Miércoles 15 de Abril de 2020
"La disyuntiva es clara, o bien se cultiva la ciencia, la técnica y la investigación y el país es próspero, poderoso y adelanta; o bien no se la práctica debidamente y el país se estanca y retrocede, vive en la pobreza y la mediocridad. Los países ricos lo son porque dedican dinero al desarrollo científico tecnológico. Y los países pobres lo siguen siendo si no lo hacen. La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”, dijo Bernardo Houssay, ganador del Premio Nobel de Medicina en 1947, siendo el primer latinoamericano reconocido en ciencia.
Desde el comienzo de la pandemia por el coronavirus, los esfuerzos en salud y en reforzar la economía social han sido ejes centrales en las políticas públicas y en los debates mediáticos para resolver de la mejor manera la crisis que trae aparejada el aislamiento social con el fin de salvar vidas. A la par, científicos de todo el mundo comparten sus resultados e intentan advertir a las autoridades sobre lo que se sabe hasta el momento del Covid-19. Los avances de esta comunidad resaltan la necesidad de reconocimiento y de organización como puntos esenciales para salvar y mejorar la calidad de las vidas.
UNO Santa Fe dialogó con la exministra de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Santa Fe y diputada provincial, Erica Hynes, para analizar el lugar de la ciencia santafesina en las políticas públicas en tiempos de cuarentena. Destaca que la pandemia "desnudó la verdadera importancia que se le da al tema", explica cómo se producen los avances en investigaciones y asegura que "la cultura sanitaria y de vacunación de este país es una ganancia".
—¿Qué lugar ocupa la ciencia en las políticas públicas de una pandemia como la que se vive?
—Una cosa es lo discursivo donde el gobierno puede decir que la ciencia es importante, que los científicos son valiosos, pero en el momento de la pandemia, como tantas desigualdades, quedaron blanco sobre negro. Así como por ejemplo la falta de hábitat, el decir quedate en tu casa, no solo en Argentina sino en todo el mundo, dejó al descubierto que hay un montón de gente que no tiene un lugar amigable y protector para quedarse, sino todo lo contrario. Quedaron en evidencia las desigualdades de género. Y también qué gobiernos escuchan a los científicos y les dan una importancia a la ciencia pública y qué gobiernos realmente no les dan importancia y se quedan solo en lo discursivo y superficial.
—¿En qué estado está la comunidad científica entonces?
—Podemos ver las diferencias en los distintos niveles de los Estados. Qué líderes directamente ignoraron lo que decían los científicos, qué líderes están escuchando. Si miramos en el concierto de los Estados nacional y subnacionales, también vemos una diferencia. Creo que Nación la mayor importancia, el foco, lo tiene puesto en la cuestión sanitaria y tiene también un lugar más relevante la cuestión científica en general. Se creó la unidad Covid-19, que está centralizado en el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación y que de alguna manera con las dificultades del caso está tratando de articular todos los esfuerzos que se hacen en los distintos lugares del Conicet por todo el país.
—¿Y en Santa Fe?
—Particularmente en la provincia no vemos esta articulación. Hay iniciativas muy importantes como son las de la Universidad Nacional de Rosario con una empresa de innovación para producir un respirador; la Universidad Nacional del Litoral a través de la Facultad de Ciencias Veterinarias y un centro de medicina comparada, intervinieron en testear un respirador que se había hecho, diseñado en Rafaela; y en Conicet Santa Fe hay un grupo que está trabajando con una empresa en hacer un test rápido por la metodología cript, de biología molecular por ADN, muy moderna, con vinculación con una empresa.
"Pero todas estas acciones terminan siendo individuales de empresas o articuladas por las universidades y los propios actores del sistema científico y no están coordinadas, ni demandadas, ni organizadas por el área de ciencia de la provincia. Esto es un dato de la realidad, no es una crítica, y tampoco uno ve que se hayan puesto fondos especiales ahí como si se hizo a nivel nacional. El gobierno nacional está dando subsidios muy rápidamente, se evalúan en semanas y se otorgan a proyectos en marcha para desarrollar temas específicos del ministerio. En la provincia eso no se verifica".
"Quién decide qué ciencia es importante y cuál no, tampoco lo sabemos. Vimos al gobernador que en conferencia de prensa anunció el respirador pero no sabemos si divisó este problema y lo puso en valor o si fue una adhesión a una iniciativa de una empresa innovadora de una universidad. Me parece que ese es el gran desafío. Como legisladora lo propuse dentro de la batería de acciones que presentamos desde el bloque socialista, que haya una unidad provincial que sea la interlocutora de la unidad nacional del Covid-19".
