Paenza: “Seguimos enseñando como si no hubiera escuadras”
El matemático estuvo en Santa Fe para grabar su programa junto a estudiantes de la ciudad y dialogó sobre los desafíos que presenta la enseñanza y por qué es difícil motivar en las escuelas.

Sábado 25 de Octubre de 2014

El doctor en Ciencias Matemáticas y periodista Adrián Paenza estuvo en Santa Fe esta semana para grabar su programa en escuelas de la ciudad. En su paso por la capital provincial habló de las dificultades para amar esa ciencia, el avance tecnológico que implicó el lanzamiento del Arsat 1 y los desafíos actuales de la enseñanza en las escuelas.

El autor de “Matemática... ¿estás ahí?” grabó dos programas de Alterados por Pi con alumnos de distintas escuelas de la ciudad. “Esto es una iniciativa del Canal Encuentro pero también de los distintos ministerios de Educación de las provincias. Sin la gente del ministerio esto no se hubiera podido hacer. Nos sentimos muy bien recibidos”, indicó y agregó: “Al mismo tiempo es un derecho que tienen todas las provincias porque es un programa federal y no hay ninguna razón para que las grabaciones se hagan solo en Capital Federal o en provincia de Buenos Aires, que nos queda más cerca”.

Los programas se emitirán el año próximo en la octava temporada del ciclo y tendrán el mismo formato, es decir, la resolución de problemas matemáticos a partir del razonamiento y el relato de historias.

Tanto el programa de tevé como los libros que Paenza ha escrito han logrado despertar el interés de un amplio público, en particular de quienes no sentían placer por la matemática. Consultado sobre si ese éxito se debe a que ha cambiado el público o bien a que se ha generado un producto de divulgación científica innovador y necesario, Paenza dijo: “No lo sé. El contenido de los programas o los libros no son cosas nuevas, son cosas ya conocidas. Si hubiera sabido que iban a tener tanta repercusión hubiese escrito los libros hace 30 años. De todas maneras, con la ley de medios hoy se ofrece una cantidad de alternativas que antes no existían. Antes la escuela, junto al hogar, eran la fuente de formación e información; hoy tiene muchos competidores”.

Y siguió: “Cuando yo nací no había televisión y no tengo 300 años. Pero ahora están las redes sociales e internet, hay muchas plataformas que son complementarias. Hay gente que no necesariamente ve el programa en el momento en que se emite pero después lo mira en YouTube. Todo eso es un desafío y vamos aprendiendo. Obviamente hubo cambios, todos hemos cambiado”.

En ese sentido, también manifestó: “No soy un locutor al que le pagan para que diga que le gusta algo que no le gusta. Si yo digo que algo es extraordinario es porque lo pienso y creo que eso me acerca al público. Yo no hago cosas solo para los chicos, los padres y los docentes se interesan también porque estamos aprendiendo juntos”.

Al respecto explicó que la educación tradicional era vertical, un espacio donde el docente dictaba una clase magistral y el alumno tomaba nota. “Afortunadamente eso no pasa más. Ahora se han dado las condiciones para que la gente pregunte «¿Por qué?» y no se someta a la autoridad porque sí. Todo eso es un desafío. En la medida en que hagamos la educación más horizontal, los adultos también aprenderemos a decir: «No sé». Tenemos que reconocernos falibles y con dudas”, marcó.

Para el referente de la divulgación científica a nivel nacional no quedan dudas de que las tecnologías han generado un impacto en la manera en que se enseña y se aprende matemática. Y destacó que lo mismo ocurre en todos los ámbitos.

A modo de ejemplo recordó que en 1983, cuando era secretario académico del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, las revistas científicas llegaban al país con dos años de retraso.

“Había matemáticos que estaban trabajando en determinados temas pensando que era original y se enteraban que eso ya estaba resuelto hacía dos años”, contó y siguió: “Entonces le pedí al rector de la Universidad Complutense de Madrid, Baldomero Rubio Segovia, que me haga el favor de fotocopiar los índices de las revistas y me los mandara una vez por mes. Eso permitía que yo pusiera ese cuadernillo en la hemeroteca y los matemáticos iban a revisar los temas. Eso pasó hace 30 años, hoy tenemos la posibilidad de hacer skype con una persona que está en cualquier lugar del mundo”.

