace cinco usa silla de ruedas. Antes se valía de un bastón para caminar, debido a que tiene una dificultad motriz importante en una de sus piernas, que se evidencia como consecuencia de la poliomielitis (enfermedad viral ya erradicada de la Argentina, que afectaba el sistema nervioso central provocando lesiones que repercutían en el control de los movimientos musculares llegando a producir una parálisis permanente) que contrajo a los siete meses de vida.

Nacida y criada en la provincia de Buenos Aires, hija única y prima de dieciocho hombres y mujeres que resultaron ser un importante sostén en su camino, se considera "una privilegiada que nunca vivió la discapacidad como una limitante".

"Mi madre, mis tíos, primos, todos siempre me hicieron sentir una igual siempre, y creo que eso fue un poco lo que me fue marcando la necesidad de defender mis derechos y los de mis pares, sin distinción", comenzó a relatar en diálogo con UNO, al tiempo que comentó que antes de llegar a Cilsa -hace 31 años- trabajó siempre en actividades vinculadas al rubro social.

"Conocí a Cilsa por el deporte, una amiga me convenció de ir a probar la práctica del básquet en silla de ruedas. Y a pesar de que no tuve mucha aceptación de mi progenitora, que siempre hizo todo para verme caminar (de chica se sometió a varias operaciones y terapias para lograr mantenerse erguida de la mejor manera posible), me enganché enseguida con la práctica y me contagié del estímulo recibido para sacar de adentro lo mejor que uno tiene. Esas cosas que te da el deporte en grupo y que rescato como muy positiva", dijo.

En esa línea, destacando además que en el marco del básquet fue como conoció al que hoy es su exmarido y padre de su hijo (actualmente de 24 años), Silvia mencionó que en Cilsa pasó por casi todos los roles. Comenzó ayudando en tareas de organización, fue telemarketer, dio charlas en escuelas y así llegó a formar parte del cuerpo de directivos, pasando de vicepresidenta a presidenta, título que ostenta por segunda gestión consecutiva.

"Desde mi puesto en la organización intento estar a la par de los demás, tratando de entender las dificultades que se presentan para quienes tienen una discapacidad en una sociedad que todavía sigue sin tener como eje a la inclusión", aseveró Silvia, quien detalló que si bien en los últimos años se empezó a notar un cambio social en lo que refiere a la aceptación de la discapacidad, aún falta mucho por hacer.

"Es cierto que ya no existen las familias que ocultan a quien tiene discapacidad, como pasaba antes, cuando no se hablaba directamente del tema y había padres que se negaban a aceptar, por ejemplo, que su hijo había tenido polio", comentó y siguió: "Pero aún falta trabajar por la toma de conciencia, porque no importa a lo que nos dediquemos, todos podemos hacer algo por la inclusión".

Sobre sus dichos, Silvia hizo alusión a la infraestructura de las ciudades rescatando que los arquitectos piensen en edificios que no sean "adaptados" sino "para todos" y se refirió al estado de las veredas, el accesos a edificios públicos, baños, bares, bancos e incluso hoteles.

"Me ha pasado de tener que buscar para alojarme (porque por su rol debe recorrer con asiduidad las sedes de Cilsa en Santa Fe, Buenos Aires, Mar del Plata, Mendoza, Rosario y Córdoba) y llegar al lugar que nos habían asegurado estar preparado para personas con discapacidad y encontrarme con que lo único que tienen es la barra para sostenerse al costado del inodoro en el baño, pero tener un acceso limitadísimo a la ducha, una alfombra muy alta en el pasillo que impedía una circulación plena de la silla, o similar. Ni hablar de querer ir a un bar o acceder a un colectivo, los cuales a veces no tienen la rampa o no pueden deplegarla porque tienen un auto estacionado en el lugar de parada".

Para tomar conciencia

Los datos preliminares de un Estudio Nacional sobre el Perfil de las Personas con Discapacidad realizado por el Indec en abril y mayo de este 2018, determinó que aproximadamente 10 de cada 100 personas que viven en localidades de 5.000 habitantes en Argentina tienen algún tipo de dificultad (visual, motora, mental-cognitiva, auditiva, del habla y la comunicación, o para el cuidado de sí mismo).

En dicho informe se determinó que la región de Cuyo es la que presenta mayor proporción de personas con dificultad (11%) y la región Patagonia es la que presenta la menor proporción (9%).

Haciendo alusión a ello, Silvia Carranza mencionó que tuvo la oportunidad de estar con el presidente de la Nación, Mauricio Macri, en una presentación sobre derechos humanos hace unos meses y le planteó: "No puede ser que el destino de una persona con discapacidad cambie de acuerdo a su lugar de nacimiento", puntualizando en la falta de accesos más marcados en cuanto a la atención de las personas con dificultades en las provincias del norte.

"Hace un tiempo estuvimos en Villa de Pomán, una localidad de Catamarca, haciendo una entrega de sillas de rueda -Cilsa desde 1995 ya entregó 44.000 elementos ortopédicos- y nos encontramos con un papá que nos mencionó que no tenía ya forma de mover a su hijo que está postrado en una cama para hacerlo atender en el Garraham, donde hace su tratamiento por una compleja enfermedad. La silla le dio una solución pero en su casa, no marcando la diferencia sobre lo que aún falta hacer por las políticas públicas de inclusión para todos en materia de salud, asistencia e inclusión de las personas con discapacidad".

En consecuencia, la mujer agregó: "Incluir es también pensar en cómo hacerle fácil la vida al otro. Hay soluciones que no requieren de plata sino de actitud. Si todos nos preparamos para tener paciencia y esperar cuando una persona con discapacidad está delante nuestro en una fila, cuando se quiere subir a un taxi y lo ayudamos, cuando llega a un banco y la ventanilla está muy alta para él, cuando nos comprometemos con una organización que trabaja en pos de ellos, estamos cambiando y logrando que todos podamos vivir en un lugar mejor".

Para cerrar, Silvia rescató una frase, que asegura fue su eje en la crianza de su hijo, quien ahora junto a ella trabaja por la inclusión y juega -pese a no tener ninguna dificultad- al básquet en silla de ruedas en el equipo de Cilsa: "Todos somos iguales de diferentes", así debemos entenderlo y así entender mejor lo que significa la inclusión.