"Por otro lado, el gobernador pone énfasis en que como senador fue autor de una ley de financiamiento de ciencia y tecnología pero no es ese el rol que ocupa ahora, es gobernador. El área de ciencia bajó de jerarquía, hay un comité científico de Covid que está funcionando pero lo que han hecho es emitir un paper, un informe, y ese es el tipo de acción. Son médicos atendiendo esa cuestión, no la operativa a diferencia de la unidad Covid nacional".
—Desde el Laboratorio Industrial Farmacéutico se iniciaron acciones. ¿Se podría aportar algo más desde ese espacio?
—El alcohol en gel del LIF contribuye a abaratarlo pero la acción de más impacto que tienen los gobiernos provinciales es tratar de alinear, articular y organizar las actividades para que tengan más efecto. Para esta enfermedad en particular no hay todavía un tratamiento seleccionado, tampoco hay vacunas. Lo que podría hacer la provincia y eventualmente el LIF es entrar dentro de los protocolos de evaluación de fármacos, como ha entrado la Nación. Ha sido país elegible para un protocolo de tratamiento, algo que difundió Ginés Gonzalez García. A lo mejor el LIF puede sumarse a hacer ensayos clínicos como lo ha hecho en el pasado para otras cosas, como por ejemplo, el tema del uso de del aceite de Charlotte en niños con epilepsia refractaria que se había sumado al protocolo del Garrahan y estaba en ese ensayo clínico. Pero en este caso en particular no se pueden producir fármacos porque no hay.
—¿Sería posible el desarrollo de una vacuna en Santa Fe con la estructura vigente?
—Desnuda la importancia de un sistema público de ciencia. Una cuestión de la pandemia es que los resultados se comparten. Nadie se está guardando la información del virus para patentarlo, para hacer una vacuna y vendérsela a la gente que la puede pagar. Toda la información se puso libre para que todo el mundo pueda usarla. Y los grupos de investigación están cooperando, trabajando a destajo, durante horas y descansando poco para tener un resultado que pueda tenerse en una vacuna. Eso necesita generar información previa acerca de cómo es el virus, cómo infecta, cómo se genera inmunidad después de la infección y eso lo vamos a tener después de un tiempo. Por eso probablemente esté dentro de un año al menos. Hay que comprender que los virus tienen sus tiempos. De dengue tampoco tenemos una vacuna aún porque son varios tipos y en ese proyecto también está trabajando el equipo de Alejandra Gamarnik.
—¿Económicamente cuánto demanda la ciencia pública?
—Por supuesto que tiene mucho costo y por supuesto el rol más importante de los gobernantes, especialmente desde el Ejecutivo, es decidir en qué invierten los muy escasos fondos porque las capacidades de recaudar de los Estados caen. Y sin duda son decisiones muy difíciles que se dan en contexto de enorme incertidumbre. Nadie tiene la justa. Por eso desde los espacios políticos pienso que tenemos que ponernos a disposición colaborar, porque me parece que el diálogo y escucharnos es lo que realmente va a sacar adelante a la sociedad en este momento que es clave. A nivel nacional el gobierno destinó fondos, que no son elevados, de 100 mil dólares cada uno para cuestiones específicas que el gobierno dijo "son necesarias", por ejemplo el desarrollo del kit rápido.
"A nivel provincial, si el gobierno decide brindar un fondo también va a tener que ser específico, seleccionado para trabajar y a la espera de un impacto realmente importante. Pero como todas las decisiones, en este momento de pandemia, todas son decisiones difíciles, que tienen componentes técnicos".
—Por último, en tiempos de crisis siempre aparecen teorías conspirativas y detractores de vacunas. ¿Cómo se combate esta desinformación desde la ciencia?
—Eso se discute muy fácilmente, todas las investigaciones están abiertas, con los paper a disposición, la secuencia del virus se terminó de hacer y se colgó en un repositorio abierto. Los respiradores son todos de open source, cualquiera puede bajarse los diseños y hacerlos. Es decir que se trata de un empuje de toda la comunidad científica para luchar contra la enfermedad y tratar de que se cobre la menor cantidad de vidas posible. Después también es cierto que en estos momento cuando la gente realmente teme por su vida va y se vacuna. Especialmente en Argentina que tenemos una cultura muy elevada de vacunación a diferencia de Francia y Estados Unidos.
"También tener una cultura que valora la salud pública y la vacunación. Esta semana hubo problemas en el conurbano porque la gente se fue a vacunar contra la gripe común porque considera que las vacunas lo van a proteger, por más que no sea para el Covid sino para la gripe común. En ese sentido el país tiene una ventaja con respecto a otros, sin vacunas no tendríamos la esperanza de vida que tenemos hoy y pasaría lo que pasaba antes que en una familia de varios hijos sobreviven solo uno o dos. Hay mucha evidencia".