—Usted señala que la escuela se ha ido aggiornando, pero ¿qué sigue diferenciando a su programa de una clase tradicional de matemática? Porque, en general, no tienen la misma respuesta en los estudiantes.

—Yo no tengo que cumplir con un programa. Soy selectivo. Una persona no entra a un restorán por la cocina o por donde se tiran los residuos. Que un virtuoso toque el piano requiere de muchas horas de estudio y práctica que son aburridas pero es la única manera de acceder a cierto tipo de mecánica. A uno le gustaría empezar con Beethoven pero no se puede.

“Yo tengo la ventaja de que puedo elegir cómo seducir. Necesito mostrar que hay otra parte de la matemática que es la que no nos muestran. Porque en la vida uno primero tiene un problema y después busca la solución. En los colegios, en general, a uno le dan soluciones a los problemas que uno no tiene. Entonces es muy aburrido. Pero yo tengo la ventaja de empezar por los lugares que seducen, que muestran la magia pero no los engaño”, contó.

Y ejemplificó que lo que ocurre en la escuela es como si se llevase a alguien a jugar al fútbol por primera vez y se le propusiera, como primer paso, practicar estar en la barrera durante un tiro libre. “Entonces le decimos que se quede parado, que yo voy a patear y que esa persona tiene que evitar que la pelota pase sin usar las manos. Si así es jugar al fútbol yo no quiero jugar”, reconoció y acotó: “Nosotros con la matemática hacemos eso. Empezamos por hacerlos formar parte de la barrera. Pero creo que hay otra manera de mostrarla”.

Al respecto insistió con que él trabaja con la ventaja de poder seleccionar el material que quiere trabajar y el maestro no. “A lo mejor debería hacerlo pero tendríamos que consensuarlo entre todos para saber qué es lo que aprendemos”, dijo.

Errores y aplazos

En agosto, Paenza recibió el Premio Leelavati, que otorga la Unión Matemática Internacional, por su destacada contribución en la difusión pública de las matemáticas. “Profesionalmente fue el momento más importante de mi vida. Me sorprendió porque no sabía ni siquiera que existía, me impactó mucho y me cambió la vida a mí y a todos los que han coparticipado. Un premio parece una cuestión individual y no es así”, resaltó el matemático.

Y agregó la gran cantidad de reconocimientos que se han otorgado en los últimos 10 años a personas que viven en el hemisferio sur y que no han hecho la mayoría de su trabajo en inglés. “Son cosas que marcan una tendencia y es importante ser partícipes de un momento muy particular de la historia de la matemática argentina”, afirmó.

Entre los fundamentos del premio se indicaba que era una persona capaz de mostrar a esa ciencia como un tema divertido y bello. En ese sentido se refirió al hecho de que muchas personas le dicen que no saben nada de matemática. “Es curioso pero nadie diría con la misma soltura que no saben leer. Pero con la matemática no causa vergüenza y da la sensación de que uno pertenece a las grandes mayorías. No da culpa”, reconoció.

Y agregó: “Es un síntoma de salud que haya ese rechazo. ¿No le parece raro que tantas generaciones sientan eso? El rechazo se produce porque uno no quiere que le contesten preguntas que no se hizo. En esos casos un adulto se levanta y se va pero el chico no puede. Tiene que quedarse, anotar, ir a la casa, estudiar y hacer la prueba. Le pregunta a los padres para qué le sirve eso y ellos no lo saben, entonces le dicen que lo va a ver más adelante. ¿Pero cuándo llega más adelante?”.

“Nadie dice: «¿Me da 7/8 de tanque nafta?» o «¿Me da 4/9 de pizza?». Uno necesita aprender que 3/4 es menos que uno pero hay que ver cuándo lo vamos a aprender, a lo mejor se lo hacemos deducir a ellos”, afirmó.

Al respecto manifestó que es necesario pensar sobre el sistema de evaluación y deslizó la posibilidad de no aplazar a los alumnos. “Los científicos –fundamentó– no publicamos los errores, lo hacemos solo cuando tenemos el resultado final. Pero no está todo el recorrido de prueba y error que falló. Entonces se generan situaciones de gente que está puesta en un pedestal. En esto somos corresponsables porque los científicos, históricamente, han usufructuado las ventajas que le da el conocimiento. Cuando uno va a ver a un médico, por ejemplo, se siente sometido y está desesperado esperando que le pueda resolver su problema. Ni hablar cuando uno tiene que ir a ver a un abogado...”.

