Osvaldo Aymo: “No sirve una ONG por cada familiar de una víctima”
Canalizar el dolor. El médico y especialista en Accidentología Vial se refirió a la necesidad de unificar los recursos humanos y económicos para un objetivo en común: prevenir. También criticó los proyectos de alcohol cero.

Lunes 12 de Octubre de 2015

La muerte de un ser querido es siempre una situación traumática, más aún cuando el deceso se produce en circunstancias trágicas –como un accidente vial– y a una corta edad. Son cuantiosos los casos en los cuales familiares y amigos eligen canalizar su dolor a través de organizaciones no gubernamentales que les permitan trabajar en la prevención y evitar decesos similares al padecido.En el caso de la seguridad vial, hay iniciativas de estas características en todo el país. Sin embargo, el pediatra y especialista en Accidentología, Osvaldo Aymo, llamó la atención acerca de la necesidad de “unificar los esfuerzos” en tal sentido.

“El psicólogo canadiense Gerald Wilde, autor del libro Traget Risk (El ¿Riesgo Deseado? en la versión española) decía: «El tránsito vial, al igual que Dios, el fútbol o la política, pertenece a ese selecto grupo de temas sobre los cuales, cualquiera, cuando la inspiración lo embarga, siente que puede hablar con autoridad y convicción abrumadora»”, citó Aymo, en el inicio de la entrevista con Diario UNO.Y continuó: “Hay una cantidad de familiares que perdieron seres queridos en accidentes y encontraron canalizar su dolor a través de una ONG, pero veo muchas situaciones que quizás restan un poco, por ejemplo un rencor muy acentuado entre algunas de ellas, más allá de que su objetivo es el mismo. No sirve una ONG por cada familiar de una víctima. Habría que exigir a las ONG que se junten, porque esto es dilapidar recursos humanos y económicos sin lograr un cambio”.—Peligroso es cuando, a raíz de casos puntuales conmocionantes, la presión de familiares de víctimas y ONG relacionadas deriva en leyes fundamentales que se aprueban sin demasiado análisis. Como ocurrió, en otro ámbito, con la ley Blumberg, que modificó el Código Penal, luego de un secuestro seguido de asesinato.—Cierto, es peligroso porque las leyes le cambian la vida a la gente. ¿Cómo nace la ley 24.449, de tránsito? En 1992, en la autovía 2, que en ese momento era una ruta común y corriente que vinculaba la ciudad de Buenos Aires con la de Mar del Plata, ocurre un accidente tremendo. Un auto se metió debajo de un colectivo y murieron muchas personas. La sociedad salió a pedir que el Congreso haga algo. Y salió la ley. Cuando se trabaja después de una tragedia, se trabaja con las emociones, no con el conocimiento. La ley 24.449 era presentada en las publicidades de ese momento como “un freno al horror”. Se votó en la Cámara de Diputados de la Nación, en diciembre de 1995, entre otras 250 leyes.“En 2007 surge la reforma de esa misma ley. Después de 12 años de no haberla cumplido nunca en su totalidad, era reformada. ¿Cuándo fue? Después de la tragedia del Colegio Ecos en Santa Fe. Para ganar como sociedad, hay que trabajar antes de las tragedias, no después”, insistió el especialista. Alcohol cero En relación al debate que se genera desde hace meses en la provincia de Santa Fe, acerca de la posibilidad de establecer una tolerancia cero al consumo de alcohol en conductores (en la actualidad el límite es de 0,5 gramos por litro de sangre), Aymo enfatizó: “Está demostrado en el mundo, incluso la Organización Mundial de la Salud publicó un informe hace dos años acerca de los riesgos que representa el alcohol en la conducción y no hay demostración de que, entre 0 y 0,5 gramos haya un aumento considerable de los accidentes de tránsito”.Y se explayó con su experiencia académica: “En 1995, yo estaba becado en Alemania. Ellos habían hecho un trabajo que demostraba que los conductores alcoholizados hasta 0,8 gramos de alcohol por litro de sangre no tenían mayores consecuencias en accidentes de tránsito. A partir de ese nivel, los accidentes comenzaban a ser importantes. Por eso la legislación de esos años en Alemania establecía como límite un 0,8 gramos de alcohol por litro de sangre. Ese año, hace dos décadas, aparece la ley nacional de tránsito Nº 24.449 en la Argentina. En los papeles éramos más estrictos que los alemanes, pero ¿quién controlaba? Los controles comenzaron muchos años después. Cierto es que  hoy Alemania tiene como límite el 0,5; que es lo que promueve la OMS”.El médico resaltó cuál considera que es el camino hacia un verdadero cambio de conducta vial: “Ya lo he dicho: si en la Argentina tuviéramos entre 300 a 400 controles cada mil habitantes, como hacen otros países, no sería necesario tocar el límite del 0,5. Tiene que generarse la percepción de un control, es decir, que los conductores se acostumbren a los controles y sientan que puede tocarles”. Los alcoholímetros Tan polémico como le permiten sus décadas de experiencia en el trabajo de prevención en accidentología vial, Aymo lanzó alguna suspicacia con respecto a los alcoholímetros que se utilizan en los controles de tránsito. “Este tema –en alusión a los proyectos de Alcohol Cero– lo que hace es poner un manto de sospecha sobre la capacidad real del instrumento para medir fehacientemente el alcohol que sale en el aire expirado, que sería extrapolable a la cantidad de alcohol en sangre, ya que la ley habla de alcoholemia, o sea cantidad de alcohol por litro de sangre. El 0,0 de la norma que se pretende sancionar, es un extremo que obliga a demostrar que el aparato de medición es infalible y exacto”, comenzó a explicar. Y continuó: “Leyendo el texto del proyecto vemos que no se dice nada con respecto a qué garantía de contraprueba en sangre tiene un supuesto infractor, que considera que el alcoholímetro está haciendo una lectura equivocada”.Una vez más plantado en la misma postura, Aymo espeta a los propios legisladores: “Se dice que el objetivo es bajar los índices de muertos en el tránsito, cuando está demostrado que no está allí el problema, ya que no pueden contestar una simple pregunta: ¿cuántas víctimas hay en accidentes cuyos conductores conducían con una concentración de alcohol en sangre entre 0,0 y 0,5 gramos?”.Por último, fustigó: “La clase dirigente, si está ocupada en elaborar herramientas para disminuir las consecuencias de los accidentes viales, puede hacer un valioso aporte a tal efecto, si aúnan voluntades todos los colores políticos y se comprometen a elaborar una política de Estado en materia de educación y seguridad vial, con la premisa de sostenerla en el tiempo y pensarla a largo plazo. Además de asegurar que los responsables de las áreas específicas, sean personas idóneas y de probada capacidad técnica”. Concientización versus recaudación “Como sociedad somos de terror. Hemos tirado por el piso el sistema de controles con radares, porque intendentes los instalaron a la vera de las rutas e hicieron de eso un negocio. Eso no se puede permitir, porque se está muriendo gente. Por ejemplo, hace un mes estuve en la autovía de la ruta nacional 14, que sale del puente Zárate-Brazo Largo y llega a Misiones, luego de pasar por Entre Ríos. Hicieron una rotonda chiquita en el medio de la vía. Tenés carteles que marcan velocidad máxima 120 km/h, luego uno de 100, otro de 80, uno más de 60 en la rotonda. Veinte metros más adelante, debajo de un árbol, el radar”, criticó Osvaldo Aymo. Soledad Mizerniuk / UNO Santa Fe/ smizerniuk@uno.com.ar