Martes 17 de Septiembre de 2013
Las seis absoluciones que dictó ayer el Tribunal Oral Federal de Santa Fe en el juicio que investigaba el presunto secuestro y explotación con fines sexuales de una adolescente santafesina dejaron un sabor amargo para las víctimas de trata. La semana próxima se conocerán los fundamentos de la sentencia. Cabe remarcar que el Ministerio Público de la Acusación había solicitado penas de entre 6 y 10 años de prisión, en virtud de que consideraba contundente el testimonio de la adolescente en la cámara Gesell; su declaración en la sala de audiencias; más un informe médico de la perito de los tribunales provinciales que -desde su fundada consideración- daban cuenta de las lesiones físicas a las que había sido sometida la víctima como pruebas centrales en la causa y parecían ser elementos suficientes para llegar a la condena de los imputados.
Sin embargo no fue así y por el contrario, en la sentencia conocida ayer, los jueces María Ivón Vella, José María Escobar Cello y Miguel Abásolo ordenaron la inmediata liberación del policía José Luis Maza, el remisero Cristian Di Stéfano, de Miriam Villalba, sus hijos Víctor Villalba Jara y Ludmila Giuliana Rulera, y de Darío Cañete. La resolución judicial absolvió a Di Stéfano, Cañete y Maza del “delito de trata de persona menor de 18 años, agravada por haber sido cometido por tres o más personas organizadas”, en este caso por “abstención fundada de acusación por el fiscal”. Los hechos que investigó el Tribunal ocurrieron entre septiembre y octubre de 2010, cuando la víctima, J. N. C., quien por entonces tenía 15 años, habría sido secuestrada luego de haber concurrido a un local bailable, ubicado en el norte de la ciudad de Santa Fe y llevada a una casa de calle Independencia al 2200, de Rincón. El calvario de la chica duró dos semanas. Una de las primeras pistas que surgieron sobre su paradero fue una foto que le tomó una amiga en el boliche la noche de su desaparición, en donde también se veía a la hija de la dueña del domicilio del distrito costero, donde la joven estuvo secuestrada.
En el artículo II del fallo, el Tribunal absolvió de culpa y cargo a Rulera y Villalba Jara, en este caso por unanimidad, y a Miriam Villalba, por mayoría, del mismo delito. Además, el jurado absolvió a Cañete y Maza del “delito de abuso sexual agravado por haber mediado acceso carnal de la víctima”. El próximo lunes, a las 19, darán a conocer los fundamentos de la sentencia. Ese mismo día, paradójicamente, se conmemorará a nivel internacional el Día de Lucha Contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas. En diálogo con Diario UNO, la psicóloga del Centro de Asistencia a la Víctima de la Defensoría del Pueblo, quien realizó la cámara Gesell a la chica, explicó las dificultades que atraviesan las víctimas de trata para poder prestar testimonio y que su relato sea eje de la investigación. “Hay una serie de características que presentan los relatos cuando son veraces: características del discurso, la manera de hablar, los gestos, la coherencia y los detalles que puede aportar sobre las interacciones que tuvo con otras personas. Todos estos son ítems que se toman en cuenta para determinar si era un relato válido o no”, explicó la licenciada Manzi.
—¿Por qué el relato de las víctimas es tan importante en este tipo de delitos?
—”Porque suelen ser los únicos testigos. Son delitos que se basan justamente en secuestrar a una persona, mantenerla aislada, desconectarla de su red y amenazarla. En este sentido, los casos de trata son similares a los de abuso sexual infantil: si su testimonio no fuera tenido en cuenta no se podrían resolver. Durante mucho tiempo, el testimonio de la víctima fue descalificado y no tenido en cuenta. En el caso de los niños se consideraba que fantaseaban o que carecían de las aptitudes cognitivas necesarias para poder relatar lo sucedido y en los casos de trata aún sobrevuela la idea de que están en esas situaciones por propia voluntad o que la prostitución es un trabajo. Ésos son los preconceptos que hay que desterrar” añadió. “Cuando se investigan estos casos, hay que tener en cuenta el sufrimiento de la víctima en relación con los procesos. Hay que respetar sus derechos y evitar su revictimización. Relatar es revivir lo sucedido. Sabemos que esto requiere un esfuerzo muy grande porque el riesgo y el temor a represalias contra la misma víctima o su familia hacen que muchas personas se resistan a hacerlo” concluyó la licenciada Manzi.