Por último, manifestó: “La matemática tiene la ventaja que es la única ciencia que toleró el paso del tiempo. El teorema de Pitágoras es y seguirá siendo verdadero. Cuando se hizo, Pitágoras estaba resolviendo un problema porque no había escuadras y era muy difícil hacer ángulos rectos para dividir las tierras. Nosotros seguimos enseñando como si no hubiera escuadras y ahora las hay. Le seguimos enseñando a los chicos las tablas de multiplicar y no está mal pero queremos que hagan los cálculos sin la calculadora. Y los chicos no son tontos”.

“Esto merecería una atención equivalente a la que tiene un Mundial de Fútbol”

Adrián Paenza también se refirió al importante paso que ha dado el país lanzando el primer satélite de comunicaciones producido en el país –el Arsat 1–, el 16 de octubre pasado. “Creo que es uno de los acontecimientos históricos. Así como para la humanidad lo fue la llegada a la Luna, para la Argentina el lanzamiento del Arsat es algo hipersignificativo”, marcó.

Y lamentó que no se le haya dado la difusión acorde, sobre todo si eso ha sido producido por cuestiones político partidarias. “A veces advierto que hay gente que no está de acuerdo con muchas cosas de la política nacional y por supuesto que tienen razón. De todas maneras uno puede decir que no le gusta cómo juega el equipo pero no puede falsear el resultado”, sostuvo.

“Esto que ha pasado –continuó– es un acontecimiento muy particular y si pudiéramos despintarnos la cara y salir del gana/pierde de todos los días, veríamos que esto nos tiene que unir. Creo que esto merecería tener una atención equivalente a la que tiene un Mundial de Fútbol, sino más”.

Cabe recordar que el Arsat 1 fue financiado, desarrollado y ensamblado en la Argentina a cargo de técnicos y científicos de ese país. Incluso su software fue desarrollado en estas tierras. Su construcción estuvo a cargo de la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales Arsat SA, dependiente del Ministerio de Planificación Federal.

El investigador y periodista remarcó que ese paso que se ha dado es producto del desarrollo científico y tecnológico que se viene dando en el país en los últimos años.

“Uno no puede decir dame un poco de dinero y yo lanzo un satélite. La tecnología, el know how (saber cómo), la cantidad de ingenieros, matemáticos, físicos, programadores y toda la gente que trabajaba antes para empresas privadas fueron centrales. Hubo gente que se capacitó y que, cuando logramos recuperar para la Argentina todo eso, estaba en condiciones de hacerlo”, manifestó y agregó: “A uno le gustaría ir el primer día de clases a la facultad y ya convertirse en médico o matemático pero hay una gran cantidad de cosas que requieren la inversión en tiempo y de la prueba/error, que es el método científico. Por eso este debe estar entre los acontecimientos más importantes de la historia argentina, en ciencia por lo menos”.

Impacto internacional

Paenza explicó que haber logrado dar un paso tan importante en materia de desarrollo científico y en el acceso a las comunicaciones ha cambiado la manera en que el resto del mundo mira al país.

“Nos puso en un lugar muy particular en el mundo. La Argentina se puede permitir, ahora, independencia y soberanía, lo que implica que estamos en condiciones de manejar nuestras telecomunicaciones”, detalló y añadió: “Hay que imaginar que Estados Unidos, Rusia y China pueden hacer lo mismo. Menos mal que pueden porque, seguramente, Rusia y China no dejarían que Estados Unidos maneje sus telecomunicaciones. Y la Argentina antes lo tenía que ceder a eso. Claramente se manejaban desde acá pero el acceso a la comunicación, a lo que nosotros hacíamos, la tenían también otros países. Ahora decidimos nosotros qué software va o qué queremos hacer”.

Por último, llamó a poder darle la prioridad que el tema tiene más allá de las diferencias partidarias. “Deberíamos decir «Paremos un poco» porque es un acontecimiento muy fuerte para la Argentina”, resaltó.