Domingo 10 de Noviembre de 2013
Victoria Rodríguez
Diario UNO de Santa Fe
“Yo elijo contar mi historia porque me parece que prejuzgamos a las chicas. Quiero que cuando lean el libro puedan entender que no están eligiendo estar ahí. No quiero que la gente diga que son putas y les gusta la vida fácil. La gente tiene que entender que esas mujeres necesitan ayuda y que no lo eligen. Yo no lo elegí”. Elena Moncada estuvo muchos años en situación de prostitución y un día decidió cambiar su vida. Ahora, después de muchos años de trabajo cuenta cómo fue ese proceso, cómo terminó en las calles y por qué fue tan difícil dejarlo. Una historia honesta que busca desandar prejuicios y hablar de elecciones.
“Yo elijo contar mi historia” es el libro que escribió con la ayuda de integrantes de la ONG Canoa –como Javier Bonatti y Marcos Barberis– y con la de Cecilia Rugna. En él desanda su vida y reflexiona sobre la naturalización de las situaciones de violencia hacia las mujeres. Señaló que ella no eligió prostituirse sino que hubo diferentes situaciones que la condujeron en ese camino. También se refirió a los prejuicios que circulan sobre las mujeres que están en las calles.
Hoy trabaja fuertemente en materia de prevención de VIH y en otras actividades a través de una ONG y cuenta cómo cambió su vida. “Yo no quise eso para mis hijas ni para ninguna persona que quiero”, aclaró y siguió: “A veces se cree que el único que piensa es el que te maneja y que vos sólo estás en la esquina pero esas mujeres tienen proyectos de vida. Sólo que no hay herramientas, más si te agarra un tipo que te amenaza con tus hijos o tu familia. El abanico de la prostitución es enorme y algunas no salen por los hijos, otras no salen porque lo han naturalizado”.
En cuanto a la decisión de escribir el libro, Moncada señaló que no fue sencillo, aunque siempre había pensado en esa posibilidad. “A mí me parecía que a una persona no le podían pasar tantas cosas”, dijo y contó que a partir de ese ejercicio empezó a repensar las cosas que había vivido y cómo había naturalizado las situaciones de agresión. “Yo siento que con el libro me saqué una mochila de encima. Es sanador. Y ahora encuentro que lo que me pasó a mí le pasó a miles, hay muchas Elenas”, comentó.
Decisiones y opciones
Ella es santafesina pero durante muchos años estuvo viviendo en Buenos Aires, en situación de prostitución. Cuando decidió dejarlo tenía 38 años y volvió a Santa Fe para trabajar en materia de prevención de VIH y poder estar más con su familia.
—¿Cómo empezó tu historia?
— Yo había sido víctima de violencia por parte del papá de mis hijos y por eso había terminado la relación. Después pasé por el enamoramiento. Me fui de mi casa por un hombre que regenteaba mujeres. Tenía 23 años y cuatro hijos. Duré dos años con él y después me escapé. Luego encontré un fiolo que también me pegaba y entré al mundo de las drogas. A mí me hacían hacer plazas, que era ir a otra ciudad y “trabajar” dos semanas, pero cuando terminaba me encerraban. Fui víctima de trata, aunque en ese momento no me daba cuenta. También fui violada muchas veces cuando estuve en la calle. Hay muchas cosas que ahora me doy cuenta como que estuve con chicas secuestradas que me decían que les faltaban dos años y las liberaban. Yo no lo entendía en ese momento, tenía 23 años y estaba descubriendo el mundo.
—Decís que naturalizaste muchas cosas, ¿qué era lo que veías como normal?
—Naturalizás todo; que te vas con un fiolo y que la prostitución es normal, es un trabajo. Y ahí empecé a descubrir esa Elena que nunca quise ser. Para mí tener un fiolo era normal y pensaba que gracias a él conocía Buenos Aires y un montón de provincias a las que me llevaba. Hoy me doy cuenta de que nada de eso era natural, pero no tenía a nadie que me enseñe o que me lo diga. No tenía amigos ni me dejaban hablar con nadie.“Yo pasé por muchos lugares –siguió–. Incluso llegué a regentear negocios. Hice todo lo que me hicieron a mí, sin darme cuenta. Es que llega un momento en el que te sentís importante porque cada cosa que va surgiendo te hace crecer en jerarquía. De todas maneras creo que no me porté mal porque muchas de esas chicas hoy son mis amigas y me buscan”.
—¿Y tus hijos cómo lo tomaban?
—Mis hijos se fueron a vivir con el papá. No los pude retener porque tenía fechas pautadas que formaban parte de lo que vivía y naturalizaba en ese momento. Mis hijos me pasaron factura mucho tiempo y obviamente me correspondía hacerme cargo de eso. Ellos sufrieron mucho en Buenos Aires y una de mis hijas me reprochó que yo había podido elegir y preferí quedarme allá. Pero nadie me había enseñado a ser mamá, ni lo había podido vivir. Pero cuando cumplí los 38 me pregunté qué quería hacer. Me desperté drogada y pensé dónde quería estar a mis 40. Me asustaba cómo podía terminar porque una no podía poner límites ni construir nada.
—Existe un prejuicio muy común entre quienes han tenido más oportunidades de pensar que es una elección cómoda prostituirse. Muchas veces eso se resume en frases como “podrían estar limpiando una casa pero eligen estar ahí porque es plata fácil”. ¿Qué le dirías a esa gente?
—En mi caso, la persona que estaba conmigo no me dijo: “Andá a prostituirte”, lo hice sola. De todas maneras van haciendo un trabajo fino, contándote de quien gana más plata y cuánto podrías ganar vos. Entonces después empieza la competencia. Comenzás a verte diferente, vas subiendo escalones y te llevás el mundo por delante. Por eso mi objetivo con el libro es que sea una herramienta para trabajar estos temas, que vean que la prostitución no es trabajo y que en Santa Fe se tiene que instalar este debate.
“Hay que pensar que si yo ganaba 500 pesos por día, ¿cómo voy a ir a limpiar una casa y a cobrar 50 pesos por día? Podría haberlo hecho pero no me iba a alcanzar. Pero después veía que hacía tanto para nada y me frustraba. De todas maneras cada una tiene su proceso”, agregó.
Marcas en la piel
El proceso que tuvo que realizar Elena para mirarse hacia adentro y entender que su vida podía ser distinta no fue rápido ni sencillo. Aún hoy tiene que luchar con diferentes marcas que le han quedado.
“Hoy no puedo disfrutar de mi cuerpo porque, después de la prostitución, las marcas que te quedan son terribles. Es muy difícil tener una relación porque una siempre piensa que él quiere salir conmigo para imaginarse qué hacía yo antes”, reconoció y agregó: “Pero son temas que estoy trabajando con la psicóloga. Y son cuestiones del patriarcado que se marcan muy fuerte, sobre todo en chicas vulnerables”.