Miércoles 25 de Abril de 2012
“Hoy se pone en discusión la apropiación de viviendas que hacen algunos, pobres/empobrecidos a lo largo de generaciones; pero nuestra sociedad ha naturalizado la histórica apropiación de la tierra pública por parte de una clase social dominante, que al apropiarse, adueñarse de ellas, fue consolidando el latifundio, una de las grandes trabas para el desarrollo de nuestro país”, expresaron los trabajadores de la Primera Escuela de Psicología Social Doctor Enrique Pichón Rivière.
Los especialistas entendieron necesario abrir un espacio de reflexión y aportes a un debate imprescindible respecto de la situación vivida en el barrio Santa Rita, donde hace más de tres semanas se sostiene la toma de un plan habitacional.
La intención de los integrantes de la Escuela no es cerrar posiciones sobre el tema, sino aportar aspectos de otra mirada de un fenómeno que necesita ser comprendido para poder ser abarcado con propuestas que tiendan a resolverlo.
“Lo primero a plantear es que las ocupaciones de viviendas, así como los acampes, los asentamientos y ocupaciones de tierras son la manifestación de una realidad que muestra la consecuencia de derechos conculcados; a la vez que interpelan nuestros posicionamientos, nuestras prácticas”, explican.
Con respecto a este tipo de hechos, señalan que rompen el “equilibrio” establecido, naturalizado, respecto de quién puede poseer una casa y cómo y también de dónde y cómo tienen que vivir aquellos que no la tienen.
El debate
“Es importante decir que la toma de viviendas no resuelve la necesidad de esas miles de personas, es un camino que tiene complicaciones de distinto orden y que deben ser consideradas. En primer lugar, las casas que se toman tienen como destinatarios a otros necesitados de ellas y que están esperando esa posibilidad (aunque no sea tal cual en este caso, sí lo ha sido en la mayoría de las situaciones)”, consideraron antes de agregar: “Seguramente, esta vivienda es mejor que lo que hasta allí tenían, eso no tiene nada que ver con el acceso al hábitat y la vivienda dignas, aspectos que se derivan de un trabajo digno”.
En relación a la respuesta gubernamental, los psicólogos sociales opinaron que se produce en una doble relación que fortalece la estigmatización: “Se le pide que siga esperando a quien viene siendo sometido a la «espera» y en muchas oportunidades a una «vana espera»; es decir: a quien no tiene condiciones para esperar”. Aunque resaltan también que es cierto que es materialmente imposible la satisfacción de estas necesidades desde las actuales formas de resolución que provee el sistema social imperante.
“Pero también porque cuando este sujeto decide no esperar más, se criminaliza su decisión y acción protagónica, basada en la recuperación de su ser/sentirse sujeto social de poder y particularmente de poder colectivo. Está claro que por este camino no se resolverá ni lo uno ni lo otro, pero lo que es peor aún, sólo se continuarán profundizando los niveles de tensión social”, consideraron.
Una de las conclusiones de los profesionales es que “esta situación muestra y oculta a la vez un sistema desigual, injusto. Lo muestra en hechos y oculta las causas de esos hechos. Muestra a través de la ocupación y oculta una lucha entre pares necesitados, miembros de sectores sociales que deberían poder recuperar y organizar sus aspectos en común antes que aquello que los diferencia, fragmenta y somete a situaciones de dominación”.